El Tribunal Penal Dos de Posadas condenó a Richard Arnaldo Cristaldo a 17 años de prisión por el homicidio de César Daniel Tizato, ocurrido en 2020 en San José.
El Tribunal Penal Dos de Posadas resolvió este miércoles al mediodía condenar a Richard Arnaldo Cristaldo (49) a la pena de 17 años de prisión como autor penalmente responsable del delito de “homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego” en perjuicio de César Daniel Tizato (16). El hecho ocurrió el 30 de agosto de 2020, cuando la víctima salió a cazar con Cristaldo en inmediaciones a su casa del paraje Pindapoy, en la localidad de San José.
La sentencia fue emitida por los magistrados Augusto Gregorio Busse (presidente), César Antonio Yaya y Martín Alejandro Rau. La decisión fue en disidencia al planteo del fiscal Vladimir Glinka, quien había solicitado la prisión perpetua por “homicidio agravado por alevosía”.
La parte resolutiva del fallo se leyó minutos después de las 12.30, tras un breve cuarto intermedio de poco más de 30 minutos. Los fundamentos de la resolución serán comunicados el próximo 4 de junio.
Cristaldo, conocido como “Grulla” por su oficio como profesor de artes marciales, escuchó el dictamen en silencio, acompañado por sus hijas y otros familiares directos que siguieron la audiencia desde el sector del público.
El abogado defensor, José Antonio Reyes, había solicitado la absolución de su cliente por el beneficio de la duda, al considerar que no existían pruebas directas que vinculen al acusado con el asesinato. Reyes cuestionó la reconstrucción del caso trazada por el fiscal, consideró que el relato de hechos era “inverificable”, apuntó a la mayoría de los testigos por “mentir” y criticó a los comisarios Sergio de los Santos y Gabriel Antonio Comes por el testimonio donde dieron cuenta de que Cristaldo admitió haber matado a la víctima por accidente.
Reyes también dirigió acusaciones contra los serenos de la estancia La Rosita, propiedad de la firma Rosamonte, donde el cuerpo de Tizato apareció sin vida, con un disparo en el tórax y sumergido en una laguna de agua estancada de 1,5 metros de profundidad. “Han venido acá y mintieron. Ellos no es que solo caminan sin hacer nada. Ellos son sanguinarios y mutiladores con quienes entran a cazar y pescar”, afirmó.
Reyes alegó que “no hay pruebas y los indicios desaparecieron. Los testigos que lo vieron mojado han mentido antes y ahora”, al tiempo que sostuvo que “es imposible que la bala de un calibre 22” cause la lesión penetrante y perforante que presentaba la víctima. Cristaldo volvió a hablar ante el tribunal y reiteró su inocencia, aduciendo que el episodio en la comisaría donde presuntamente admitió el crimen fue bajo amenazas de los policías.
El fiscal Glinka, en su alegato, consideró que el imputado pergeñó un “engaño” para llevar al adolescente a cazar a una zona inhóspita, actuando sobreseguro y aprovechándose del estado de vulnerabilidad e indefensión de Tizato. “A Tizato lo mataron de una forma muy cobarde, traicionera y abusiva. Lo privaron de la posibilidad de torcer su destino. Lo manosearon. Le pusieron una piedra en la ropa para que se hunda y se pudra en la profundidad”, describió.
Glinka también sostuvo que el imputado hizo de todo para desviar la investigación y confundir a la Policía durante las labores de búsqueda. Para el fiscal, fue imposible determinar “las razones” del crimen, pero afirmó que ya no quedan “teorías alternativas” para analizar, descartando las hipótesis de un hecho accidental, de una posible responsabilidad de los serenos del campo La Rosita o del involucramiento de otros presuntos jóvenes con quienes Cristaldo afirmó que la víctima decidió quedarse. “¿Existieron esas personas? Yo lo descarto. La lógica es que Daniel nunca se separó del imputado. Es solo un relato más que jamás se pudo comprobar. Tizato murió por el disparo mientras se hundía en el agua. Ahí empezó un intento desesperado por torcer las pruebas y se mojó hasta el ombligo ocultando el cuerpo, no caminando por el campo. Los arroyos estaban secos”, reconstruyó.
“En fin. Ya no hay posibilidad de teorías alternativas. Se investigó todo. Fue la última persona que estuvo con Dani, era el único armado, estaba todo mojado cuando volvió y la ciencia determinó que era imposible que ese rifle se dispare por accidente”, resumió Glinka, y solicitó la pena de prisión perpetua, aunque luego el tribunal modificó la calificación del caso.
