Expertos analizan las dificultades que enfrentan los jóvenes al ingresar al nivel superior y cómo las nuevas tecnologías transforman la lectura y escritura.
Al iniciar el nivel superior o universitario, muchos estudiantes enfrentan dificultades a la hora de sostener las exigencias académicas. Mientras algunos culpan a la inteligencia artificial y a las redes sociales por la disminución de la lectura y la escritura, otros buscan alternativas para mediar en el cambio cultural con la irrupción de lo digital. Expertos analizan cómo los jóvenes, en realidad, tienen nuevas formas de comprensión, análisis y producción de textos.
En ese marco, la doctora Carla Andruskevicz, profesora de las carreras de Letras y Bibliotecología de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNaM, explicó que desde el Laboratorio de Semiótica articulan proyectos que abordan “esa etapa a la que llamamos el umbral”, en referencia al pasaje entre la escuela secundaria y los estudios superiores. Desde su experiencia con los chicos, sostuvo que “la lectura y la escritura son prácticas claves y transversales para todas las áreas disciplinares”, por lo que su desarrollo no debe pensarse como exclusivo de ciertas materias, sino como una herramienta fundamental en todos los campos, incluso en áreas como la matemática.
A partir de esto, detalló que “vamos a las escuelas, trabajamos con la lectura y la escritura, y luego los estudiantes vienen a la universidad”, en el marco de propuestas que buscan articular ambos niveles y acompañar ese proceso de transición.
Al referirse a las dificultades, Andruskevicz señaló que “se visualizan en las dos instancias y sobre todo en el pasaje”, ya que el ingreso al nivel superior implica enfrentarse a prácticas más complejas, tanto en la comprensión como en la producción de textos. Sin embargo, advirtió que “muchas veces decimos que los estudiantes no leen o no escriben, pero en realidad los chicos leen y escriben, aunque quizá en otros formatos”, lo que obliga a revisar las formas tradicionales de evaluar estas prácticas.
En ese sentido, destacó que “hoy la escritura está mediada por las nuevas tecnologías” y que incluso “con el uso de la inteligencia artificial mucho más”, lo que configura un escenario distinto al de años anteriores. Lejos de plantearlo como un problema, consideró que “no hay que tenerle miedo a estas nuevas prácticas”, aunque aclaró que “exige un compromiso muy grande de los docentes”, especialmente en términos de formación y actualización.
Sobre las formas de estudio, indicó que “los alumnos suelen tomar notas en sus dispositivos, pero también se mantiene la escritura manuscrita”, por lo que “conviven ambas modalidades”, algo que, según afirmó, debe ser contemplado en las propuestas pedagógicas.
En relación a la formación docente, subrayó que “hay que seguir formándose y reforzar los diálogos entre la escuela y los estudios superiores”, ya que “es muy importante trabajar en conjunto” para acompañar mejor a los estudiantes. Respecto al ingreso universitario, señaló que “recibimos estudiantes con competencias muy disímiles”, lo que vuelve necesario “trabajar más fuertemente en ese umbral” durante los primeros años de cursado.
Asimismo, remarcó que uno de los principales desafíos es consolidar hábitos sostenidos, al advertir que “cuesta mucho la atención” y que “leer un libro entero parecería un montón” para los más jóvenes. Sin embargo, insistió en que “hay que entrenar y transformar eso en un hábito”, al tiempo que planteó que “la lectura para estudiar también puede ser una lectura por placer”, siempre que existan estrategias docentes que acompañen ese proceso.
