lunes, 20 abril, 2026
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El lenguaje de los adolescentes: cómo las expresiones digitales reflejan su mundo emocional

Términos como «cringe», «tóxico» o «beige flag» se integran en la comunicación cotidiana de los jóvenes. Una especialista analiza su función como atajos expresivos y su impacto en la construcción de identidad.

Expresiones como «cringe», «tóxico» o «beige flag» aparecen con frecuencia en conversaciones escolares, familiares y sociales entre adolescentes. Para muchos adultos, estos términos pueden resultar ajenos o de difícil comprensión. Sin embargo, detrás de esta forma de hablar hay un fenómeno comunicativo que trasciende lo lingüístico.

La adolescencia es, por definición, una etapa de cambios donde los jóvenes comienzan a definir su identidad a través de sus gustos y comportamientos. A diferencia de generaciones anteriores, este proceso se desarrolla significativamente en redes sociales y juegos en línea, espacios que manejan tiempos rápidos y transformaciones constantes. Según la psicóloga Florencia Alfie, estas expresiones funcionan como «atajos» que permiten a los jóvenes comunicar mucho en pocos caracteres.

En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, la especialista analizó el fenómeno y señaló que el traspaso de estos términos de lo digital a lo cotidiano refleja un cambio generacional importante, donde lo online y lo offline conforman «un mismo universo». «Hoy los adolescentes crecen en un entorno donde la comunicación es inmediata, visual y muy influida por lo digital. Eso impacta en cómo piensan y en cómo se vinculan: con más rapidez, pero a veces con menos profundidad», consideró Alfie.

La psicóloga también se refirió a cómo estos cambios afectan la relación entre generaciones. Madres, padres, tíos o abuelos a veces no pueden seguir el ritmo de lo que cuentan los más jóvenes. En ese sentido, Alfie aseguró que «no entender» es algo «totalmente esperable», pero que «no necesariamente es un problema». «Puede ser una oportunidad. Nos corre del lugar de creer que ya sabemos todo sobre ellos y nos invita a acercarnos desde la curiosidad, no desde el juicio. Cuando un adulto puede decir: ‘Esto no lo entiendo, ¿me lo explicás?’, abre una puerta muy valiosa al diálogo», explicó.

Las formas de hablar que usan los adolescentes en las redes y los juegos en línea han traspasado esa frontera digital. Palabras como «+1000 de aura», «six seven» o «beige flag» se utilizan en la escuela, en casa y en otros ámbitos porque describen sus experiencias y vivencias. En este cruce entre lo virtual y el día a día, Alfie identificó que «el lenguaje que los adolescentes usan en las redes no es solo una forma de hablar distinto, sino una manera de construir identidad y pertenencia».

Este aspecto del fenómeno no es nuevo: cada generación adolescente ha creado sus propios códigos para diferenciarse de los adultos. La diferencia actual es que esos códigos nacen y circulan en el mundo digital, un espacio donde ocurre gran parte de su vida social. El hecho de que su forma de hablar en esos espacios traspase a la vida cotidiana muestra que, para ellos, la frontera entre lo digital y lo real no está tan definida.

Por ello, Alfie consideró que la identidad adolescente de hoy «se construye en un entorno distinto» y su impacto se manifiesta de varias maneras. En primer lugar, lo digital marca el ritmo de su comunicación: propone formatos cortos, rápidos y expresiones breves. De ahí el éxito de fórmulas sintéticas que condensan significados en una sola palabra. «Esa palabra, un chiste o una forma de decir algo puede viralizarse en muy poco tiempo y ser adoptada por miles de adolescentes», explicó.

Otro punto importante es que, en la dinámica online que amplifica todo, los jóvenes están más expuestos a la presión de «encajar» y no equivocarse, porque lo que sucede en ese ámbito puede replicarse con mayor fuerza. La especialista opinó que para los adolescentes «eso no implica necesariamente fragilidad, sino el desafío de crecer en escenarios más cambiantes. No es solo que usan estas plataformas, crecen comunicándose dentro de ellas. Y eso inevitablemente influye en cómo piensan, cómo sienten y cómo encuentran formas de decir lo que les pasa».

Por eso, Alfie consideró que estas palabras «son una ventana que nos permite entrar en su mundo emocional». Al analizarlas en profundidad, surgen temas recurrentes como la pertenencia (sentirse parte o quedar afuera), la exposición (cómo son vistos por otros) y la necesidad de validación. También agregó que «hay humor e ironía, que muchas veces funciona como una forma de tramitar las inseguridades o tensiones propias de la edad».

Aunque inicialmente el uso de estas expresiones pueda parecer que genera distancias con otras generaciones, Alfie planteó que lo más acertado es verlo como una oportunidad para conocer más a los adolescentes. Su primera recomendación para los adultos es «tener en cuenta que no todo tiene que ser comprendido en detalle: alcanza con estar disponibles, escuchar y validar que el otro está intentando decir algo».

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