jueves, 4 junio, 2026
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Sturzenegger defendió la desregulación yerbatera y afirmó que el INYM duplicaba precios al consumidor

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, reivindicó las medidas del Gobierno nacional sobre el mercado yerbatero y sostuvo que la intervención del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) perjudicaba a los consumidores.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, volvió a defender las medidas impulsadas por el Gobierno nacional sobre el mercado yerbatero y respaldó la pérdida de facultades regulatorias del Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). Durante una exposición pública, el funcionario presentó a la yerba mate como un ejemplo del modelo de desregulación impulsado por el presidente Javier Milei y afirmó que el sector funciona en un contexto de amplia competencia.

“Es un ejemplo extraordinario”, declaró al describir la actividad. Según explicó, se trata de una cadena integrada por miles de productores, acopiadores, secaderos, molinos y marcas comerciales, lo que a su criterio demuestra que no existe una estructura monopólica que justifique la intervención estatal sobre los precios.

Sturzenegger cuestionó el rol histórico del INYM en la fijación de valores para la materia prima. “Cuando tenés una industria competitiva, ¿qué hace el gobierno cuando la transforman en una industria monopólica?”, planteó el ministro, al tiempo que criticó los mecanismos de regulación que permitían establecer precios de referencia para la hoja verde y la yerba canchada.

El ministro sostuvo que uno de los principales cambios impulsados por el Gobierno nacional a través del DNU 70/2023 fue quitarle al INYM la potestad de intervenir en la determinación de precios. “Javier Milei, con el DNU 70, le sacó al Instituto Nacional de la Yerba Mate la potestad de fijar el precio y el precio cayó a la mitad”, afirmó. Según el funcionario, esa situación comprobó que las regulaciones vigentes generaban un encarecimiento artificial del producto.

En su argumentación, Sturzenegger remarcó que la yerba mate es consumida por prácticamente la totalidad de los hogares argentinos. “Lo pagan 47 millones de argentinos, el 96 por ciento de las familias argentinas”, señaló, para justificar la necesidad de reducir los costos que afrontan los consumidores.

El funcionario reconoció que las medidas adoptadas generaron tensiones dentro del sector productivo. “Obviamente eso genera algún tipo de rispidez”, admitió, aunque insistió en que los beneficios de la apertura del mercado deben evaluarse a largo plazo.

Uno de los ejes de su exposición estuvo vinculado con el potencial exportador de la actividad. “Ustedes tienen un producto súper exitoso. Se lo venden al 96 por ciento de las familias argentinas. ¿Y a cuántas familias se lo venden en Estados Unidos?”, preguntó al referirse a las empresas del sector. El ministro sostuvo que no existe razón para que la yerba mate no pueda alcanzar niveles de penetración similares en otros mercados.

Sturzenegger comparó el potencial del producto con el de las bebidas energizantes. “Red Bull tiene dos escuderías en la Fórmula 1 de una bebida energizante. El mate es eso, o en una de sus versiones es eso”, afirmó.

El ministro también se refirió a la eliminación de restricciones a la expansión productiva. Recordó que el Gobierno nacional derogó normas que limitaban nuevas plantaciones de yerba mate, como la Resolución 170 del INYM. “Ahora tenemos récord de producción y récord de exportaciones”, aseguró.

Las declaraciones de Sturzenegger ocurren en un contexto de división en el sector yerbatero. Mientras el Gobierno nacional destaca el aumento de la producción y las exportaciones, organizaciones de productores de Misiones sostienen que la desregulación provocó una caída en los ingresos de los pequeños y medianos productores. Entidades rurales y asociaciones de colonos advierten que la pérdida de capacidad regulatoria del INYM debilitó la posición negociadora de los productores frente a la industria.

A pesar de esas críticas, el ministro ratificó su visión optimista. “Yo creo que en diez años, cuando miremos la industria de la yerba, vamos a ver que cambió muchísimo”, expresó.

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