El actor mexicano Anthony Quinn, ganador de dos premios Oscar, murió el 3 de junio de 2001 a los 87 años. Su carrera abarcó 169 papeles en cine y televisión.
Este miércoles 3 de junio se cumple un cuarto de siglo del fallecimiento de Anthony Quinn, actor mexicano de la época dorada de Hollywood, conocido por sus roles en “¡Viva Zapata!” y “Sed de vivir”, que le valieron dos premios Oscar, y el protagónico en “Zorba, el griego”.
Quinn murió a los 87 años en Boston debido a un cuadro de neumonía que agravó su estado de salud por un cáncer de esófago. Falleció el 3 de junio de 2001. Dejó un total de 169 papeles en cine y televisión a lo largo de su carrera, iniciada a mediados de la década de 1930.
Nació en la ciudad de Chihuahua, hijo de padre de origen irlandés y madre azteca. Tras una infancia con adversidades, interpretó a Eufemio Zapata en “¡Viva Zapata!” (1952), dirigida por Elia Kazan, junto a Marlon Brando. Por ese trabajo obtuvo el Oscar a Mejor Actor de Reparto, el primero para un intérprete latinoamericano y el único recibido por uno mexicano. Repitió el logro con “Sed de vivir” (1956), dirigida por Vincente Minnelli, con Kirk Douglas como Vincent van Gogh y Quinn como Paul Gauguin.
Su trayectoria incluye personajes en “La strada” (1954), de Federico Fellini; “Lawrence de Arabia” (1962), de David Lean; y “Zorba, el griego” (1964), dirigida por Michael Cacoyannis, que le valió una nominación al Oscar.
En la década de 1940, Antonio Rodolfo Quinn Oaxaca trabajó como peón, lavaplatos, animador de fiestas, boxeador y carnicero antes de interpretar personajes secundarios de diversos orígenes étnicos.
“Una de las razones por las que hice todos esos papeles de griegos y árabes fue porque estaba intentando identificarme como un hombre del mundo”, declaró Quinn en una entrevista al diario The New York Times.
Entre sus películas destacadas de las décadas siguientes se encuentran “Los cañones de Navarone” (1961), “Barrabás” (1961), “La hora 25” (1967) y “El secreto de Santa Vittoria” (1969). En los años 70 participó en otros nueve filmes antes de alejarse de la actuación durante los 80 para dedicarse a la pintura y la escultura. En los 90 regresó al cine con cameos y películas como “El viejo y el mar” (1990), “Revancha” (1990), “Fiebre salvaje” (1991) y “Un paseo por las nubes” (1995).
