Con el apoyo de una fundación, padrinos y las familias, la Escuela 729 del paraje Fortaleza está por inaugurar un nuevo salón de clases que reemplazará al viejo edificio de madera, afectado por el paso del tiempo y una invasión de murciélagos.
La Escuela 729, ubicada en el paraje Fortaleza, está a punto de alcanzar un hito importante en su historia. A través de un proyecto solidario que cuenta con el apoyo de la fundación Conectando Puntos, la Asociación de Padrinos de Escuelas Rurales (APAER) y la mano de obra de las familias, la comunidad educativa inaugurará un nuevo salón para que los 36 estudiantes de nivel primario asistan a clases en condiciones más seguras.
La escuela, que funciona desde hace 32 años, comenzó como aula satélite en 1994 y se convirtió en escuela primaria en 1997. Hasta el año pasado, contaba con un solo docente a cargo de todas las tareas administrativas y pedagógicas. En julio de 2024 se incorporó un segundo docente, y antes de la construcción, las clases se dictaban en tres aulas, una de las cuales era el edificio viejo, que también se usaba como comedor y salón de usos múltiples.
Ese edificio, construido en madera hace más de 30 años, se encuentra en condiciones precarias. “Ya no está en condiciones de recibir a los chicos porque teníamos, y tenemos todavía, una invasión de murciélagos. No era lo más higiénico y saludable para trabajar con los niños”, explicó el director Adoryan Denis Quintana. Esto lo motivó a contactar a Manuel Isaac, padrino de la escuela desde 2024 a través de APAER. Tras intercambiar fotos y conversar sobre la situación, surgió la propuesta de construir un nuevo salón.
La fundación Conectando Puntos, a cargo de Isaac y sus hermanos, gestionó los fondos para la compra de los materiales. La mano de obra fue asumida por las familias de los estudiantes. “Sin dudarlo me dijeron: ‘Vamos a construir, sí maestro’ y arrancamos en septiembre del año pasado con la obra”, recordó Quintana. Desde entonces, la obra ha sido la prioridad: trabajaron fines de semana y en los días que los padres podían, compatibilizando con el trabajo en sus chacras.
La obra está casi finalizada: falta revocar las paredes y colocar el piso, tareas para las que aún deben comprar los materiales. Según el director, este es el primer paso de un proyecto de mejoras que continuará. La necesidad más urgente son los baños, que “tienen casi 20 años y los pocos mantenimientos que se hicieron fueron por parte de los docentes y padres. Ahora necesitamos cambiar todos los caños de agua y nuevas mochilas”, señaló. También solicitaron un equipo de sonido, ya que el actual dejó de funcionar después de 20 años de uso. “Es algo muy importante, principalmente en los actos escolares”, agregó.
La confianza del directivo en el aporte de los padres sigue intacta. “La obra fue llevada a cabo por los padres de la comunidad, desde el principio. Nos falta todo lo antes mencionado, pero sé que ellos sin inconvenientes lo van a terminar todo como corresponde, ya que lo hacen por sus hijos”, concluyó.
