Labiales, paletas de maquillaje y productos de cuidado de la piel se multiplicaron en los últimos años en tiendas virtuales y góndolas, impulsados por el auge de las rutinas de belleza en Internet y redes sociales. Pero al mismo ritmo también crecieron las versiones «infantiles» de esos productos, hechos «a medida» de los más chicos, principalmente las niñas.
Envases de colores llamativos, con personajes animados, brillos y hasta presentaciones en forma de juguete crecen en estantes que no necesariamente son de farmacias o perfumerías: se venden en bazares, jugueterías y comercios de todo tipo.
Entrevistada por PRIMERA EDICIÓN, la dermatóloga pediátrica María Graciela Lang se refirió a este fenómeno, que identificó como parte de una tendencia más amplia que ya tiene nombre: cosmeticorrexia. “Hay un crecimiento exponencial, aproximadamente desde la pandemia, de esta conducta. Es la adicción, o el uso excesivo y compulsivo de productos cosméticos y rutinas de skincare, impulsado por la búsqueda de la perfección física”, explicó.
El fenómeno aplica a grandes y chicos, pero en este último grupo hay consecuencias específicas, porque los productos cosméticos no están indicados ni pensados para aplicarse en la infancia. De hecho, desde su experiencia en consultorio, Lang indicó que crecieron las consultas vinculadas al uso de estos productos, tanto por reacciones en la piel como por rutinas inadecuadas para la edad. “Muchas veces las pacientes ya vienen con su bolsa o necesser con todas las cremas que ya usan. La mayoría antiage, no adecuadas para su edad”, aseguró.
Maquillarse es, desde hace bastante tiempo, una forma de juego en la infancia, pero la dermatóloga Lang advirtió que hoy eso está cambiando. “Lo que sucede ahora es más que un juego. No es como antes, que uno jugaba a maquillarse, usabas las pinturas de tu mamá o abuela, una vez cada tanto. Ahora hay niñas que tienen maquillaje propio. Se maquillan todos los días o casi todos los días”, comparó.
En ese contexto, describió que el contacto con cosméticos aparece cada vez a edades más tempranas (incluso entre los 4 o 5 años), ya no solamente como una actividad vinculada al juego, sino como un hábito: mientras las niñas usan maquillaje colorido, las preadolescentes incorporan rutinas de skincare que incluyen cremas y sérums formulados para adultos.
Además, la especialista señaló que cambió el motivo detrás del uso: antes estaba asociado a la imitación lúdica, mientras hoy aparece ligado a la autoimagen y la búsqueda de determinados estándares de belleza que circulan en redes. Por eso, Lang marcó que una parte importante de estas prácticas está influenciada por contenidos de TikTok, tutoriales o videos cortos que muestran la compra de productos o el paso a paso de rutinas de maquillaje y cuidado facial, muchas veces realizadas por influencers, adolescentes y niñas.
Lang fue tajante al respecto: señaló que no existen versiones de estos productos aprobadas y seguras para su uso en la infancia y la preadolescencia, ya que en esa etapa de la vida no son necesarios, y advirtió que al optar por las versiones formuladas para adultos “los riesgos son muchos”.
Sobre el uso diario de productos formulados para adultos sobre pieles infantiles, Lang explicó que la piel de niños y niñas tiene características diferentes y puede reaccionar de manera más intensa frente a determinados componentes. “A nivel local, el uso de maquillajes, cremas antiage, sérums con principios activos, puede producir acné cosmético, alergias, dermatitis de contacto, irritaciones severas, que pueden derivar en infecciones y manchas posinflamatorias”, detalló.
Además de las reacciones cutáneas, la especialista hizo referencia a la presencia de sustancias como parabenos, microplásticos o algunos metales pesados presentes en maquillajes, y vinculó el fenómeno con otros problemas de salud. “Se están usando estos productos a edades que no lo necesitan, y eso trae consecuencias en la salud. Como pubertad precoz, ya que muchos cosméticos y maquillajes tienen sustancias que se llaman disruptores endocrinos”, explicó.
Por eso, aseguró que es importante tratar la temática en el consultorio y con las familias: “Muchos padres no saben que una crema, un perfume, un jabón o los maquillajes pueden ser malos para la salud de sus niños”, aseguró.
Consultada sobre posibles respuestas a este fenómeno, Lang insistió en que la mejor opción es posponer el uso hasta edades apropiadas (a partir de los 12 años y con seguimiento médico) y de forma ocasional. “Los dermatólogos pediatras no recomendamos cosméticos en la infancia. La realidad es que se encuentran en todos lados, en casas, en cumpleaños, en fiestas o eventos deportivos. La recomendación sería el uso ocasional, no en forma diaria, y siempre como un juego, como diversión, y no por perseguir el modelo de belleza que se quiere imponer desde la infancia”, resumió.
Hoy, opinó que faltan herramientas e información para identificar productos seguros, especialmente aquellos.
