lunes, 4 mayo, 2026
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Enfermedad de Lyme: una epidemia silenciosa impulsada por el cambio climático

Cada 1 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Enfermedad de Lyme, una patología bacteriana transmitida por garrapatas que afecta a uno de cada siete habitantes del planeta y se expande debido al cambio climático.

La Enfermedad de Lyme o Borreliosis es una patología de origen bacteriano transmitida por la picadura de una garrapata infectada. Por lo general, puede contraerse en zonas boscosas, con abundante vegetación o en áreas cubiertas de hierba, como jardines y parques. Es la enfermedad transmitida por garrapatas más común tanto en Estados Unidos como en Europa.

A principios de los años ’70, decenas de habitantes de Old Lyme, en el estado de Connecticut (EEUU), presentaron síntomas de artritis repentina y severa, con articulaciones inflamadas, parálisis, erupciones y fatiga extrema. Recién en 1977 se describieron los primeros casos, dejando de lado las sospechas de artritis. La dolencia era consecuencia de la picadura de la garrapata de patas negras (Ixodes scapularis). Como los primeros casos surgieron en Lyme, la enfermedad recibió ese nombre.

La enfermedad es causada por la bacteria Borrelia burgdorferi. Las garrapatas de patas negras (también llamadas garrapatas del venado) pueden portar esta bacteria, aunque no todas las especies de garrapatas lo hacen. En 1981, el científico estadounidense Willy Burgdorfer descubrió que la enfermedad de Lyme era causada por una bacteria transmitida por estas garrapatas, que fue nombrada en su honor.

La bacteria se aloja en ciervos, ratones y aves, entre otros. Al ser picados por las garrapatas, éstas se infectan y luego pueden picar a humanos y a otros mamíferos cercanos, como los perros.

Hasta finales del siglo XX, la enfermedad solo afectaba a una zona específica del norte de Estados Unidos, pero la globalización y los inviernos más suaves debido al cambio climático han facilitado que las garrapatas portadoras aparezcan en regiones donde antes no eran un problema. En un planeta más cálido, las garrapatas se sienten cómodas con temperaturas superiores a 7,2 °C y humedades mayores al 82%. A medida que el calentamiento global acorta los inviernos y alarga las primaveras y veranos, las garrapatas encuentran más lugares para prosperar.

Sin embargo, el clima extremo también puede ser su verdugo: las sequías pueden secarlas y matarlas, o reducir las cubiertas de nieve bajo las que hibernan. Pero un clima más cálido favorece que emerjan antes y permanezcan más tiempo, lo que contribuye a su propagación. Además, la mayor propensión a vivir en zonas periurbanas ha aumentado el contacto entre las personas y los hábitats de las garrapatas, elevando el riesgo de contagio.

La enfermedad de Lyme es una de las enfermedades transmitidas por vectores que más rápido crece en Occidente. Un estudio de 2022 publicado en BMJ Global Health estima que el 14,5% de la población mundial (1.050 millones de personas) ha sido infectada en algún momento, casi seis veces la población afectada por malaria o 1,5 veces la cantidad de personas con diabetes a nivel global. La mayor incidencia se da en Europa central (21%), seguida de Asia oriental (16%) y Europa occidental (13,5%). Las regiones de menor riesgo son Oceanía (5,5%), sur de Asia (3%) y Caribe (2%). En las Américas la incidencia es del 9,4%, aunque hay pocos casos registrados en Sudamérica.

Un pequeño bulto rojo seguido de una erupción cutánea que se expande y se aclara en el centro es la señal típica de la picadura de una garrapata infectada. Esta erupción aparece entre 3 y 30 días después de la picadura. La enfermedad se manifiesta en tres etapas: etapa 1, llamada enfermedad de Lyme temprana y localizada, donde la bacteria aún no se ha propagado por el cuerpo.

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