La joven mbya de la comunidad Tekoa Arandu en Pozo Azul compartió su experiencia en el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas y ahora planea replicar lo aprendido en su comunidad.
Luego de una intensa semana en el ámbito internacional, la joven Mbya Keila Zaya regresó a su comunidad en Argentina tras participar del Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, realizado en Nueva York. El retorno no solo implicó un cambio de escenario sino también el inicio de un proceso de reflexión y transmisión de una experiencia que llevó su voz al plano global.
Acompañada por la abogada Roxana Rivas, la joven perteneciente a la Tekoa Arandu en Pozo Azul participó en debates junto a representantes de pueblos originarios de todo el mundo. Allí, uno de los ejes centrales fue la defensa de los territorios indígenas frente al avance de empresas y proyectos extractivos.
“Formar parte de algo así fue muy lindo, muy emocionante ver tanta diversidad de indígenas. Éramos de diferentes lugares del mundo y las problemáticas eran muy parecidas, con distintas formas de represión”, expresó Zaya tras su regreso.
Durante el encuentro, la delegación visibilizó el conflicto de Puente Quemado II con la empresa Arauco, dejando asentada la denuncia en documentos internacionales. “Ahora hay un documento de la ONU que dice que las empresas violan los derechos indígenas en Argentina”, afirmó.
Más allá de las dificultades idiomáticas que limitaron el intercambio con delegaciones de habla inglesa, Zaya destacó los vínculos generados con pueblos de América Latina y Centroamérica. “Pude conectar con hermanas de Panamá, Honduras, El Salvador, México. Compartimos historias de nuestros pueblos y lo que significa ser Mbya, Guna o Garífuna”, relató.
De regreso en su territorio, la joven ya proyecta replicar la experiencia en espacios comunitarios, con especial foco en la formación en derecho indígena y la participación en el Aty Ñeychyrõ, una instancia clave de organización Mbya.
Por su parte, Rivas valoró el impacto del trabajo en red impulsado durante el foro, destacando la articulación de organizaciones como ENDEPA, EMIPA, la REGCHAG, la REMAM y la REPAM. “Fue una experiencia positiva desde todas las perspectivas. La idea es consolidar estos vínculos para que no quede solo en un evento”, sostuvo la letrada.
Tanto Zaya como Rivas coincidieron en que las problemáticas que atraviesan los pueblos indígenas se repiten a escala global, con el territorio como eje central del conflicto. En regiones como África y Centroamérica, incluso, la situación alcanza niveles extremos. “Hay desapariciones y asesinatos, todo vinculado al avance extractivo, que es una constante en distintas regiones del mundo”, advirtió Rivas.
Asimismo, destacó la importancia de la capacitación en derecho indígena como herramienta para fortalecer los reclamos y la representación de líderes y lideresas comunitarias. Finalmente, ambas remarcaron el rol fundamental de la espiritualidad y la cultura como pilares de la vida comunitaria. El paso por la ONU no quedó en una experiencia aislada: lo aprendido vuelve ahora al territorio, se comparte y se transforma en acción colectiva.
