lunes, 6 abril, 2026
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La actividad física como pilar fundamental para la salud cardiovascular y general

En el marco del Día de la Actividad Física, especialistas destacan su rol clave en la prevención de enfermedades, principal causa de muerte en el mundo occidental, y detallan las recomendaciones por grupos etarios.

La actividad física regular es un componente decisivo para el estado de salud general, con un impacto particularmente significativo en la salud cardiovascular. Las enfermedades cardiovasculares representan la principal causa de muerte en el mundo occidental. Afecciones como el infarto de miocardio, la muerte súbita, las arritmias cardíacas y los accidentes cerebrovasculares pueden prevenirse mediante diversas estrategias, tanto farmacológicas como no farmacológicas.

En materia de prevención cardiovascular, no existe ningún fármaco o intervención terapéutica que ofrezca tantos beneficios al corazón como la práctica regular de ejercicio. La actividad física posee múltiples efectos positivos directos e indirectos que mejoran el estado de las arterias y del corazón: reduce la inflamación, mejora los niveles de colesterol, disminuye los fenómenos trombóticos, el sobrepeso y la presión arterial. Además, mejora el metabolismo de la glucosa en sangre, previene la aparición de arritmias, la formación de aterosclerosis coronaria y reduce la probabilidad de muerte de causa cardiovascular.

Sus beneficios se extienden más allá del sistema circulatorio, ya que también contribuye a prevenir la aparición de cáncer, diabetes, hipertensión arterial y enfermedades inmunológicas, entre otras.

La Asamblea Mundial de la Salud (WHA) creó en 2018 el Plan de acción mundial sobre actividad física (GAPPA) 2018-2030, promoviendo una meta global voluntaria para reducir los niveles de inactividad física en adultos y adolescentes en un 15% para 2030. A partir de esto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció en 2020 nuevas directrices sobre actividad física y hábitos alimentarios.

Entre las recomendaciones, la OMS establece que para todas las poblaciones y rangos etarios, realizar alguna actividad física es mejor que no hacer ninguna. Para los adultos de 18 a 64 años, se observan beneficios con cantidades semanales de entre 150 y 300 minutos a intensidad moderada (como caminata o golf), o de 75 a 150 minutos a intensidad vigorosa (como nadar, andar en bicicleta o correr), complementado con al menos 2 días a la semana de entrenamiento de fuerza.

En niños y adolescentes de 5 a 17 años, un promedio de 60 minutos diarios de actividad física moderada a vigorosa brinda beneficios para la salud. Para los adultos mayores (de 65 años y más), la evidencia demuestra beneficio de la actividad aeróbica para disminuir el riesgo de limitaciones funcionales, mientras que el riesgo de caídas puede reducirse con actividad física multicomponente, que combina entrenamiento de equilibrio, fuerza, resistencia y marcha.

Según la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), los beneficios de la actividad física se han demostrado no solo en personas sin enfermedades previas (prevención primaria), sino también en quienes han padecido eventos cardiovasculares como infarto, angioplastia, insuficiencia cardíaca o accidente cerebrovascular (prevención secundaria). En estos casos, no solo pueden, sino que deben realizar actividad física para mejorar los parámetros cardíacos y la calidad de vida, siempre bajo supervisión médica.

Un consenso de expertos publicado recientemente advierte que la actividad física muy intensa, principalmente en personas sin entrenamiento previo (conocida como «actividad de fin de semana»), puede aumentar levemente el riesgo de desencadenar un evento cardíaco en quienes presentan enfermedad aterosclerótica. No obstante, este riesgo es extremadamente bajo y es menor en personas con entrenamiento regular. Se destaca la importancia de que todo paciente consulte con un médico especialista antes de iniciar cualquier plan de entrenamiento para una evaluación cardiovascular adecuada.

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