El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición que afecta el desarrollo de la socialización y la comunicación. Conocer sus características y signos permite una intervención temprana, clave para mejorar la calidad de vida.
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) se define como una dificultad persistente en el desarrollo de la socialización, que incluye la interacción y la comunicación social, junto con un patrón restringido de conductas e intereses, lo cual abarca también restricciones sensoriales (según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, DSM V, 2014).
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, 2016), esta condición se presenta en 1 de cada 54 niños, con una prevalencia aproximadamente cuatro veces mayor en varones que en niñas.
Los síntomas pueden comenzar a detectarse alrededor de los 18 meses de vida, mostrando una amplia variedad de manifestaciones. Estas dependen de factores como el nivel intelectual, el grado de actividad, la tendencia al aislamiento, la frecuencia de intereses restringidos, las particularidades del procesamiento sensorial y la presencia o ausencia de lenguaje.
El área de la comunicación es una de las más sensibles tanto para el diagnóstico como para el tratamiento. Según la especialista Rhea Paul, es posible identificar tres niveles de comunicación en niños con TEA:
- Etapa Prelingüística: Ausencia de iniciativa comunicativa. El niño no habla, no señala ni se hace entender, siendo los padres quienes intentan interpretar sus necesidades.
- Lenguaje Temprano: Existe intención comunicativa, con presencia de palabras y algunas frases sencillas, a menudo intercaladas con ecolalias (repetición inmediata o diferida de palabras o frases escuchadas) y jerga (uso de palabras sin sentido aparente).
- Lenguaje Avanzado: El niño puede armar frases y hablar de modo fluido, pero presenta dificultades en el uso social del lenguaje. Los síntomas típicos incluyen hablar solo de temas de interés propio, usar una entonación neutra, no saber iniciar o sostener conversaciones, y tener problemas para comprender chistes o mentiras.
Si bien muchos síntomas se relacionan con la expresión, las mayores dificultades para los niños con TEA suelen radicar en la comprensión del lenguaje y en su uso social.
Según el experto español Juan Martos (2018), aproximadamente el 68% de los niños con TEA desarrollan lenguaje alcanzando el nivel Avanzado. Un 11% son mínimamente verbales, pudiendo aprender algunas palabras y frases para cubrir necesidades básicas. El 21% restante son no verbales y requieren el uso de medios alternativos de comunicación a lo largo de su vida.
En todos los casos, la intervención temprana constituye el recurso de mayor valor para favorecer la evolución y mejorar la calidad de vida de las personas que viven con esta condición.
Artículo publicado originalmente el 2 de abril de 2023. Por Lic. Verónica Maggio, directora de la Diplomatura en Trastornos del Lenguaje Infantil desde una perspectiva Neurolingüística de la Facultad de Ciencias Biomédicas de la Universidad Austral.
