Mantener la unidad es el objetivo superior de todos los actores, en el país donde el que se divide pierde. A ver si te das cuenta, en política la realidad efectiva (la verità effettuale de Maquiavelo) y la necesidad se imponen sobre la imaginación utópica. Para el peronismo significa achicar las diferencias entre el peronismo del AMBA y el del interior, que los han llevado al momento de mayor debilidad en la historia. Si una PASO los puede dividir más, se entiende que busquen la fórmula adecuada para una unificación, sin confrontaciones que los liquiden.
Lo más notable fue el viaje que emprendieron Wado de Pedro y Mariano Recalde a parlamentar el jueves con Ricardo Quintela. El riojano se había enfrentado con Cristina Kirchner en la disputa por la conducción del PJ Nacional.
Cristina encargó esta misión de reconciliación. En la noche del jueves Quintela le propinó una cena a Wado, Recalde y a los senadores Florencia López y Fernando Rejal. Ante diputados y dirigentes riojanos, Wado le dijo que confiaban en Quintela para que desde ahora articulase el armado del peronismo del interior con la expresa venia de la conducción nacional. Un acercamiento necesario para urdir alguna unidad de la oposición peronista. Este acercamiento entre Buenos Aires y el interior con cabeza en La Rioja no ocurría desde 1988, cuando hubo interna entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde. Le dio al peronismo una década de poder. Nunca más ocurrió desde entonces.
También es una tregua con Axel
Que el escenario fuera La Rioja importa: 1) porque hasta ahora Quintela era Axel y este acercamiento es, por carácter transitivo, una tregua con el gobernador de Buenos Aires y la cúpula cristinista; 2) importa la visita que le hicieron al obispo local Dante Braida. Es el presidente de la Pastoral Social Nacional del episcopado católico. Esa mesa de obispos dio un comunicado sobre el 24 de marzo en donde destacó la tendencia al autoritarismo. No menciona al gobierno, pero le podría calzar la crítica. Esta visita al obispo Braida sigue a otra que hizo hace una semana a la mesa del episcopado Axel, que sabe la importancia que tienen los obispos a la hora del voto. Es plausible interpretar la derrota del peronismo en la provincia de Buenos Aires en 2015 como un efecto de las críticas de la iglesia bonaerense a Aníbal Fernández. Axel cultiva excelentes relaciones con la iglesia en su provincia.
Recalde tiene a su cargo misiones paralelas. 1) Es el abanderado de la estrategia del PJ y del sindicalismo para anegar la ley de reforma laboral en un mar de inconstitucionalidades. La idea es lanzar una andanada de pedidos de amparo contra diversos artículos de la norma aprobada por el Congreso, seguida de amparos de gremios y de individuos a restricciones que les imponga esa norma, hasta empantanar el funcionamiento y obligar al gobierno a arrodillarse ante ellos y asumir un nuevo rumbo. 2) La organización de las candidaturas de representantes del estamento de los abogados para las elecciones en el Consejo de la Magistratura. Esas elecciones tendrían que hacerse a más tardar en octubre, y Recalde es el referente del PJ para este asunto.
La fiebre federal en el peronismo
En 2023, Sergio Massa obtuvo 11.598.720 votos en la segunda vuelta, mientras que Daniel Scioli había conseguido 12.309.575 en 2015. Sin embargo, mientras Scioli perdió frente a Macri por un 2,68%, Sergio Massa perdió con Milei por un 11,30%. ¿Dónde estuvo la diferencia? En el voto del peronismo del interior, especialmente en las provincias del Norte, que se desentendió de la suerte de la fórmula del peronismo del AMBA. Esta especulación justifica la variedad de movimientos de federalización que intentan las tribus del peronismo.
El PJ y sus aliados sumaron en 2023 un 3,22% más para ganar en primera vuelta. Alcanzaron el 36,78%, cuando el balotaje establece ganador a quien alcance por lo menos 40% frente a un segundo que esté a más de 10 puntos de diferencia. En las legislativas de 2025, el peronismo obtuvo en todo el país un 33,70% de los votos: un 3,08% menos que Massa dos años antes. Una diferencia que también puede atribuirse a la desmovilización del peronismo del interior, con los del Norte del país a la cabeza, que pudo remontarse si el peronismo del AMBA hubiera mirado alguna vez al interior. Los dejó a la deriva con el resto del país a favor del mileísmo, que se benefició del desgaste.
Pero el voto del peronismo se mantuvo fiel entre 2013 y 2025, y en un momento cuando el partido no tiene cabeza formal por la inhabilitación de Cristina Kirchner. Los funcionarios que la acompañaron hasta 2025 y entre 2017-2023 están bajo proceso, incluyendo a su delfín Alberto Fernández. Aun con esas pesadas cargas, el voto del peronismo no disminuyó ni se dividió sustancialmente. Cuanto más, se desmovilizó y se abstuvo. Aun en Buenos Aires, donde se libra la pelea interna más ácida entre el cristinismo y el axelismo, el peronismo retuvo el control de la provincia el 7 de septiembre y en las legislativas de octubre, casi empató unas elecciones de medio término que el peronismo solía perder ante el no peronismo. La diferencia fue menor a un punto y la alianza de La Libertad Avanza con el PRO sacó sólo un diputado nacional más.
Una PASO los puede liquidar
Desde diversos cuarteles del peronismo salieron en la semana misiones de reconocimiento del terreno, destinadas a: 1) disputarles el terreno a otros sectores del peronismo del interior; 2) verificar las condiciones que pueden dividir al peronismo antes o después de una disputa interna formal para las elecciones nacionales de 2027.
La experiencia de las PASO entre Julián Domínguez y Aníbal Fernández en 2015 por la gobernación de Buenos Aires demostró que una disputa según el formato de la norma vigente desde 2010 puede ser letal para una familia política.
No solo le pasó al peronismo, que perdió en 2015 frente a Juntos por el Cambio esa provincia y el gobierno nacional. También Cambiemos perdió en 2023 como consecuencia de la PASO entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta. Las condiciones de esa pelea, en la cual Mauricio Macri optó por apoyar a Patricia y, subsidiariamente, al propio Milei, a quien hubiera querido participando en esa PASO (lo propuso a la mesa de Cambiemos en abril de 2023), pulverizaron a la coalición. La fragilidad de la candidatura de Bullrich no necesita probarse: quedó fuera del balotaje a la cabeza de una fuerza que desde 2015 había obtenido por encima del 42% en todas las elecciones nacionales y parecía imbatible. Lo mejor para todos es tejer consensos internos. En política no se pelea con los de adentro, se pelea con los de afuera.
A los votantes no se les interpreta, se los escucha
Después de esta experiencia, el gobierno lanzó la revisión del sistema de las PASO para 2027. La marca La Libertad Avanza, junto al PRO de Esteban Bullrich, es la única fuerza que ha lanzado a la cancha una candidatura presidencial. Con eso sabe que su chance de ganar depende de que los partidos de la oposición sigan divididos y desmovilizados.
Hasta donde se sabe, la reforma que quiere imponer al sistema de Boleta Única es que se incluya el rótulo que permite a los votantes apoyar la lista completa con un apellido. Un beneficio para partidos verticalizados debajo de un nombre que arrastre. Lo tiene LLA con Milei. Hoy no lo tiene ninguna otra fuerza. Por eso es clave que las cúpulas que saben que los electores están íntegros –el no peronismo en el 40% y el peronismo en el 33,70% (el promedio de 2025)– y esperan que sus dirigentes los representen.
A los votantes no se les interpreta, se los escucha, recordó esta semana Alberto Núñez Feijóo, el más inspirado frasista del conservadurismo español. El transfuguismo político, práctica oportunista que intoxica la vida pública, se alimenta de dirigentes que interpretan el voto que reciben. Siempre en su beneficio. Los tránsfugas de Cambiemos que se han refugiado en el mileísmo interpretan el voto que recibieron, no lo escuchan. Los votaron para ser oposición y no gobierno. Esa trampa es la misma que encierra la ley de lemas. Voto para un candidato, pero después lo aprovecha otro.
Pichetto, toco y me voy
El mensaje de la misión del PJ es decirles a los dirigentes del interior que no están solos y que la mesa federal que se mueve con Miguel Pichetto, Emilio Monzó, Nicolás Massot, Guillermo Michel y Victoria Tolosa Paz no es la única.
Ese grupo también está en operaciones vertiginosas. En la semana se registraron una aparición en el bloque Unión y Libertad en el Senado de Buenos Aires que conduce Carlos Kikuchi. Este legislador fue el operador principal de la candidatura de Javier Milei disparada desde el gobierno anterior como un ardid para dividir el voto de Cambiemos. Exitosa faena, pero que también arrastró al peronismo a la derrota. Kikuchi se distanció de Milei cuando este decidió no seguir las instrucciones de Sergio Massa para bajarse del balotaje y aceptó el apoyo político y financiero de Mauricio Macri. El bloque lo integra además Sergio Vargas, que ha sido en algún momento asesor junto a Miguel Pichetto en el Senado de la Nación.
Esa visita fue promovida por Pichetto y blanqueó una decisión que el grupo tomó hace un mes en una reunión discreta en la que tanteó la posibilidad de unir fuerzas para mover la construcción de un Frente Nacional que represente a sectores críticos del peronismo kirchnerista y también del oficialismo mileísta.
Tan discreta fue esa cita que ocultan lugar y anfitrión, localizables en el conurbano norte. Ya se conocerá, paciencia. El frente estaría integrado, según lo hablado en esas reuniones, por un ala del peronismo «de derecha», que hoy no tiene representación en el PJ, y sectores disidentes del radicalismo y del PRO, además de mileístas desencantados. La visita al bloque Kikuchi abrió un ciclo de encuentros del grupo Pichetto con intendentes de Buenos Aires, en donde el sector que representa Unión y Libertad tiene algún armado.
Uñac federaliza a contramano
Otra central no cristinista del peronismo se mueve del interior hacia el resto del país. Es la que anima, por ahora solo, el senador Sergio Uñac, exgobernador de San Juan. Cuenta con la coordinación del exministro Juan José Álvarez, que es uno de los operadores discretos más vivarachos del peronismo y que ha actuado junto a diversas tribus de su partido.
Juanjo, que ha sido además legislador nacional, trabaja desde la periferia hacia el centro, pero no arranca mirando al AMBA. Entiende que un movimiento, para representar a un peronismo distinto, necesita buscar un entendimiento con el peronismo del Norte que hoy se articula en el trío Jalil, Jaldo y Sáenz, que ahora juega desembozadamente con el gobierno.
Si el peronismo necesita unidad, debe ser entre el AMBA y el interior, fracturado por el influjo del duhaldo-kirchnerismo, que construyó el posmenemismo como un imperio controlado desde la provincia de Buenos Aires. Ese encastillamiento lo llevó al peronismo a su peor momento.
¿Y si el outsider del PRO es Macri?
¿No será al final que Mauricio es el outsider del PRO para 2027? El jueves fue jaleado por los propios en Parque Norte como candidato presidencial. Habló como candidato y se describió como tal en un discurso estructurado. Distinto a las improvisaciones de este político que no es el mejor orador. El mensaje fue claro: Milei es el pasado, él es el futuro, nosotros construimos, no destruimos. Prometió no ser oposición, pero uno si se atiene a la gramática apropiada de los bichos de la política, hay que entender que hará oposición. Los políticos dicen lo contrario de lo que hacen.
Hubo más de 2 mil asistentes de todo el país, cuando había arrancado con solo 600 inscriptos. ¿Qué pasó? La explicación que se dieron para adentro y para afuera es que Macri y el PRO recuperan fuerza y amigos entre militantes propios que se han cansado del gobierno de Milei y que están decepcionados con su gestión.
A puertas cerradas Macri reunió a la mesa nacional del partido. Prometió cinco cumbres nacionales con su presencia. La primera en Resistencia, Chaco, el 24 de abril. Seguirá otra en Entre Ríos. Dio a entender que sigue pensando que este gobierno no va a terminar bien, que ve que la gente le sigue teniendo confianza al PRO, que él hubiera querido que el camino fuera otro. No es lo que verbaliza, pero es lo que transmite. Tampoco nadie cree en otro camino que Mauricio como candidato.
La tarea ahora es construir poder en las provincias. El PRO tiene tres gobernadores con reelección y que van a confiar en quien más los ayude: Jorge Macri de CABA, Ignacio Torres de Chubut y Rogelio Frigerio de Entre Ríos. Hoy tienen un ancla para competir, que es en favor del gobierno. Pero ese apoyo que hoy pagan con votos en el Congreso depende de que a Milei le vaya bien. Si no le va bien, la relación con Olivos se convertirá en una carga y lo abandonarán.
Es la misma situación de los gobernadores del peronismo y los radicales que hoy apoyan al gobierno. Si Milei colapsa, volverán a su matriz nacional. Le pasó a Mauricio Macri en 2017-2018. Había cerrado un récord de alianzas con gobernadores del peronismo y con legisladores. Pero en cuanto estos vieron que la gestión se anegaba en la crisis financiera y se acercaba el FMI, huyeron despavoridos y buscaron refugio en sus querencias. Es ley de la política que nunca el que gana es el mejor candidato. Gana aquel a quien los demás prefieren para convivir. El ganador lo es siempre por un compromiso.
