La licenciada en Nutrición Carina González explicó en FM 89.3 Santa María de las Misiones que el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados podría aumentar el riesgo de demencia y Alzheimer en personas mayores de 50 años.
Los alimentos ultraprocesados no solo afectan el peso o la salud cardiovascular. Cada vez más investigaciones científicas advierten sobre su impacto directo en el cerebro y su posible relación con enfermedades neurodegenerativas como la demencia y el Alzheimer.
En su columna semanal en FM 89.3 Santa María de las Misiones, la licenciada en Nutrición Carina González habló del tema y alertó que el consumo excesivo de productos industrializados puede generar consecuencias que van mucho más allá de una cuestión estética.
“Había algunos estudios de investigación que decían que consumir muchos ultraprocesados hace que seamos más propensos a tener demencia o problemas en el cerebro”, explicó la especialista.
Según detalló, las evidencias muestran que reducir la ingesta de estos alimentos puede contribuir a mejorar la salud cerebral y las conexiones neuronales. “No es solamente una cuestión de estética. Se ha comprobado que disminuyendo el consumo de ultraprocesados podemos mejorar nuestras conexiones neuronales y tener una salud mental mucho mejor”, afirmó.
González señaló que estos productos generan procesos inflamatorios que afectan directamente al funcionamiento cerebral. “El consumo de ultraprocesados hace que tengamos mucha inflamación a nivel cerebral y aumento de la resistencia a la insulina en el cerebro”, indicó.
La profesional agregó que estas alteraciones pueden impactar en una región clave para la memoria. “Esto hace que disminuya una parte de nuestro cerebro que se llama hipocampo y tengamos problemas de retención de memoria, Alzheimer y disminución de la materia gris”, sostuvo.
¿Qué son los alimentos ultraprocesados?
La nutricionista explicó que se trata de productos elaborados industrialmente y que suelen identificarse fácilmente por el etiquetado frontal. “Son los alimentos que encontramos en paquetes y que tienen varios octógonos. Llevan muchos aditivos, mucho sodio y exceso de azúcar”, señaló.
En contrapartida, destacó que los alimentos frescos y naturales siguen siendo la mejor opción para proteger la salud. “Las frutas, las verduras, la carne y los huevos son alimentos más naturales y los que deberían ocupar un lugar central en nuestra alimentación”, remarcó.
¿Por qué el riesgo aumenta después de los 50 años?
González explicó que a partir de esa edad el organismo atraviesa cambios hormonales y fisiológicos que vuelven al cerebro más vulnerable. “Después de los 50 empezamos a tener cambios hormonales importantes. Las mujeres atraviesan la menopausia y los hombres también tienen una disminución hormonal conocida como andropausia”, explicó.
En ese contexto, consideró fundamental revisar hábitos cotidianos para preservar la salud cognitiva. “Necesitamos evaluar cómo está nuestro día a día y nuestros hábitos porque el cerebro también cambia con la edad”, indicó.
Cuatro hábitos para cuidar el cerebro
Consultada sobre qué medidas concretas pueden adoptar las personas mayores de 50 años, la nutricionista recomendó:
- Aumentar el consumo de agua.
- Priorizar frutas, verduras y alimentos naturales.
- Mantener un descanso adecuado.
- Reducir el consumo de alcohol, bebidas energizantes y el exceso de café.
“El consumo de frutas, verduras, carne, huevo y queso ayuda a disminuir los procesos inflamatorios y la resistencia a la insulina en el cerebro”, explicó.
Además, insistió en la importancia del descanso para favorecer las conexiones neuronales y el buen funcionamiento cognitivo.
Cambiar hábitos después de los 50: un desafío posible
La especialista reconoció que modificar conductas alimentarias arraigadas durante décadas no resulta sencillo, pero aseguró que los beneficios pueden ser significativos. “El ser humano es un animal de costumbre y suele buscar aquello que le gusta o le genera una compensación. Por eso cuesta cambiar”, reconoció.
Sin embargo, alentó a realizar pequeñas modificaciones progresivas. “No hay que sacar un montón de cosas de golpe. Podemos bajar el consumo de alcohol o de dulces y agregar más agua y alimentos saludables”, explicó.
Finalmente, destacó que adoptar hábitos saludables de manera preventiva puede marcar una diferencia decisiva en la calidad de vida durante la vejez. “Hoy tenemos personas que viven más de 90 años. La idea es llegar a esa etapa con una buena salud mental y una mejor calidad de vida”, concluyó.
