miércoles, 27 mayo, 2026
InicioSociedadPor qué en invierno se come más y cómo evitar que el...

Por qué en invierno se come más y cómo evitar que el frío desordene la alimentación

Con la llegada de las bajas temperaturas, aparece una escena repetida en muchos hogares: más ganas de comer, platos calientes, guisos, sopas, locro y una tendencia casi automática a quedarse puertas adentro. Pero detrás de esa conducta cotidiana hay una explicación fisiológica, hábitos culturales y también algunos riesgos si el invierno se transforma en sinónimo de sedentarismo y exceso de calorías.

Durante su columna de nutrición en FM 89.3 Santa María de las Misiones, la licenciada Carina González explicó que sí es cierto que en invierno muchas personas sienten más necesidad de comer, especialmente alimentos más calóricos o preparaciones calientes, porque el organismo busca sostener su temperatura corporal.

“El cuerpo tiene una temperatura a la que tenemos que llegar, que es 36,5 grados. Esto nos lleva a gastar más, el cuerpo necesita equilibrar esta termogénesis. Entonces, por lo general, el organismo y el ser humano buscan consumir alimentos más calóricos”, señaló la profesional.

Según González, esa búsqueda no implica necesariamente comer mal, sino entender qué necesita el cuerpo y cómo acompañarlo sin caer en excesos. En ese sentido, indicó que las infusiones calientes también cumplen un rol importante durante el invierno. Un té, un mate cocido o el mate pueden generar una sensación de mayor confort térmico, porque ingresan calientes al organismo y el cerebro interpreta que el cuerpo está más templado.

“Necesitamos regular esta temperatura que estamos pasando por un frío externo. Entonces el organismo necesita esto”, explicó. Por eso, frente a los días frescos, aparecen con más frecuencia las sopas, los guisos y otros platos de mayor densidad calórica.

La clave, remarcó la nutricionista, está en elegir preparaciones calientes, nutritivas y saciantes, pero sin sobrecargarlas de grasa. Como ejemplo, recomendó los guisos con muchos vegetales, lentejas o porotos, que aportan calorías y nutrientes, pero permiten mantener un mejor equilibrio si se los prepara con carnes magras.

“Tratemos de que no sean tan calóricos en el sentido de agregar otras cosas, como patita de chancho, cerdo o choricito. Entonces, hacemos con carnes magras”, sostuvo. En esa misma línea, al hablar del locro, un plato muy consumido en esta época, sugirió “bajarle un poquito lo calórico” y sumar más verduras.

La recomendación concreta fue priorizar porotos, lentejas, vegetales y carnes sin tanta grasa alrededor, de modo que el plato conserve su aporte energético y su temperatura, pero sin transformarse en una comida excesivamente pesada. “Con estos vegetales vamos a tener un plato que me va a aportar calorías y a la vez también que sea caliente. Entonces esto le va a dar confort a nuestro organismo”, explicó.

González también advirtió que el aumento de peso durante el invierno no responde únicamente a comer más. Otro factor central es la disminución de la actividad física. Hay menos horas de luz, oscurece más temprano, hace frío y muchas personas pasan más tiempo en sus casas, lo que favorece una rutina más sedentaria.

“El aumento de peso también se debe a otra cuestión que nos pasa en invierno, que es la poca actividad física. Como hay menos cantidad de luz, enseguida oscurece, hace frío, la gente se queda más en la casa”, explicó.

Ese combo -más comida caliente y calórica, menos movimiento y más tiempo frente a la televisión o en la cama- puede enlentecer el metabolismo. “Estamos más sedentarios, mucha tele, y el metabolismo disminuye. Entonces comemos lo mismo, pero no tenemos tanta actividad; ahí está el aumento de peso”, resumió.

Por eso, recomendó sostener algún tipo de movimiento diario, aunque sea mínimo. Caminar, andar en bicicleta o realizar una actividad física suave durante el día ayuda a que el metabolismo no quede tan enlentecido, incluso cuando el clima no acompaña.

“Uno sabe que por ahí hace frío, que cuesta un poquito más, pero algo, aunque sea a diario, hay que moverse un poco”, insistió.

Otro punto que la nutricionista consideró fundamental es el consumo de agua. En invierno, muchas personas toman menos líquido porque transpiran menos, no sienten tanto calor y reducen su actividad física. Sin embargo, esa falta de hidratación puede confundirse con hambre.

“A veces el cerebro toma como hambre la sed. Como nosotros no transpiramos tanto, no tenemos tanta actividad y tomamos poca agua, por ahí pensamos que es hambre, pero en realidad es sed”, explicó González.

Para evitarlo, recomendó incorporar herramientas simples, como programar una alarma que recuerde tomar agua durante el día. Mantener una buena hidratación permite ordenar mejor la alimentación y reducir la sensación permanente de hambre, especialmente en jornadas frías.

“Tomar agua nos va a permitir tener una alimentación un poco más equilibrada porque no vamos a tener tanta sensación de hambre todo el tiempo”, afirmó.

En síntesis, la profesional sostuvo que en invierno se puede comer “un poquitito más”, pero siempre con control de porciones, sin repetir el plato, priorizando verduras y carnes magras, manteniendo el consumo de agua y evitando abandonar por completo la actividad física.

“Las infusiones calientes vienen bien para esta época del año. Se puede consumir un poquito más, sí se puede, pero respetando las porciones, no repetir, tomar agua y no olvidarnos de hacer algo de actividad física”, resumió.

Más noticias
Noticias Relacionadas