domingo, 17 mayo, 2026
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Osvaldo Mazal: “Los escritores somos grandes manipuladores del lenguaje”

El escritor posadeño Osvaldo Mazal, ganador del Fondo Nacional de las Artes, reflexiona sobre el oficio de escribir, la influencia de Macedonio Fernández y el impacto de la inteligencia artificial en la literatura.

Osvaldo Mazal está “satisfecho”, dice al resumir en una sola palabra su estado de ánimo. “No soy de hacer textos cortos. Me cuesta. Escribí novelas muy largas”, admite el autor de “Darwin Poeta” que ganó en la categoría de novela del Fondo Nacional de las Artes en 2014, una obra que tardó diez años en publicarse, reconoció a “En escena verás”, el programa de entrevistas de La Voz de Misiones.

“Darwin poeta es la novela que más quiero”, apunta Mazal, que -entre otras obras- también es autor del libro de poesías “Mundos-Diálogos-Silencios”, 2° Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes 1993.

“Uno vive pensando cómo escribir algo interesante”, reconoció Mazal, que además de escritor es docente académico de Teoría Literaria en la Universidad Nacional de Misiones. Allí se graduó como Doctor en Semiótica, aunque ya para entonces era Ingeniero Civil.

“Lo fui llevando parejito más o menos en veinte años” entre la literatura y la ingeniería, apuntó el artista posadeño que fue categorizado como macedoniano por su galardonada novela “Darwin Poeta”.

“Soy de un grupete medio macedoniano en la facultad. Nosotros teníamos grupos de investigación que lideraba Ana Camblong, que fue decana y es una especialista en Macedonio. Y nos formamos con ella”, afirmó.

“Ser macedoniano no sé bien qué quiere decir”, señaló, aunque basado en lo que dijo el jurado al compararlo con Macedonio Fernández, Mazal recordó la novela “El Museo de la Novela de la Eterna”. “Es una novela que no es una novela. Porque empieza escribiendo prólogos. Son veinte. Entonces está jugando con la forma de la novela. Por eso le dicen inclasificable: porque no se sabe qué género tiene. ¿Un policial, romántica, de aventura, de formación, psicológica? Bueno, una mezcla de todo eso”.

Sobre el oficio de escribir, Mazal ponderó que “interpretar es como buscar el sentido de algo y la literatura tiene algo más que el sentido. No sé si es importante que el lector entienda lo que uno quiere decir, sino que reciba algo que sea interesante para él. Y si no es lo que yo quise decir, no importa. Porque en realidad, yo creo que tengo poco para decir. No es que yo sea un filósofo que está meditando grandes cosas. En general le pasa así a los narradores, y diría a todos los poetas: Uno vive pensando cómo escribir algo interesante. O sea, los escritores somos grandes manipuladores del lenguaje más que creadores de grandes ideas. Aparecen, pero ese no es el objetivo”.

No obstante, Mazal sostuvo que le gusta “teorizar de forma descabellada” como para “que suene interesante y te haga pensar en alguna cosa, que ni sé bien qué puede llegar a ser. El tema es que no largues ese texto”.

El autor de “Darwin poeta” reconoció que, en la actualidad, la Inteligencia Artificial (IA) está bajo la observación de los certámenes literarios, donde se ponen ciertas condiciones de admisión. “Hay concursos que te dicen que no se puede hacer el texto con IA. Hay programas para detectarlo. Lo que no quiere decir que detecten todos los textos donde pudo haber intervenido la IA”, observó.

“No uso la IA. Consulto alguna cosa con el chat, que no es sofisticada. Pero sé que hay gente que lo hace. Un amigo mío escritor me decía, más grande que yo: ‘Puse las consignas de un cuento y me escribió algo espectacular’. Estaba asustadísimo. Y le digo está bien: Antes competíamos con un millón de escritores en el mundo. Ahora va a sumarse la IA en esa competencia”.

En ese contexto, advirtió que, “cuando la tecnología se mete mucho en la creatividad, es un problema” y puso como ejemplo sus propias clases en la universidad. “En las clases no llegué a rastrear IA, pero yo, por ejemplo, antes tomaba parciales domiciliarios. Les daba algún tema que desarrollaran, pero después dejé de hacerlo. Porque detecté que varias veces se copiaban cosas de internet. Y era feo estar tipo policía, rastreando en cada texto a ver si habían copiado algo o no. Entonces decidí volver al viejo método presencial”.

“Los pájaros sagrados”, de Víctor Verón o la “única casi novela erótica escrita en Misiones”, llamada “Sumido en verde temblor”, de Rolo Capaccio son obras que considera como claves. Marcial Toledo, Raúl Novau, Mariano Areu Crespo son también autores que han trascendido en la literatura misionera, según consideró Mazal.

Por otra parte, destacó obras como “Glosa”, de Juan José Saer; o “Respiración artificial”, de Ricardo Piglia. “Esos dos libros me acompañaron bastante. Alguno de César Aira también. No olvidó recordar a Hermann Hesse en su infancia o la obra “De dioses, hombrecitos y policías”, escrito en la Dictadura Militar, y que es de Humberto Constantini. Esa novela fue también para mí muy señera. “Había humor y contaba sobre la matanza que había en la época”.

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