lunes, 27 abril, 2026
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La Justicia confirmó violencia obstétrica en el caso de Paula Pisak

Tras 22 años, la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Misiones reconoció mala praxis y violencia obstétrica en el nacimiento de su hija en 2004, en Jardín América. El fallo incorpora perspectiva de género y sienta un precedente nacional.

Después de 22 años de espera, la Justicia falló a favor de Paula Marina Pisak. La resolución se conoció el 16 de abril, cuando la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Misiones reconoció la mala praxis y violencia obstétrica que denunció tras el nacimiento de su primera hija, en 2004, en una clínica de Jardín América. El fallo, confirmado en segunda instancia, marca un antecedente histórico a nivel nacional, porque incorpora la perspectiva de género para evaluar estos casos, menciona la Ley de Parto Respetado y reconoce de manera expresa la violencia obstétrica dentro de una demanda civil por daños.

La historia de Pisak trascendió a nivel nacional porque las secuelas de la intervención marcaron su vida de un modo difícil de resumir: quedó con una discapacidad auditiva y de movilidad permanente, perdió su trabajo como docente y tuvo que reinventarse para recuperar su autonomía. Pero esa parte de la historia continuó con dos décadas de proceso judicial, con revictimizaciones y un desgaste físico y emocional que no aparecen en las 51 hojas de la resolución, pero sí en la voz de Pisak.

“El desgaste y que mes a mes esperes una sentencia que no llega te enferma, mi cuerpo no solo está agotado sino enfermo de las consecuencias propias de lo vivido”, contó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN la activista contra la violencia obstétrica, quien también se refirió a lo que significa esta resolución: el cierre que pidió durante años de una etapa atravesada por el dolor.

Incertidumbre, no pude reaccionar con felicidad. Fue el jueves 16 de abril que recibo un mensaje de uno de mis abogados que decía: ‘Hola Paula, ganaste la apelación, se extendió la responsabilidad hacia el médico que había sido omitido’, luego el documento de 51 páginas. Estaba sola en la cama, quería tener la rapidez mental de recorrerlo y conocer su contenido, pero sin anteojos, solo vislumbraba partes. El anestesista arguye que el evento neurológico no estaba relacionado a su actuar médico, el obstetra y la clínica planteaban enfermedades que jamás oí… Volver a leer lo vivido esas horas duele como el primer día porque yo recuerdo los detalles, la desesperación, la muerte suspirando a mi lado, como si nadie fuera responsable de mis secuelas. Y allí vuelvo a verme panzona, con los 40 grados misioneros, volviendo caminando sola de mi control esa tarde, sana, plena, feliz.

Los años perdidos de agonía y desvelo, mi juventud, todo lo que no pude hacer con mi primera hija, todos los miedos que debí silenciar al desear volver a ser madre, con un sistema médico que se negaba a brindarme atención por temor a la experiencia anterior. Igualmente nada alcanza para dimensionar la vida que atravesé, la discapacidad adquirida, la maternidad en esa condición y el futuro que me robaron. Creo que lo único positivo de tanta espera fue leer que los vocales de la sala I incorporaron al dictamen la perspectiva de género, así también consideraron y reconocieron la atención deshumanizada, el trato irrespetuoso, el incumplimiento de los protocolos como formas de violencia obstétrica, que afectaron no solo mi integridad física sino también la psicológica.

Tras casi 21 años de recorrido como sobreviviente y activista creo que este fallo tiene una gran importancia jurídica justamente por eso, ya no solamente son daños o mala praxis los que se citan. Aquí se nombra y da entidad a la violencia obstétrica y esto sienta un precedente que será útil en otras causas en Argentina. Pero a su vez siento que es poco, nadie podrá devolverme tantos años de desgaste que representa sostener una causa, mi vida y salud mental siempre inestables, así también mi economía, porque pese a ser profesora, al convertirme en una mujer con discapacidad, hasta mis horas cátedras se esfumaron, mientras que trabajé hasta el último día de mi embarazo, con 42 horas recorriendo colonias y pueblos a los cuales llegaba caminando o haciendo dedo.

Todo. La causa al principio me llenó de miedo, estuve mucho tiempo sin poder salir a la calle por temor a mi vida pues había amenazas, luego mi salud mental, insomnio y depresión, pensar y repensar cada año si éste sería el que daría fin al proceso, pero llegaba la feria y otro año se sumaba. Tuve que enfocarme en estudiar y capacitarme porque si no lo más factible sería quedar en una cama día y noche. Ayudar a otras mujeres, dar charlas, acompañar ayudó mucho, era como una curita a mi alma. Y por cada parto respetado que me comentaban algo volvía a brillar en mí. Así entendí que este era el camino correcto. No, nunca se me cruzó por la mente, jamás. Siempre dije, a mí me verán aquí en las marchas y las calles como las abuelas de Plaza de Mayo. Ya no lo hacía por mí sino por mis hijas y todas las generaciones de futuras gestantes.

Justamente Norita Cortiñas había conocido mi historia y apoyaba la causa. Nos íbamos a ver en uno de los encuentros por la Semana del Parto Respetado en el 2024 frente al Congreso y yo no pude viajar, pocos días después falleció. Por eso ayer le decía a esa compañera: este fallo es también un poco suyo.

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