sábado, 18 abril, 2026
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Carmen Cáceres, escritora misionera, reflexiona sobre la literatura y el lugar de los autores del interior

La autora posadeña, ganadora del Premio Medifé Filba, analizó la visibilidad de los escritores de provincia y compartió detalles de su obra y su proceso creativo.

La escritora posadeña Carmen M. Cáceres, ganadora del Premio Medifé Filba por su novela «La ficción del ahorro», participó del ciclo de entrevistas «En escena verás». En la conversación, reflexionó sobre los discursos sociales y abordó la representación de las provincias en la literatura nacional.

Cáceres señaló que es «triste que en las librerías estén aparte los escritores misioneros, es como que está la literatura nacional y los porteños». Para la autora, la ficción nacional ha estado históricamente escindida entre la Capital Federal y un interior percibido como homogéneo. No obstante, destacó que en la última década este panorama comenzó a cambiar con autores de Córdoba, Tucumán y Entre Ríos, aunque aún existe poca ficción situada en ciudades de provincia.

Su novela ganadora, que transcurre en la Posadas de 2001, fue valorada por el jurado precisamente por mostrar la crisis económica desde una perspectiva provincial. «Posadas es un escenario que no existe en la literatura nacional. Existe muy poco», afirmó Cáceres.

Además de su faceta como narradora, Cáceres es ensayista. Su obra favorita es «Al borde de la boca. Diez intuiciones en torno al mate» (2022), un ensayo literario que explora la fenomenología de esta costumbre. También se desempeña como traductora; junto al escritor Andrés Barba tradujo al español «Una tierra prometida», de Barack Obama, un trabajo que describió como «tenso» debido a los estrictos acuerdos de confidencialidad.

Licenciada en Administración de Empresas, Cáceres es además una destacada collagista, con formación en Estados Unidos y España. Sobre el arte del collage, comentó que hace una década representaba una alternativa a la «cosa neurótica de la pantalla» y a la perfección digital.

Respecto al lugar de la mujer en la literatura, la autora consideró que «la literatura buena no tiene género» y que las obras se leen por su calidad, no por el género de quien las escribe, aunque reconoció que ha existido un sesgo en la industria editorial.

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