El centro educativo y de rehabilitación para personas con discapacidad enfrenta un límite de espacio físico que le impide atender a más estudiantes. Para financiar las obras de ampliación, la asociación que lo gestiona relanzó una campaña de socios colaboradores.
El Instituto Esperanza de Puerto Iguazú, un centro de educación y rehabilitación para personas con discapacidad de todas las edades, se encuentra ante el desafío de ampliar su infraestructura debido al crecimiento constante de su matrícula y lista de espera. La institución, que funciona hace más de treinta años, es una referencia en la región por su labor educativa y de acompañamiento.
Para hacer frente a esta necesidad, la Asociación Esperanza, conformada por familias y miembros de la comunidad, decidió relanzar una campaña de socios colaboradores. La iniciativa busca reunir fondos a través de un aporte mensual de cinco mil pesos, que permitiría iniciar las obras de refacción y ampliación del edificio actual.
Violeta Martínez, presidenta de la asociación, explicó que el espacio físico se ha vuelto insuficiente. «Nuestra familia está creciendo y nos está quedando terriblemente chico el espacio. Incluso nos falta personal, pero no podemos pedir horas ni profesionales si no tenemos salones», señaló en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. Este problema evidencia, según Martínez, una carencia más amplia en la zona: la falta de vacantes en educación especial.
El instituto se sostiene actualmente con las cuotas de las familias, fijadas en un monto accesible de quince mil pesos mensuales, y donaciones. Sin embargo, estos ingresos no alcanzan para proyectos de construcción. «Sabemos que hay familias muy humildes dentro de la escuela, a las que cobrarles una cuota más cara es sacarles el plato de comida», afirmó Martínez.
Fundado en 1991 para cubrir una ausencia de servicios educativos especializados en Puerto Iguazú, el Instituto Esperanza atiende a personas desde los 45 días de vida hasta adultos mayores. Su trabajo abarca desde rehabilitación temprana y contenidos pedagógicos adaptados, hasta talleres y proyectos de inserción laboral para la vida adulta, con el objetivo de fomentar la independencia.
El objetivo inmediato es refaccionar y ampliar el edificio para reducir la lista de espera. A largo plazo, el proyecto de la comunidad es más ambicioso: la construcción de una escuela de tres pisos.
