miércoles, 15 abril, 2026
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El Día Internacional del Beso y sus efectos en la salud y el bienestar

Cada 13 de abril se celebra el Día Internacional del Beso, una fecha que invita a reflexionar sobre este gesto de afecto y sus múltiples implicancias, desde los beneficios para la salud física y mental hasta su papel en las relaciones humanas.

El beso es un acto humano cargado de significado que trasciende lo emocional y tiene efectos comprobados en nuestra salud. Durante un beso, se desencadena un proceso neuronal que libera diversas sustancias químicas, generando una cascada de sensaciones en el cuerpo. Entre estas sustancias se encuentran neurotransmisores asociados al bienestar, comúnmente llamados el «trío de la felicidad».

Además, se produce sebo que contiene feromonas, sustancias que influyen en el comportamiento y ayudan a establecer vínculos afectivos. El acto de besar también libera adrenalina y noradrenalina, lo que acelera el ritmo cardíaco y aumenta la presión arterial, especialmente cuando hay atracción.

El Día Internacional del Beso, que se conmemora cada 13 de abril, tiene su origen en un récord establecido por una pareja tailandesa que protagonizó el beso más largo de la historia, con una duración de más de 58 horas. En muchas ciudades del mundo, incluida la provincia de Misiones, se suelen realizar concursos y actividades relacionadas con esta fecha.

Desde el punto de vista fisiológico, besar implica el movimiento de unos 36 músculos, puede quemar hasta 13 calorías y eleva las pulsaciones cardíacas de 60 a 100 latidos por minuto.

Los beneficios psicológicos del beso son igualmente significativos. Este gesto contribuye a renovar la confianza y fortalecer los vínculos afectivos, ya sean de pareja, familiares o de amistad. También puede incrementar la autoestima y es un factor reconocido para reducir los niveles de estrés y ansiedad, gracias a las sustancias químicas que se liberan.

Investigaciones en el campo de la psicobiología, como el estudio «La psicobiología del beso romántico» de Gordon Gallup, Susan Hughes y Marissa Harrison, señalan que el beso actúa como un intercambio de información química. Este intercambio permitiría, de manera inconsciente, evaluar la compatibilidad genética o reproductiva con la otra persona.

En definitiva, el beso es una práctica que, más allá de su dimensión cultural y afectiva, aporta beneficios concretos para la salud integral y la calidad de las relaciones interpersonales.

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