Tras la quiebra de Garbarino, su dueño, Carlos Rosales, apuntó contra el gobierno de Alberto Fernández y las medidas que tomó durante la cuarentena, con las restricciones que afectaron a la actividad comercial.
“El problema no era solo Garbarino”, señaló el empresario, en diálogo con Clarín, en alusión a la crisis financiera que atravesaba la compañía cuando la compró en la pandemia. Y, tras conocerse la decisión judicial, admitió que es la primera vez que habla públicamente desde que la empresa está concursada.
“El problema era, además, un sistema donde el Estado podía cerrar la economía sin medir el impacto sobre las empresas. En abril de 2021, cuando una empresa de retail no podía abrir sus locales por decisiones regulatorias, no estamos hablando de gestión. Hablamos simplemente de supervivencia”, señaló el empresario, en diálogo con Clarín.
“Soy un emprendedor que intentó salvar una empresa histórica que nadie quiso comprar en el peor momento económico del país y comprobé, en primera persona, los límites del modelo económico imperante en la Argentina de 2020, que hoy está cambiando amplia y favorablemente”, destacó en elogio a las políticas del gobierno de Javier Milei “Charly”, como le dicen en su círculo íntimo.
“Cuando intentamos implementar un fideicomiso y que el BICE fuera el fiduciario, nos juntamos con el ministro de Trabajo de ese gobierno y nos dijo textual: ‘Es una situación compleja, lo vamos a pensar’. Creo que hasta el día de hoy lo siguen pensando. Creí que la Argentina iba a permitir reestructurar empresas y preservar empleo. Lamentablemente el contexto había cambiado”, se lamentó.
Y, tras un proceso de compra que recuerda como “intenso” y “de muchas negociaciones”, agregó: “Si las condiciones de seguridad jurídica que hoy, en 2026, imperan en la Argentina hubiesen estado en marcha en 2020, actualmente, Garbarino sería líder en comercio electrónico”.
Con apenas 20 trabajadores, ahora la cadena solo tenía operativos tres locales: el de la Avenida Cabildo, casi llegando a Juramento, en el barrio porteño de Belgrano; el de la calle Uruguay, frente a Tribunales; y un outlet en Almagro. En los últimos días, liquidaron parte del stock que les quedó. Pero Garbarino fue líder del sector: llegó a tener más de 200 sucursales y 4.500 empleados.
Con capital propio, Rosales desembarcó en la empresa en junio de 2020, cuando le compró a los hermanos Daniel y Omar Garbarino la histórica cadena que fundaron en 1951. También en ese momento se quedó con otros negocios del grupo: la cadena Compumundo, las ensambladoras de Tierra del Fuego Digital Fueguina y Tecnosur, la agencia Garbarino Viajes y la financiera Fiden.
Cuando adquirió Garbarino, Rosales identificó el potencial de una marca fuerte, con 70 años de experiencia y penetración en todo el país y amplia presencia en la región.
En ese entonces, era dueño de la aseguradora Prof y protesorero del club de fútbol San Lorenzo, al que llegó por su relación con Marcelo Tinelli como candidato de la lista de Carlos Di Meglio, quien perdió frente a Carlos Abdo, dueño de la firma Estática Internacional.
También a fines de 2020 le compró a la española Prisa Radio Continental, que vendió a comienzos de 2025, luego de una crisis financiera que atravesó la tradicional emisora.
El plan que Rosales anunció para Garbarino cuando la compró implicaba reimpulsarla y que en los próximos 10 años no solo comprendiera la venta de electrodomésticos, sino también otros negocios.
En ese entonces, previó hacer una inversión inicial cercana a los $ 2.000 millones en un período de entre 18 y 24 meses e iniciar una expansión regional, en una primera etapa a Uruguay, Paraguay, Bolivia y Ecuador, países que, en ese momento, no tenían tantas marcas de retail a diferencia de mercados más desarrollados como Brasil y Chile.
Pero la pandemia le frustró los planes y, según Rosales, cuando tomó control de la empresa se encontró con “una crisis financiera mayor”. Fue así que decidió eficientizar la estructura, mientras refinanció pasivos.
