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Legado, oficio y pasión: la historia del luthier misionero que confecciona guitarras de alta calidad

Roberto Rojas es uno de los pocos luthier que quedan en la tierra colorada. Legado, oficio y pasión lo caracterizan para emprender este hobby que tiene años de entrenamiento. Según comentó a PRIMERA EDICIÓN, el proceso de construcción de una guitarra puede tardar 4 meses hasta la finalización total del mismo. Todas las piezas tienen una particularidad que le aportan calidad al sonido una vez terminada.

Roberto asegura que todo lo aprendió casi todo de Isabelino Balcázar, quien accedió a enseñarle. Posteriormente, comenzó a estudiar junto a Francisco Estrada Gómez, un luthier muy reconocido de Argentina: “Es uno de los mejores, mil guitarras hechas, 60 años de luthería. Lo llamo y le pregunto si también me podía enseñar. Al otro día me dice que sí, que vaya a Buenos Aires”.

Cada parte de las guitarras que confecciona Roberto, tienen una rol esencial. “Se va conformando por parte y se ensambla. Se empieza por el mango, después se pasa a la tapa, una vez que tenemos eso vamos montando el fondo y el aro de la guitarra, después colocamos el diapasón y por último el puente”.

Comentó además que utiliza una técnica muy particular y antigua para el acabado del producto: “El laqueado se llama ‘lustre francés’, es a goma loca, como se hacía antes en los muebles. El laqueado es un sistema de lustre, que brinda la posibilidad que la guitarra vibre, si vibra genera ondas de presión, sonido y eso es bueno. Con otro sistema de laqueado queda todo muy rígido, muy plastificado y la guitarra no vibra, no tiene movimiento”, explicó.

A esto último agregó: “El diapasón tiene que vibrar, el puente tiene que vibrar, todo por medio de la vibración de las cuerdas, el aro, el fondo tiene que refractar el sonido”.

Expuso que gran parte del valor sonoro de la guitarra se ubica en la tapa, y que por ello, es una de las partes donde más se trabaja. “La tapa se trabaja con una estructura interna adentro que sería el ecualizador de la tapa, el plano tiene cada medida, de cada tramo, de cada pieza que se pone para lograr el sonido que se desea”.

Roberto le aporta su valor agregado al producto y para ello diseña algo muy particular en sus guitarras.  “La boca que yo hago es diferente, tiene una forma estilizada de un corazón. Me di cuenta de que el guitarrista siempre tocaba en una posición y que justamente es la posición del corazón, entonces reflejé eso”.

Asimismo, comentó con los materiales que trabaja: “Para la tapa en este tipo de guitarra se usa cedro canadiense o pino abeto alemán, que son maderas que ya están probadas de mucho tiempo que funcionan a la perfección. Uso ébano africano, una madera de color oscura, muy densa, que genera muy buenos timbres para el puente. Puedo utilizar también ébano de la región, que también se utiliza como para el fondo y para el aro. Jacarandá de Bolivia, o Moradillo”, describió.

Este tipo de materiales seleccionados le brinda la posibilidad al ejecutante de poder moverse en una amplia gama de sonidos, y tener muchas posibilidades de generar la obra con todos esos matices, timbres y color de sonido.

Roberto cuando comenzó de joven, tuvo una impresión muy grande cuando acompañó a su amigo por primera vez a conocer el taller de Balcázar: “Me generó una impresión tan grande, algo interno en mí dijo ‘esto me gustaría aprender’”.

“Primero aprendí a fabricar violines, pero a mí me interesaba las guitarras y ahí pasamos a ese tema de la guitarra”, agregó.

Cuatro meses y monedas para una guitarra Las guitarras que construye son tan delicadas y especiales que armar una por completo puede llevar mucho tiempo. “Armar una completa, más o menos, entre tres meses y medio, cuatro meses con una dedicación de medio tiempo, trabajando por la tarde, unas cuatro o cinco horas. Además lleva un tiempo de asentamiento en la cual queda acá en el taller, lo voy asentando, lo voy calibrando porque la madera siempre trabaja”, expuso.

El oficio deviene en pasión: “La verdad que cuando termino de hacer una guitarra, me da mucha satisfacción escucharla por primera vez, como suena es algo muy emocionante. He llegado hasta las lágrimas porque uno lo está trabajando y acariciando cuatro meses, entonces cuando suena por primera vez es una emoción muy grande”.

Por último contó que debido a su trabajo y perseverancia llegó a muchos artistas de alto nivel : “Tuve la posibilidad de llevar la guitarra desde Leo Brower, que es un músico contemporáneo de excelente calidad, y me ha firmado una de las guitarras. Marcelo Alameda que es integrante del trío “Dos más uno” de la Peña del Morfi, él también ha probado, su hermano también probado, y dando muy buenas devoluciones”.

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