Dolarización: otra crisis de peso

La inflación es el gran tema de la economía argentina del último medio siglo, al menos. También sobre la fijación por el dólar y la razón surge repetidamente con nitidez: más que aferrarse a una moneda extranjera es encontrar un salvavidas que mantenga a flote el poder adquisitivo arrasado por la inflación. El número. Pero…

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La inflación es el gran tema de la economía argentina del último medio siglo, al menos. También sobre la fijación por el dólar y la razón surge repetidamente con nitidez: más que aferrarse a una moneda extranjera es encontrar un salvavidas que mantenga a flote el poder adquisitivo arrasado por la inflación.

El número. Pero en el mundo la fluctuación de la moneda norteamericana fue cambiando en función de los ciclos económicos y las corrientes de intercambio comercial entre bloques. Ahora mismo el dólar se muestra fuerte contra el euro y el yen, luego de casi una década en que su debilidad influyó el boom de los commodities. En el caso argentino, la mayor parte del nuestro comercio internacional no juega en el “área dólar” por lo que atarse a su cotización podría ocasionar desequilibrios en nuestro intercambio.

Durante las turbulencias de julio pasado, la primera alarma fue la estampida del dólar “libre” que llegó a tocar los $340 ($470 de hoy). Y en ese momento resurgió la idea que la única solución a la inestabilidad eterna sería un corsé aún más duro que la convertibilidad: una dolarización, lisa y llana.

La escasez de dólares en las reservas del Banco Central derivó en la panacea del “dólar soja”, medida por la cual los exportadores de ese producto sin incidencia mayor en la canasta familiar recibían un tipo de cambio diferencial. En realidad, un movimiento contable también para cobrar más retenciones sobre el valor más alto, pero que hizo vaciar los silos bolsas y poder tener la foto, a fin de septiembre, del nivel de reservas comprometido con el FMI.

Nuevamente la crisis de reservas se adueñó el panorama, la respuesta del cepo ahogó la reactivación en marcha por la ruptura de buena parte de las cadenas logísticas de insumos y productos. El plan “dólar soja 2.0” llegó a pesar de que su versión original iba a ser la última. Bueno, la necesidad de mostrar a fin de mes una foto acorde a lo comprometido. El economista Esteba Domecq, presidente de Invecq, estima que terminarán ingresando US$3.000 millones, de los cuales US$1.000 millones terminarán siendo demandados por importadores y el resto sí, engrosarán las reservas. Al mismo tiempo, el resultado fiscal fruto

Pero la zona de peligro está en lo que se podría expandir la oferta monetaria si se volcara todo al mercado por la sencilla razón que se viven un proceso de fuerte caída en la demanda de dinero. En castellano: nadie quiere pesos así nomás y para aceptarlos, el “precio” debe ser cada vez más alto. Es por eso que la tasa de interés que la colocación de letras (Leliqs, por ejemplo) para absorber tanta liquidez tiene que subir cada mes. En realidad, recién en este último trimestre llegó a empatar la inflación o situarse algún punto por encima.

Jorge Colina, economista de IDESA, pone la huida del peso en el centro del escenario. “Este rechazo es el que hace que la emisión monetaria sea inflacionaria. En este marco, pretender que la inflación baje cuando se reedita el dólar-soja –que aumenta la emisión– es muy contradictorio”, explica. Su cálculo es que de los $14 billones de oferta monetaria, sólo $4,5 billones están en circulación (un tercio) y el resto en la bola de nieve de las Leliqs      .

La apuesta. El consultor y economista Alfredo Romano, ve en las “Leliqs “han sido la peor creación de política monetaria de los últimos 50 años. Frente a gobiernos absolutamente indisciplinados en materia fiscal y monetaria, utilizar el mecanismo del BCRA para financiar déficits cuasi fiscales, solo deterioraron el sistema financiero de crédito en nuestro país, además de destruir nuestra moneda. No se puede implementar ningún programa económico serio y consistente con déficit fiscal primario”, sentencia.

Romano es el director de la carrera de Economía Empresarial de la Universidad Austral y autor del libro “Dolarizar, un camino hacia la estabilidad económica” en el que propone que, “frente a nuestra anomia institucional, la única manera de generar una política de Estado en materia económica es ir hacia a un proceso de dolarización”.

A su juicio, Argentina es una máquina de producir dólares y frente a un cambio de gobierno, con una propuesta económica robusta, se va a poder dolarizar tomando como referencia al tipo de cambio de equilibrio de nuestra economía: los dólares financieros”.

Controversia. Si existe un consenso entre los economistas es que la búsqueda del equilibrio fiscal no es algo accesorio. María Castiglioni, directora de C&T Asesores Económicos observa que resurge la discusión sobre la dolarización, pero no lo ve como un proceso inevitable. “La gente se quiere cubrir yendo al dólar o consumiendo bienes y servicios. Pero nuestros vecinos lo resolvieron con planes de estabilización, reformas eficaces y un Banco Central que se ocupe de asegurar el valor de la moneda. Pero si no hay solvencia fiscal, nada de esto tendrá éxito”, explica.

En ese sentido, aprecia los efectos de una eventual dolarización para la estabilización ya que la inflación bajaría más rápido por confianza en la moneda, constituiría un ancla interesante como referencia para el resto de las variables y transparentaría las cuentas públicas. Sin, embargo, señala el ejemplo de la convertibilidad como algo negativo ya que, en ese lapso, hubo desequilibrio fiscal financiado por aumento de impuestos, y luego con endeudamiento. “Al fin y al cabo, se necesita una economía competitiva para enfrentar a una moneda fuerte porque sino se termina pagando con menor actividad económica o el colapso del sistema, como en 2001. Con 40% de pobreza estructural, veo complicado el riesgo de una recesión”, subraya. En conclusión, su sugiere mirar la dolarización como una alternativa, pero no como un atajo para dejar de “hacer los deberes”. Una discusión que por ahora transita carriles civilizados, pero cuando los “dólar soja” y demás innovaciones de la política monetaria se agoten, volverá al escenario, pero lo hará en pleno caos. Mejor analizarlo cuando las variables todavía parecen controladas.

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