“Hace cuatro años que mi papá no está. Se llamaba Diego y era un fotógrafo un poco famoso”

“Mi papá me puso mi nombre y a mí me gusta”, enfatiza León, quien dice sentirse acompañado por Diego “aunque no lo vea”. (Foto: Alejandro Santa Cruz) “Ahora casi nunca lloro”, dice León mientras se rasca con fruición los ojos y compone su voz. Ahora es tres años, nueve meses y quince días después de…

“hace-cuatro-anos-que-mi-papa-no-esta.-se-llamaba-diego-y-era-un-fotografo-un-poco-famoso”

“Mi papá me puso mi nombre y a mí me gusta”, enfatiza León, quien dice sentirse acompañado por Diego “aunque no lo vea”. (Foto: Alejandro Santa Cruz) “Ahora casi nunca lloro”, dice León mientras se rasca con fruición los ojos y compone su voz. Ahora es tres años, nueve meses y quince días después de que su papá, el fotógrafo Diego Paruelo, falleció y su sorpresiva y devastadora ausencia lo sumió en una orfandad que un chico como él, de entonces apenas 5 años, debió duelar aun sin saber qué era eso que los grandes llaman muerte.

“Les diría que pasé por esa etapa, que me sentí mal y, dependiendo cómo seas, vas a estar varios meses con mucha tristeza y con el tiempo te empezás a sentir más acostumbrado. Pero de vez en cuando te vas a poner mal. Ahora casi nunca lloro. Depende de cómo hayas sido con tu papá es cómo vas a ir viviendo” su ausencia, asevera León al responder una pregunta de Télam acerca de qué de su experiencia puede compartir con otros chicos y chicas que estén transitando la pérdida de un ser querido.

A León su papá se le “aparece” cuando recuerda todo lo que hacían juntos. Como los paseos por Parque Centenario y las visitas al Museo de Ciencias Naturales. (Foto: Alejandro Santa Cruz) La entrevista se produjo luego de que él diese su consentimiento a compartir sus emociones y reflexiones sobre su duelo personal y de que su mamá, Rocío, y su terapeuta lo preparasen para el diálogo periodístico.

“Hace cuatro años que mi papá no está. Se llamaba Diego Paruelo y era un fotógrafo un poco famoso. Lo sé porque sale en Google”, señala desplegando su orgullo León, quien buscó por última vez en ese explorador hace algo más de dos meses. “Recordé lindas cosas que hacíamos y me puse mal porque lo extraño”, añade y enseguida vuelve a aclarar: “Ahora lo lloro muy poco, antes lo lloraba mucho”.

A su papá, quien supo ser vicepresidente de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (Argra), León lo busca por su nombre y apellido. Aunque, en ocasiones, lo hace explorándose en su vínculo con él. “Cuando pongo ‘el hijo de Diego Paruelo’ aparezco junto a él, agarrado de su mano”, cuenta León al referirse a una foto emblemática, de las decenas que poblaron la web a partir del 22 de febrero de 2019, el día que falleció el fotorreportero, en la que ambos aparecen de espaldas caminando y tomados de la mano, tras un acto realizado tres años antes en reclamo por el abandono que hizo el empresario Sergio Szpolski del diario Tiempo Argentino.

León compartió sus emociones y reflexiones sobre su duelo personal luego de que su mamá, Rocío, y su terapeuta lo preparasen para el diálogo periodístico. (Foto: Alejandro Santa Cruz) A León su papá se le “aparece” cuando recuerda todo lo que hacían juntos. Y aunque por momentos revela que lo entristece el hecho de que “hay cosas que ya no podré hacer”, su mirada se ilumina al rememorar sus paseos por el porteño Parque Centenario y sus alrededores, donde, juntos, le daban de comer a los peces y eran visitantes asiduos del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia: “Allí tengo un pez amigo, que se llama Dorado. Y vimos la cola de un anquilosaurio”.

“Mi papá me puso mi nombre y a mí me gusta”, enfatiza León, quien dice sentirse acompañado por Diego “aunque no lo vea”.

“Me siento solo, como sin papá. Pero por lo menos tengo un papá de repuesto. Le empecé a decir papá hace casi un año. No tengo muchas respuestas todavía de por qué le digo papá de repuesto pero lo quiero mucho y me gusta tenerlo”, suelta antes de ir corriendo al encuentro del fotógrafo de Télam, a quien en cuestión de segundos comienza a sugerirle cómo retratarlo, solo y sobre todo tomando de la mano fotos de cuando él y Diego compartían risas y miradas.