“El prestigio me parece algo muy peligroso”

Hace ya varios años que dejó de ser la “hija de Moria Casán”. Hoy Sofía Gala Castiglione tiene su propia historia y entrecruza sus estrenos para las pantallas y el teatro. Fue Eliseo Subiela el primero en convocarla para El resultado del amor (2007) y no paró de filmar. Desde el jueves 19 se la…

“el-prestigio-me-parece-algo-muy-peligroso”

Hace ya varios años que dejó de ser la “hija de Moria Casán”. Hoy Sofía Gala Castiglione tiene su propia historia y entrecruza sus estrenos para las pantallas y el teatro. Fue Eliseo Subiela el primero en convocarla para El resultado del amor (2007) y no paró de filmar. Desde el jueves 19 se la podrá ver en la piel de Rosa, coprotagonista junto a Germán Palacios de la primera película de Lucas Vivo García Lagos, titulada Franklin. Historia de un billete. Este thriller policial cuenta también con las actuaciones de Joaquín Ferreira, Christian Salguero, Luis Ziembrowsky, Isabel Macedo y Luis Brandoni. 

Dirá Sofía Gala: “Lo primero que busco de un guión es que sea dinámico y me atrape. Una como intérprete no tiene mucha influencia sobre el resultado final de lo que haga en el cine. Busco que me guste el papel que debo encarnar. En Franklin particularmente me gustó mucho el elenco. No lo conocía trabajando a Germán (Palacios), pero sí lo había hecho con Daniel (Aráoz) y siempre había sido un placer, lo adoro. Busco contar una buena historia y que la persona que debo interpretar me sirva a mí. Es lo emocional y filosófico del trabajo. Te termina dando una vuelta a vos, porque es una gran catarsis interpretar”.

—¿Sentís que te convocan para mujeres marginales?

—No lo había pensado de esa manera. Siento que me buscan para interpretar mujeres fuertes. Tal vez lo que más repercusión tuvieron fueron esos papeles, pero no siempre encarno marginales. Hay muchas películas donde hice otros roles. Por ejemplo, en Alanis o en mi primera película El resultado del amor con las que gané varios premios no tienen nada que ver. Quizás sean elecciones que una hace sin darse cuenta. No juzgo a los personajes, veo sus historias de vida y el tránsito que tengo que hacer.

—¿Cómo y cuándo filmaron «Franklin. Historia de un billete»?

—Fue a mitad del año pasado, con protocolos y análisis contra el Covid. Ensayábamos con barbijos y sólo los sacábamos en el momento de filmar. Fuimos una burbuja muy cerrada, sobre todo porque es una película con muchas cercanías. Actuamos muy cuerpo a cuerpo. 

—¿Estrenarás más películas?

—El 9 de junio presentamos Cadáver exquisito, que es la ópera prima de Lucía Vassallo, quien además es muy amiga mía. Esta es de género fuerte, erótica y estéticamente bella y perturbadora, como lo que a mí me gusta hacer. No sé si este año se presentará Natalia Natalia de Juan Bautista Stagnaro, que es un policial negro, también muy interesante. Además tengo mi propio proyecto. Durante la cuarentena hicimos con César González una película experimental con nuestro grupo de amigos. Está filmada con los celulares con cero recursos, salvo nuestro ingenio e imaginación. Estamos haciendo la post producción con gente que nos ayuda. Se llama Fobia, hay performer, músicos, todo basado entre amigos. No hay ficción, es algo raro. Trabajan desde los veintipico hasta los cincuenta y pico años, refleja mi tribu y ese universo que transitamos. 

—¿Qué significó trabajar con Fernando Peña en «Yo chancho y glamoroso»? 

—Fernando era un amigo, principalmente. Lo conocí en un momento en el que yo estaba bastante peleada con la interpretación y la fama. Me había ido de Los Roldán porque no quería actuar más. Sentí que la actuación formaba parte de lo mediático y con mis 16 años no entendía bien que una podía elegir. Fernando insistió en que tenía que subir al escenario, él había escrito esa obra contra todo lo mediático y me impulsó para que estuviera ahí. El me vio y ante una situación de duda me ayudó. Era mi amigo antes que nada. Paralelamente trabajé acompañándolo en el otro espectáculo, Mugre. Fueron clases y enseñanzas de avanzada. Era un actor increíble y confiaba en mí. Aprendí el trabajo de obrero, de grupo, de equipo, sin tener el papel principal. Fue fundamental para entender que ésta era clave para mi desarrollo emocional y entender que era esto lo que quería hacer.

—Una vez que descubriste que quería ser actriz: ¿con quién estudiaste?

—Soy autodidacta. Empecé a estudiar trabajando. Tuve la suerte de trabajar con grandes directores y actores, desde la primera vez que actué con Fernando Peña, Eliseo Subiela, Norma Argentina o Julio Arrieta. Fui aprendiendo siempre sin tener demasiada pretensión, más que la de transitar – hasta el día de hoy- lo que amo, experimentar, aprender y equivocarme. Hacer papeles que me gusten más y otros menos. No tengo una meta profesional, como de prestigio, de llegar a tal u otro lado. Además el prestigio me parece algo muy peligroso, que a veces condiciona. Lo que más me interesa es lo que transito con gente con la que trabajo. Aprendo de los compañeros de elenco, directores y técnicos, tanto en el cine, la televisión o en el teatro. Busco ser verdadera. El reconocimiento es fantástico, a mí no me pesa por de donde vengo. Desde el momento cero el cine me abrió sus puertas. 

—¿A qué le decís que no?

—Depende. Puede ser a algo que no me interesa desde el guión. Estoy aprendiendo a elegir cuando no tengo tiempo. Una tiene este trabajo, momentos con mucho y otros nada. Mi instrumento como actriz es la psiquis y es algo que usamos todo el tiempo, en la vida, no sólo cuando se trabaja. Durante la cuarentena me di cuenta que no tenía tiempo para nada. Tengo la necesidad de estar con mis hijos, no me quiero perder su infancia. 

—¿Cómo es la relación de tus hijos con la actuación? ¿Te molestaría que repitieran tu historia?

—No me molestaría que hagan lo que ellos quieran. Mi hija mayor dibuja muy bien, el más chico también disfruta mucho del arte. Más allá de la actuación, sea la pintura, lo audiovisual o la lectura los incentivo todo el tiempo. Creo que el arte es lo más importante para que la calidad de vida de una persona sea buena. Como escribió Nietzsche: “Sin arte el mundo sería un error”. Además es colectivo, está el que lo hace y el que lo recepciona, siempre estás involucrado.  

—Se te asocia con la rebeldía…

—Esa imagen es porque soy una persona que digo lo que pienso, pero nunca fui agresiva con nadie. Vivo mi vida como tengo ganas, pero no soy irrespetuosa. Si me comprometo con algo lo cumplo. No soy necesariamente rebelde. Pareciera que decir lo que se piensa sea algo malo o transgresor. Estamos un día y medio vivos, no voy a perder el tiempo siguiendo las reglas de un ente que no sé quién es. Sigo las normas para poder vivir en sociedad. Creo que hay mucho miedo de ser libre, dentro de lo que se puede en esta cultura en la que vivimos. Si algo me hace mal, me marchito. Mi camino es poder elegir y eso lo hago con placer. Sos mejor con los otros cuando hacés lo que amás. No soy maleducada. Vivo para mis hijos, mi madre y mis amigos.

“Soy acuariana hasta  la médula”

En la actualidad Sofía Gala Castiglione comparte los estrenos de las películas que protagonizó con el teatro. Hoy integra el elenco de Closer junto a Carolina del Carmen Peleritti, Juan Gil Navarro y Gonzalo Valenzuela, actuando de miércoles a domingos en Multiteatro. 

Asegura: “Me encanta trabajar con el otro. Hay mucho ego, y a veces te aislás y eso para mí sería la muerte. Me gusta trabajar con los directores, mirar los ojos del otro actor. También el que me maquillen, aceptar y adaptarme, lo mismo con el vestuario. Es colectivo o nada. Soy acuariana hasta la medula. Lo hermoso de la actuación viva es que realmente ahí se cierra el círculo cuando te ven. El cine está inmortalizado. Mientras que en el teatro cada día es distinto, podés ensayar pero la obra se completa con el público. Es otra forma y otra rutina. Tengo la suerte de poder transitar lo audiovisual, tanto desde la pantalla grande, la chica y el teatro. Todas son formas muy distintas de trabajo. Subir al escenario es un privilegio. Estoy tan contenta de tener espectadores que los barbijos no los veo. Hacer lo que amo, cuando creímos que no podíamos hacerlo nunca más”. 

Cuando se le recuerda que fue Marcelo Tinelli quien primero la convocó para Los Roldán, casi como un descubridor, confiesa: “Nunca lo pensé así. El me dio ese papel aunque estuve poco tiempo. Fue mi primer trabajo y me permitió irme de la casa de mi mamá. Comprarme mi propia comida y las cosas que necesitaba para vivir. No pienso en esos términos, como descubridor. Marcelo me dio mi primer trabajo, pero es una quien se descubre a sí misma”.

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