Beba Berruet, la novia oculta: el gran amor en la vida de Fangio pero a la que nunca se atrevió a nombrar

En la década del ’50, la de mayor gloria para Juan Manuel Fangio, los reportes periodísticos mencionaban frecuentemente que en sus viajes por Europa estaba acompañaba por “su esposa”.El 15 de febrero de 1966, Clarín tituló una entrevista realizada al quíntuple campeón de la Fórmula 1 en Mar del Plata en ocasión de la temporada…

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En la década del ’50, la de mayor gloria para Juan Manuel Fangio, los reportes periodísticos mencionaban frecuentemente que en sus viajes por Europa estaba acompañaba por “su esposa”.

El 15 de febrero de 1966, Clarín tituló una entrevista realizada al quíntuple campeón de la Fórmula 1 en Mar del Plata en ocasión de la temporada internacional de Fórmula 3 “Fangio al hijo: ‘Mi consejo es que se cuide'”.

Sin embargo, el Chueco nunca sacó la libreta roja ni inscribió un hijo en el Registro Civil, aunque dos décadas después de su muerte la Justicia determinara que tuvo tres.

A pesar de que él nunca lo reconociera, Fangio formó una familia. Conoció a Andrea “Beba” Berruet a mediados de los ’30, cuando él era un mecánico con sueños de piloto y ella tenía unos 20 años y estaba separada de su marido, Luis Alcides Espinosa, en un país donde el divorcio no estaba avalado.

Loreto Fangio y Herminia Deramo, los padres del Chueco, “no tenían buen feeling” con Beba, según se cuenta en el libro Algo del antiguo fuego (Tusquets), que escribió el periodista Miguel Prenz sobre la historia de los tres hijos del máximo ídolo del automovilismo argentino. “Mi viejo había tenido una novia que era de una familia más o menos bien de Balcarce y la había dejado por mi vieja, que por él se había separado de Espinosa”, explicó allí Cacho, el hijo de la pareja, que nació el 6 de abril de 1938 pero fue anotado como Oscar Alcides Espinosa: ni Berruet ni Fangio.

Beba no era un personaje desconocido para el mundo motor en el que se movía el Chueco. Después de una década del ’40 en la que Fangio dio sus primeros pasos en el automovilismo nacional y regional -por lo que pasaba largos períodos lejos de Balcarce y, por ende, de su compañera y su hijo-, ella decidió que un océano no los separaría y lo acompañó cuando él empezó su trayectoria internacional .

Llega Juan M. Fangío. Procedente de Milán arribará hoy a las 17, a Ezeiza, el corredor Juan Manuel Fangio, acompañado por su esposa. Aficionados, familiares, amigos, autoridades del Automóvil Club y del deporte automotor brindarán cálida acogida al cinco veces campeón mundial. (Clarín, 10 de octubre de 1958)

Cuando en 1949 el Chueco y Beba se fueron a Europa, Oscar quedó al cuidado de los familiares de Espinosa en Balcarce hasta que a los 12 años se mudó a la casa de su abuela materna en Mar del Plata para continuar con sus estudios secundarios.

“Mi vieja acompañó a mi viejo durante toda su campaña en Europa. Cocinaba para los pilotos en los autódromos, aparece en todas las filmaciones de las carreras”, explicó Cacho sobre un material fílmico que es fácilmente rastreable, ya que hasta figura en el documental “El hombre que domaba las máquinas” que puede verse en la plataforma Netflix.

También es sencillo de comprobar en los diarios de la época. El 6 de junio de 1954, Clarín publicó: “Rumbo a Europa partió ayer por vía aérea, en compañía de su esposa, el volante Juan Manuel Fangio, quien, contratado por la casa Daimler, de Alemania, integrará el equipo oficial en las próximas competencias con puntaje para el campeonato mundial. Fangio se presentará en el Gran Premio de Reims, el 4 de julio próximo”.

Partió J. Fangio. Rumbo a Europa partió ayer por vía aérea, en compañía de su esposa, el volante Juan Manuel Fangio, quien, contratado por la casa Daimler, de Alemania, integrará el equipo oficial en las próximas competencias con puntaje para el campeonato mundial. Fangio se presentará en el Gran Premio de Reims, el 4 de julio próximo. (Clarín, 6 de junio de 1954)

“Una vez más partió para Italia, deseoso de participar en las 500 Millas de Monza, el quíntuple campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, al que acompaña en esta ocasión su señora esposa. El famoso volante argentino, en un avión de Alitalia, salió ayer a las 9.30 horas con el propósito enunciado, aún cuando su participación está condicionada a que los dirigentes italianos pongan a su disposición una máquina con la que pueda competir en esa clásica carrera, con buenas probabilidades de éxito”, se puede leer en otro reporte del 22 de junio de 1958.

Una vez más partió para Italia, deseoso de participar en las 500 Millas de Monza, el quíntuple campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, al que acompaña en esta ocasión su señora esposa. El famoso volante argentino, en un avión de Alitalia, salió ayer a las 9.30 horas con el propósito enunciado, aún cuando su participación está condicionada a que los dirigentes italianos pongan a su disposición una máquina con la que pueda competir en esa clásica carrera, con buenas probabilidades de éxito. (Clarín, 22 de junio de 1958)

En una serie de artículos biográficos publicada en el momento de su retiro, Fangio la reconoció aunque sin nombrarla. “Tenemos 25 años de casados”, dijo, aunque en realidad no se había casado ni se casaría con Andrea Berruet.

Mucho después, cuando algún periodista le preguntaba por cuestiones del amor, un Chueco que ya rondaba los 80 años respondía: “Cuando uno tiene una carrera en pista, no se puede andar haciendo el amor. Me quedó pendiente el haberme casado y formado una familia. En una época conocí a una mujer que me quería y yo también a ella. Para qué voy a contarlo. Hubo una chica, sí… Pero uno comete errores en la vida. Aquello fue un mal entendido, una estupidez”.

Para Beba no lo fue. Además de cocinar y acompañar a su pareja en los autódromos, no dudó en permanecer con él por cuatro meses cuando se accidentó en el Gran Premio de Italia de 1952, en Monza, mientras su hijo era criado por su madre.

“La que no se movió de al lado de la cama fue mi vieja. Se pasó todo el tiempo cuidándolo. Como si fuera de cristal”, aportó Cacho, quien en esos años de gloria deportiva y reconocimiento para su padre aguardaba esas vacaciones de verano para pasarlas en Mar del Plata con ellos o escuchar los relatos que Froilán González o Stirling Moss le contaban en las previas de los Grandes Premios de Argentina en Buenos Aires.

Sin embargo, cada vez que presentaba su DNI, Oscar seguía siendo Espinosa. Y aunque Fangio inició el trámite para solicitar la adopción de su propio hijo, la abandonó poco después. “Mi mamá nunca se metió en lo del apellido”, reconoció Cacho, que sí le pidió a su padre que lo retomara en 1966 para poder sacar el pasaporte para continuar con la temporada de Fórmula 3 en Europa como lo que era ya públicamente: el hijo de Fangio.

Fangio al hijo: “Mi consejo es que se cuide” (*) La entrevista a Juan Manuel y Oscar Fangio publicada el el 15 de febrero de 1966 en Clarín.

MAR DEL PLATA, 14 (Enviado especial) Juan Manuel Fangio está en los boxes. Todavía apoyándose en una muleta metálica, con codo, debido a una infección en el pie derecho que le obliga a permanecer enyesado durante un lapso prolongado. Conversa con todo el mundo, pero su oído está atento al paso de cada auto: “Escuchá qué bien suena ese motor”… “Ellos nos ganan en hacer los cambios… no dejan caer el motor”… Y así todo el tiempo que duran los ensayos. Por ahí, alguien se le acerca y comenta con él: —Hay que ver a tu pibe… ¡Que bien dobla por Alem!

—¿Te parece? ¿No será ilusión óptica?

— En serio; lo hubieras visto.. .

—Mejor pa’él… .

Y el “Chueco” trata de restar importancia al asunto. No interfiere en la vida de Cacho. Lo deja hacer (“Alguna que otra vez le aconsejo que se cuide y si puedo darle alguna indicación se la doy…”), pero no está encima. Acaso quiere evitar que el apellido le pese demasiado. Ni siquiera intervino para que le adjudicaran una máquina (“Unos amigos juntaron pesos y le consiguieron prestado un coche… Yo nada tengo .que ver en el asunto… No me gusta meterme porque después se habla de que trato de protegerlo…”).

Cuando se le pregunta si le gusta cómo anda el pibe o si ve en él cierto futuro, se limita a responder: “Tiene que hacerse:.. Esto no es fácil ni se puede jugar… No sé si tendrá porvenir en el automovilismo. Eso tendrá que decirlo la gente que le dio el auto y que es la que lo sigue de cerca. Yo solo lo veo pasar… O me conformo con escuchar cómo anda su motor… El es grandecito y sabe lo que hace… Eso sí, me parece un chico serio y muy centrado. Todo lo que consiga ser lo tendrá por sus propios medios. No quiero meterme en nada… Cuando él me pide alguna opinión, no se la niego, y siempre le digo que se cuide, que hay tiempo para todo”.

Boxes. Más allá está Cacho Fangio. Ha bajado del auto, y luego de quitarse las antiparras y el casco cambia unas palabras con sus mecánicos (del equipo Charles Lucas) y se dirige adonde está su padre.

— ¿Y.. . cómo anduviste?

—Bien… Con los aros estos mejoraron las cosas… Ya no me manda la compresión al cárter… Los frenos están muy duros… Tengo que pararme para frenar… Pero no me puedo quejar.

Y allí termina el diálogo. Cacho va a reunirse con sus mecánicos, a quienes no abandona ni un segundo. Con quienes colabora en todo momento, ayudándolos, atendiéndolos, no haciéndoles faltar nada (ni refrescos ni alimentos). En lo silencioso y serio, poco hablador, se parece al Fangio de los comienzos. Admira y respeta a su padre, pero nunca tuvo la intención de imitarlo (o de intentar imitarlo). Todo lo hace por las suyas. (“Nunca lo tomé como ejemplo. Tampoco ha influido en mí. AI contrario, si por él fuera yo no tendría que correr. Lo único que sabe decirme es que me cuide, que tenga cuidado, que no loquee. Y recién me di cuenta  de que tenía razón en 1964, cuando corrí con un BMW en Carlos Paz. Le venia metiendo pata y al final me quedé colgado en un precipicio. Desde entonces sigo sus consejos…”.

Después nos comenta que corre porque le gusta. Que tiene que aprender mucho. Nos habla de la diferencia de viajar en un Gordini 1093 y enfundarse en un Brabham. Que no le pesa el apellido. Que corre para él solamente. (“No trato de valerme del nombre Fangio, aunque sin quererlo tenga algunas ventajas. Mi ingreso en el equipo de Charles Lucas fue porque soy hijo de Fangio”). Y cuando le interrogamos, finalmente, si piensa llegar, algún dia, a lo que llegó Juan Manuel, nos contesta terminantemente: “Ni lo sueño… El viejo es como Gardel… Nace uno cada cien años”.

Estos diálogos, que apuntamos durante uno de los ensayos en Mar del Plata, vienen a cuento ahora, tras la sensacional actuación de Cacho. Huelgan los comentarios. El muchacho, evidentemente, trata de abrirse camino despojado de toda influencia paterna (aunque por reflejo le alcance igualmente). Su seriedad y contracción lo hacen acreedor a la admiración de todos cuantos lo conocen y lo tratan. Lo suyo en la última jornada ha sido consagratorio.

En cuanto a Juan Manuel, la emoción que trasuntaba, a pesar de la aparente tranquilidad exterior, resultó mucho más elocuente que cualquier diálogo.

(*) Nota publicada en Clarín el 15 de febrero de 1966

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