Por qué hacen furor los juguetes antiestrés

Destronaron a los bloques, las muñecas, los autitos y los rompecabezas. En el ránking de juguetes más vendidos en el último tiempo no se ubica ninguno de los tradicionales. Y es que a tono con los tiempos de crisis mundial que corren, los chicos también han necesitado otros juegos: los más elegidos hoy tienen características…

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Destronaron a los bloques, las muñecas, los autitos y los rompecabezas. En el ránking de juguetes más vendidos en el último tiempo no se ubica ninguno de los tradicionales. Y es que a tono con los tiempos de crisis mundial que corren, los chicos también han necesitado otros juegos: los más elegidos hoy tienen características antiestrés. Se aprietan, desarman y estiran para darle a los niños una vía de descarga de tensiones. Toda una definición de esta época.

Modelos y razones Es cierto, no son nuevos. Versiones como el cubo Rubik, las pelotitas para apretar o hasta el papel de burbujas de plástico llevan muchas décadas entre nosotros. Pero la pandemia y la posterior cuarentena potenciaron la ansiedad y el estrés de los niños. Es que al efecto del aislamiento y el encierro se sumó el excesivo uso de pantallas, un poco por recreación y mucho por obligación escolar, hecho que en lugar de ayudar, contribuyó a tensionarlos. “Los chicos y chicas pasaban muchas horas sentados frente a un dispositivo electrónico (computadora, celulares, tablet) y a la vez necesitaban actividad física. Los juguetes antiestrés vienen a dar respuesta a esa necesidad, donde por medio del movimiento de las manos descargan y ayudan a la regulación sensorial”, apunta Soledad Barreto, profesora y licenciada en Psicopedagogía, especializada en neuropsicología infantil del aprendizaje y educación emocional y también a cargo de la cuenta @sole_psicope.

Entre las nuevas versiones rankea alto el “pop it”, un objeto de plástico con burbujas que pueden apretarse hacia adentro o afuera, y que se ofrece en todo tipo de formas y colores, desde unicornios a simples rectángulos o círculos. En líneas generales, es como la evolución del papel de burbujas, aunque en este formato incluso puede usarse de hielera para jugar luego con los hielos. Debe su fascinación sobre todo a los videos de Tik Tok, que lo volvieron viral. Sin necesidad de pilas y apto incluso para bebés, resultó un hit y hoy se vende hasta en kioscos de diarios.

Otros modelos antiestrés muy requeridos son los “squishies”, juguetes blandos y listos para estrujarse. Pueden ser muñecos suaves, pelotas, figuras varias y hasta gelatinas dentro de una red, que al apretarse hacen presión y salen por los distintos agujeros. Similar resultado logran las masas, el “slime” (gelatina elástica) y la “arena kinética”, todos juegos para poner en práctica la estimulación sensorial. Y no pueden obviarse los “fidget spinners”, que aunque tuvieron su auge hace algunos años siguen sumando adeptos en pos de mantener las manos ocupadas haciendo girar sus paletas exteriores como si se tratara de mini ventiladores. El término “fidget”, de hecho, aglutina a todos estos juguetes, derivado del verbo inglés que alude a la necesidad de mover el cuerpo y especialmente las extremidades en un gesto de ansiedad o impaciencia.

Desde Puercoespín, una marca con locales en Palermo y Maschwitz donde abundan los objetos de diseño y estos juguetes no son la excepción, aseguran que desde la pandemia estos “fidget toys” son los más vendidos. “Se venden sobre todo entre los 4 y 12 años, pero también los llevan muchos profesionales de la salud que los adquieren para fines lúdicos o motrices de sus pacientes”, detalla Juan Manuel Nouqué, al frente de la empresa. Para él, además del claro efecto antiestrés, estos productos lograron una gran salida gracias a las redes sociales y su inmensa difusión de los mismos. “Es que tienen una diversidad sin límites y son de colección”, apunta. En ese sentido, todos se venden muy bien, pero los últimos modelos de cada versión son siempre la frutilla del postre que más se demanda.

A mitad camino Son coloridos, lindos y están de moda, pero, ¿sirven para calmar el estrés? Según varios especialistas, sí. Pero no son milagrosos, más bien paliativos. “Pensar que un juguete puede ayudar a resolver una situación de estrés es negar la realidad”, apunta Barreto, quien sí cree que puede mitigar la ansiedad y angustia y tal vez ayudar a concentrarse, aunque esto último todavía está en debate para la ciencia. “Algunos estudios plantean que los chicos se benefician y otros, que los chicos le quitan atención a la tarea que están realizando. Considero que debe ser tomado como lo que es, un juguete de moda que podría haber sido cualquier otro, pero que muestra la necesidad de movimiento de todos. ¿Qué adulto puede estar muchas horas sentado mientras realiza una tarea poco motivadora? Los niños no son ajenos a esta realidad”, sostiene la especialista.

Desde el emprendimiento de juguetes didácticos e inclusivos “Un Ratito Más”, Judith Dorín también pone en duda las razones de este auge. Para ella, si no son utilizados en un ámbito terapéutico es difícil que brinden una solución concreta. “Si bien tienen buen marketing y sus ventas se multiplican a diario, considero que están lejos de cumplir la función que prometen. Si no se utilizan con profesionales solo son juguetes que producen bienestar por un rato”, razona. Como todo producto de moda, considera que la tendencia obedece a que los chicos quieren tener lo mismo que sus amigos, y a que tal vez los padres se dejan seducir por la idea de reducir el estrés del encierro en sus hijos.

Aunque no comercializa este tipo de productos en su tienda, precisamente por la necesidad de ofrecer materiales que tengan fines terapéuticos, la mayor demanda que notó en estos tiempos de pandemia tuvo que ver con juguetes que incitan a imaginar y crear historias. “Con la mayor presencia de los padres en las casas y la consecuente necesidad de crearse espacios de trabajo varias horas al día, también se incrementó la venta de productos que los chicos usan solos, como rompecabezas o encastres”, cuenta. Además, vio un aumento de la venta de materiales para practicar la lectoescritura y de los juegos de mesa, ideales para compartir en familia.

Esta es otra faceta que los padres buscan en pos de mitigar la angustia del encierro: la posibilidad de aportarles a los chicos juegos que les brinden un rato sostenido de entretenimiento lejos de las pantallas. La marca Distroller, recientemente llegada al país desde México, trata de lograr este objetivo a través de su línea de muñecos “neonatos”, unos bebés alienígenas que llegan a la Tierra para ser adoptados por los niños. De vistosos colores, con pañales a cambiar y un cordón umbilical de plástico, estos bebés requieren que los chicos se responsabilicen por su bienestar, y en el proceso promueven su autoestima. “Los llamé neonatos porque cuando mis hijas eran pequeñas noté que les faltaba conciencia al tratar a sus mascotas, y estas figuras buscan fomentar el cuidado a un ser vivo”, sintetiza Amparo Serrano, artista y creadora de la marca.

En resument, todos los juegos pueden ayudar a los chicos, si se los utiliza con el enfoque adecuado y se los acompaña en el proceso de conocerlos.

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