“¿Pega más?”: qué se sabe de los efectos de la tercera dosis contra el Covid

La pandemia consolidó cierto saber popular sobre las vacunas contra el Covid. Por ejemplo, “la de Sinopharm ni te hace cosquillas” o “Astra pega peor”. En los próximos meses, todos los mayores de 3 años deberían recibir un booster (o tercera dosis, como se dice erróneamente). ¿Cómo pega el refuerzo contra el coronavirus?El uso informal…

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La pandemia consolidó cierto saber popular sobre las vacunas contra el Covid. Por ejemplo, “la de Sinopharm ni te hace cosquillas” o “Astra pega peor”. En los próximos meses, todos los mayores de 3 años deberían recibir un booster (o tercera dosis, como se dice erróneamente). ¿Cómo pega el refuerzo contra el coronavirus?

El uso informal del verbo “pegar” alude a lo que los expertos llaman reactogenicidad y no a lo que se conoce como ESAVI, la sigla de Eventos Adversos Supuestamente Atribuibles a la Vacunación e Inmunización.

En cuanto a la reactogenicidad, no es la vacuna la que “pega” sino que el cuerpo responde, a veces tibia, a veces intensamente, ya que el sistema inmune (por intervención de unas células llamadas macrófagos, entre otras) reacciona ante el agente extraño. En este caso, ese pedacito de gen del virus introducido por la vacuna, que según la plataforma utilizada, tiene distintas presentaciones.

Con o sin fiebre realmente, la sensación febril es común tras la vacunacion contra el Covid.

En la práctica, la reactogenicidad no tiene mucho que ver con los ESAVI, que en los peores (y muy inusuales) casos podrían revertir alguna gravedad. Justamente, cuando se dice que una vacuna es, ante todo, “segura”, tiene que ver con la menor relevancia y frecuencia de esos ESAVI.

EmpiriaPor ahora no hay pruebas de que los efectos en las horas siguientes al refuerzo contra el Covid sean distintos de los ya conocidos para las dosis anteriores.

Depende, en parte, del tipo de vacuna y, en muy buena medida, de la respuesta particular de la persona que la recibe. Este segundo hecho, absolutamente subjetivo, es, además, impredecible. Salvo, claro, en personas con historial hipocondriaco…

En cualquier caso, quien quiera seguir de cerca la experiencia con los boosters debería mirar por fuera de las fronteras nacionales. 

Al cierre de esta nota, Argentina llevaba administradas 1.294.189 dosis “extra”, de las cuales el 90% son terceras dosis propiamente dichas, es decir, las indicadas por el Ministerio de Salud para completar la cobertura de personas con inmunocompromiso y para mayores de 50 que hubieran recibido Sinopharm. El 10% restante corresponde a la nueva ronda de refuerzos que se inició hace unos días, ahora enfocada en el personal de la salud.

En tanto, países como Chile y Uruguay llevan la delantera regional y casi mundial, en parte porque arrancaron la vacunación antes que Argentina, en parte porque intentan contrarrestar el efecto de haber administrado esquemas iniciales con dosis de Sinovac/Coronavac, una vacuna buena, pero -como Sinopharm- menos “inmunogénica”, es decir, que levanta menos anticuerpos.

Tomando la cantidad de refuerzos aplicados cada 100 habitantes, Argentina hasta ahora dio menos de dos. Chile, 38; Uruguay, 37. Para completar un mapa ilustrativo, el Reino Unido dio menos de 20; Estados Unidos, menos de 10. Los datos son de Our World in Data. 

Efecto pinchazo¿Qué efectos tuvieron los chilenos que recibieron refuerzos? La experiencia fue compartida a Clarín por Rafael Araos, encargado ministerial de procesamiento de datos de las vacunas contra el Covid-19 y desarrollador del estudio fase 4 en ese país.

Una enfermera prepara una vacuna contra el coronavirus en el predio de Tecnópolis. Foto EFE

“Más que efectos serios, se ven algunas reacciones locales, lo que es esperable al combinar esquemas y, sobre todo, en un booster. Sin embargo, hay que remarcar que no hay banderas rojas con respecto a efectos adversos relevantes tras la administración de los refuerzos”, resumió.

Al cierre de esta nota, si bien se aguardaban comentarios desde Uruguay, una fuente oficial esbozó que no se habían visto eventos atendibles, más alla de los conocidos: el clásico dolor en el lugar del pinchazo y eventuales síntomas pseudo gripales.

Por su parte, la FDA estadounidense asegura que “después de recibir una vacuna de refuerzo, los efectos son similares a los de la serie inicial de dos dosis o dosis única. Fiebre, dolor de cabeza, fatiga y dolor en el lugar de la inyección”, y agregan que “fueron de leves a moderados”. Respecto de efectos “graves”, aclaran que “pueden ocurrir”, pero remarcan que “son raros”.

Jorge Geffner, experto en inmunología y titular de la materia Inmunología, de la Facultad de Medicina de la UBA, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS) e investigador Superior del Conicet, remarcó que hasta ahora no se vieron (“en ningún paper donde se asiente la experiencia internacional”) eventos destacables con las terceras dosis o refuerzos.

“No tengo constancia de que ‘pegue’ más. La mayor experiencia afuera es con las vacunas de plataforma ARN mensajero, que son Pfizer y Moderna, y con Oxford-Astrazeneca, que es una ‘adeno’ (N. de la R.: en base a adenovirus). No se vio nada en particular; a nadie le ha llamado la atención, no ha salido ninguna alerta al respecto”, aclaró.

La primera ronda de inmunización contra el Covid a adultos mayores. Foto EFE

Pero si alguien sintiera un efecto peor, ¿a qué se podría deber? Según Geffner, “sería parte de la reactogenicidad en la fase temprana. Tiene que ver básicamente con la inmunidad innata, no con la adaptativa, que desarrolla memoria inmunológica. Ahí el protagonista central es el macrófago, una célula con potencial inflamatorio”.

“Es decir que si la persona tuviera mayor dolor de cabeza o fiebre, querría decir que, de alguna manera, se está activando más el macrófago, pero no hay evidencia de que eso esté pasando o tenga relevancia”, subrayó.

SensacionesLa gente lo dice y está reportado en informes locales e internacionales: AstraZeneca puede producir una reactogenicidad “memorable”. Es esperable que, usada como refuerzo, dé lugar a efectos similares.

Sin embargo, es probable que miles de personas en Argentina reciban refuerzos de vacunas ARNm, es decir, de Pfizer o Moderna.

Plan Nacional de Vacunación contra Covid-19 en Mendoza. Foto Orlando Pelichotti

La FDA tiene publicado un interesante estudio de vigilancia con lo recogido tras el uso de esas dosis como booster. Antes de dar los datos, hay que recordar que la vacunación de base a la población adulta de allá fue con esos mismos laboratorios. No es el caso de Argentina. Es difícil aventurar si el booster homólogo o heterólogo podría hacer una diferencia en la reactogenicidad.

En base a más 237.000 participantes consultados entre agosto y octubre, más del 70% de los que habían recibido Moderna como tercera dosis dijo haber sentido dolor en el brazo dentro de la primera semana luego de la vacunación. Con Pfizer fue algo más del 50%.

En cuanto a la sensación de fatiga, con Moderna, el 60% dijo haberla tenido; con Pfizer, el 35%. El síntoma del dolor de cabeza fue reportado por casi la mitad de los que recibieron Moderna, pero por solo un cuarto de los que recibieron Pfizer. Y fiebre dijo haber tenido el 36%, en el caso de Moderna. En Pfizer, alrededor del 12%.

Aunque uno podría dedicar más líneas en alusión a síntomas menos comunes (náuseas, “chuchos” de frío…), lo que realmente tiene peso es el beneficio de los refuerzos y de la vacunación en general.

En octubre, el Ministerio de Salud de Chile publicó un informe con estimaciones sobre la efectividad de los boosters. 

Los datos son contundentes: luego de dos semanas de recibir el booster de Sinovac/Coronavac, la efectividad contra la infección por Covid-19 subió entre el 56% y el 80%. Con Pfizer, 56%-90%. Con Astra, 56%-93%.

La efectividad contra la hospitalización por Covid parece todavía más auspiciosa, por el menor margen de incertidumbre de las cifras chilenas. Para Sinovac la cobertura subió del 84% al 88%. Para Pfizer, 84%-87%. Y para AstraZeneca, 84%-96%.

MG

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