Vacunas contra el Covid: cuál es la diferencia entre la tercera dosis y el refuerzo

En la calle se escucha decirle “tercera dosis” a cualquier vacuna contra el Covid aplicada después del esquema primario de dos dosis, pero los expertos distinguen dos conceptos que, más que hablar de una diferencia en la “sustancia”, aluden a una distinción estratégico-sanitaria. Es refuerzo, por un lado, y tercera dosis, por otro.El contrapunto terminológico…

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En la calle se escucha decirle “tercera dosis” a cualquier vacuna contra el Covid aplicada después del esquema primario de dos dosis, pero los expertos distinguen dos conceptos que, más que hablar de una diferencia en la “sustancia”, aluden a una distinción estratégico-sanitaria. Es refuerzo, por un lado, y tercera dosis, por otro.

El contrapunto terminológico lo aclaró la ministra de Salud, Carla Vizzotti, el 26 de octubre, cuando anunció el inicio de la campaña de boosters que ya se están administrando en el país. Por cierto, booster (“refuerzo”, en inglés) es una palabra que viene bien para englobar el pastiche terminológico de “refuerzos” y las “terceras dosis” propiamente dichos.

No solo Argentina distingue esos conceptos. También, entidades de seguimiento epidemiológico mundial como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la respetada Universidad John Hopkings.

La ministra de Salud, Carla Vizzotti, cuando a fines de octubre anunció la administración de terceras dosis de vacunas Covid. Foto Xinhua

No así, por ejemplo, los Centers for Disease, Control and Prevention (CDC) estadounidenses. Dado que en ese país buena parte de la población recibió unidosis de la vacuna Janssen, la expresión “tercera dosis” resultaría poco menos que inadecuada.

Y, de hecho, como acá se administraron unidosis de CanSino, quien mire el Monitor Público de Vacunación de Argentina verá que las terceras dosis son nombradas como las llaman los CDC y, en algunos documentos, la propia OMS. Hablan de “dosis adicional”.

Objetivos ¿Qué es exactamente esa dosis “extra” (siguiendo a la OMS) o “tercera dosis” (como dicen muchos en Argentina)? Es la inyección adicional que, concluyeron los expertos en inmunología, ciertos grupos de personas deben recibir para estar adecuadamente cubiertos en la “primera ronda” de vacunación.

Se parte de la premisa de que, por distintas razones, el esquema que recibieron esas personas (sea de una dosis o de dos, según la plataforma) les quedó “corto”. Su forma de combatir el SARS-CoV-2 es con un esquema de base, más un plus. Una dosis adicional que, en la mayoría de los casos, es la tercera.

Al cierre de esta nota, Argentina llevaba aplicadas algo menos de 1 millón de dosis “adicionales”. Los grupos objetivo son dos.

En primer lugar, todos los mayores de 50 años que recibieron dosis 1 y 2 de la Sinopharm, vacuna considerada menos “inmunogénica” que otras.

Un vial de la vacuna contra el coronavirus Sinopharm, producida en China. Foto Mariana Villa / Los Andes

Si bien es solvente en el largo plazo (porque genera inmunidad celular, también llamada memoria inmunológica), sería menos efectiva a la hora de incrementar la inmunidad humoral, lo que en la cotidianeidad todos llaman “levantar anticuerpos”.

El segundo grupo que está recibiendo terceras dosis es mucho más diverso: son todas las personas mayores de 3 años con algún grado de inmunocompromiso. ¿A quiénes incluye?

Es un universo enorme: no solo abarca a quienes padecen inmunodeficiencias primarias (enfermedades que comprometen el rendimiento del sistema inmunológico) sino también pacientes con cáncer tratados con quimioterapia; personas trasplantadas (ya que quedan inmunosuprimidas de por vida), o aquellos con afecciones reumatológicas (artritis, lupus, vasculitis, entre otras) que estén siendo tratados con agentes inmunosupresores.

Como en ellos es esperable cierta dificultad para levantar anticuerpos, se les indicó una dosis adicional, que deberían acudir a darse cuando se los convoque, al margen de si transcurrieron (o no) seis meses desde la última aplicación.

Refuerzos Invocando el lógico concepto de que la pandemia es un problema  mundialmente compartido, la OMS llamó a demorar la administración de refuerzos y, al revés, que las naciones con vacunas de “de sobra” donen (como está haciendo la Argentina) a países con dificultades en el acceso. Sin embargo, cada vez más países arrancan la segunda ronda de inmunización. Y este también es el caso de Argentina.

Un trabajador de la salud aplica una dosis de una vacuna contra el Covid en la Universidad Nacional de La Plata. Foto Xinhua

La razón es que está probado que la inmunidad de la “primera ronda”, en cierto momento cae, por lo que se requiere reforzar a la población con nuevas dosis.

Se discutió mucho sobre los tiempos y finalmente se decidió que seis meses es un tiempo prudente para dar los refuerzos, más allá de que en el futuro la administración de boosters podría ser anual o cada 18 meses (un debate, por ahora, abierto).

Esta segunda ronda de inoculación no es igual a la primera. Como se presume que la persona vacunada tiene, ya, alguna memoria inmunológica contra el Covid, el refuerzo es un esquema que consta de una sola dosis.

Ni cuarta ni quintaHasta acá, es evidente que llamarle “tercera dosis” a lo que en realidad oficia de refuerzo es absurdo. Hacerlo nos obligaría a rotular los refuerzos subsiguientes como “cuarta dosis”, “quinta dosis”, y así.

¿A quien le toca recibir el refuerzo? A todos los mayores de 3 años. Incluso a los dos grupos que ahora están recibiendo terceras dosis (propiamente dichas), solo que (otra vez) deberán aguardar por lo menos seis meses desde la inyección que les toca en estos días.

Por los tiempos que está llevando terminar la “ronda 1 extra large” de esas personas, es evidente que quedarán un poco desfasados del resto. 

La campaña de vacunación contra el Covid-19 a profesionales de la salud. Foto EFE

Volviendo a la población general, menos de 140.000 personas habían sido inoculadas con el booster, al cierre de esta nota. La estrategia va avanzando a medida que llegan partidas al país y se van cumpliendo los seis meses desde la última inyección.

¿Pasaría algo si a uno lo convocaran para el refuerzo antes de los seis meses o, eventualmente, después?

Jorge Geffner, investigador Superior del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS), titular de la materia “Inmunología” de la Facultad de Medicina de la UBA y quien asesoró en la elaboración de estas líneas, aseguró que no.

“La decisión que se tomó es esperar seis meses. El personal de la salud que se vacunó en el verano ya tiene ese plazo cumplido desde la segunda dosis. En cuanto a los mayores de 70 o de 60, porque la idea es ir bajando por grupos, la idea es siempre esperar seis meses”, explicó.

Sin embargo, remarcó, “si en algún caso la persona recibió la segunda dosis un poco más tarde, aunque no es la idea darle el refuerzo a los dos meses, desde el punto de vista de la seguridad no pasa nada. Dar una dosis de refuerzo muy cercana al esquema primario no revierte ningún problema”.

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