Comenzó en México la primera Asamblea Eclesial Latinoamericana

Por Lucas Schaerer, desde México.  La asamblea se realizó con los protocolos pertinentes. “Todos somos discípulos misioneros en salida”. Es una de las frases de cabecera del papa Francisco destinada a los católicos latinoamericanos que sueñan y trabajan para transformar la tierra en el paraíso. En un hecho inédito de la Iglesia Católica, su líder…

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Por Lucas Schaerer, desde México.

 

La asamblea se realizó con los protocolos pertinentes. “Todos somos discípulos misioneros en salida”. Es una de las frases de cabecera del papa Francisco destinada a los católicos latinoamericanos que sueñan y trabajan para transformar la tierra en el paraíso. En un hecho inédito de la Iglesia Católica, su líder terrenal, el Sucesor de Pedro, convocó a fines de enero de 2021 a la primera Asamblea Eclesial Latinoamericana que inició este domingo 21 de noviembre con una misa desde la Basílica de la Virgen de Guadalupe, patrona de América, en la Ciudad de México.

Más de 70.000 personas aportaron sus sueños y preocupaciones para discernir una nueva evangelización a la altura de estos tiempos de pos-pandemia.

“La Asamblea Eclesial no es una conferencia del episcopado latinoamericano como fue Aparecida, que aún tiene mucho para dar. Esto es la reunión del pueblo de Dios”Papa Francisco“La Asamblea Eclesial no es una conferencia del episcopado latinoamericano como fue Aparecida (por la Virgen patrona de Brasil en el año 2007), que aún tiene mucho para dar. Esto es la reunión del pueblo de Dios”, aclaró Francisco en una convocatoria desbordante, que expande los límites del clero y pasa de reuniones exclusivas de obispos a incluir a todos.

Esa integralidad, ese llamado “pueblo fiel de Dios” -con más de 1.300 millones de bautizados y un 60% de ellos nacidos en América- busca desarmar el clericalismo, democratizar la fe y transformarse en una iglesia sinodal, para caminar juntos en modo samaritano, en solidaridad con el caído en el camino y el pobre de las periferias.

“Laicos, laicas, consagradas, consagrados, sacerdotes, obispos. Que buscan la voluntad de Dios. No tiene que ser una élite. Tiene que ser junto al pueblo de Dios. Todos somos parte del pueblo. Ese pueblo que es infalible como dice el Concilio Vaticano II. Porque fuera del pueblo surgen las élites ilustradas de una ideología o de otra. Eso no es iglesia. Nosotros nos damos con todos. Sin exclusión”, es el primer consejo del primer Pontífice latinoamericano para la Asamblea Eclesial, a lo que agregó una segunda recomendación: “La oración. Que el Señor se haga sentir. Adelante con coraje”.

Mensaje del papa en la presentación de la Asamblea Eclesial de América latina y el Caribe.

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El proceso de preparación de la Asamblea Eclesial, en plena pandemia del coronavirus, fue motorizado desde la Conferencia Latinoamericana (CELAM) y la Confederación Latinoamericana de Religiosos (CLAR). Durante más de un año se trabajó en los contenidos, los documentos, la organización de foros temáticos desde el Comité de Escucha y la sistematización de la información con tecnología de big data, para llegar a un documento de casi 90 páginas que se tituló “Para el discernimiento comunitario”.

Unas 22 conferencias episcopales debieron convocar a las parroquias, órganos eclesiales, congregaciones, movimientos de laicos como instituciones eclesiales y hasta a las organizaciones sociales, en un continente donde el español y el portugués conviven con el inglés (unos 50 millones de Latinoamericanos migraron a Estados Unidos).

Sin lugar a dudas, América Latina está en el corazón de Jorge Bergoglio, aunque en la actualidad resida en el Vaticano. Ese amor se expresa en acciones concretas de la mayor organización espiritual y política de occidente.

Por ejemplo, hace poco menos de un mes avaló con su firma la Conferencia Eclesial Amazónica (CEAMA), la primera de la historia, presidida por el cardenal franciscano, Claudio Hummes. En ese trascendente acto se institucionalizó una virtual alianza entre indígenas y la Iglesia Católica.

Gran concurrencia en la Ciudad de México. Es claro que lo eclesial, contrario totalmente al clericalismo, tuvo su primer gran experiencia en la Red Panamazónica (REPAM), nacida como defensa de la gran fuente de agua dulce y pulmón del mundo, la Amazonía. Esa experiencia impulsó, en octubre de 2019, el primer Sínodo Amazónico que duró casi un mes en la Santa Sede, y que luego se coronó con el documento más poético del Papa Francisco: “Querida Amazonía”.

En ese camino de reforzar la iglesia latinoamericana, Francisco movió otras fichas. Una de ellas es la Pontificia Comisión para América Latina, una especie de ministerio presidido por un cardenal canadiense, que es secundado desde hace dos meses por dos nuevos responsables, el mexicano Rodrigo Guerra y la argentina Emilce Cuda.

Estos últimos estuvieron presentes este domingo en la misa de apertura de la Asamblea Eclesial, que va a extenderse una semana en la llamada Casa del Lago, una especie de Vaticano de la Conferencia Episcopal Mexicana, ubicada a poco más de una hora del centro de la ciudad.

“La globalización de la dignidad”, como figura en el documento hacia la Asamblea Eclesial, se construye con una opción preferencial en los pobres y desde las periferias. Quienes realizan esa tarea en la iglesia son mayoritariamente las mujeres, religiosas o laicas, a pesar de ser ellas las más excluidas de algunas decisiones. Sin dudas, se trata de uno de los grandes desafíos de discernimiento en la semana de la Asamblea Eclesial.

Gran concurrencia en la Ciudad de México. Justamente, el tema fue la primer gran señal de tensión de este domingo, al finalizar la misa en la inmensa Basílica de Guadalupe.

En el momento de las fotos de los obispos que concelebraron la eucaristía, y que luego incorporaron a los sacerdotes por fuera del altar, un monseñor incluyó a una mujer, la presidente de la CLAR, la colombiana Gloria Liliana Franco Echeverri.

Al observar su centralidad en las fotos, el propio presidente del CELAM, el monseñor peruano Miguel Cabrejos, solicitó a la religiosa que se corriera a un costado.

Para esa imagen emblema de la apertura de la Asamblea Eclesial, tampoco se incluyó a las laicas y laicos que estaban en otro sector de la basílica.