Sputnik V: qué hará el país más afectado de América con el cepo de EE.UU. y las dosis que le quedan

El intrincado proceso de aprobación de la vacuna Sputnik V por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta de manera heterogénea al mundo. En América en particular, sólo 8 de los 35 países usaron la vacuna rusa: México, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, Bolivia y Argentina.Al revisar los porcentajes de vacunas utilizadas…

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El intrincado proceso de aprobación de la vacuna Sputnik V por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afecta de manera heterogénea al mundo. En América en particular, sólo 8 de los 35 países usaron la vacuna rusa: México, Honduras, Guatemala, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, Bolivia y Argentina.

Al revisar los porcentajes de vacunas utilizadas en cada país, se puede ver que en Argentina la cantidad de Sputnik V representa la mayor apuesta de todas: el 35 por ciento del total de dosis aplicadas.

Según un reciente informe de la CNN, en base a datos del sitio Our World in Data y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), para Bolivia la vacuna rusa representa el 24 por ciento del total de vacunas que recibió su población; para Venezuela, el 13 por ciento; para Guatemala, el 17 por ciento; para Honduras, el 1,5 por ciento; para Paraguay, el 1,5 por ciento.

De México no se sabe con exactitud el porcentaje, pero es menor, ya que recibió sólo 6,5 millones de dosis de Sputnik V. Para Nicaragua representa el 45 por ciento, aunque sobre un total que está por debajo del millón de vacunas.

Argentina y Brasil constituyen dos paradigmas contrapuestos con respecto a la Sputnik V. En el país de Jair Bolsonaro la vacuna fue objeto de múltiples controversias y reparos, aunque estos no surgieron de la opinión pública como en Argentina, sino desde el Estado.

Un vial de la vacuna rusa, eje de controversias. Foto: EFE

En Argentina, en cambio, fue la segunda vacuna que obtuvo el visto bueno de la ANMAT, en diciembre, (después de la de Pfizer) y ahora se ha llegado a este escenario en el que más de 11 millones de argentinos que la recibieron ven que el medicamento no les servirá como pasaporte inmunitario mientras la OMS no le dé luz verde.

Hasta el 1° de noviembre, los argentinos podrán ingresar sin restricciones a Estados Unidos, como ocurrió durante toda la pandemia. Faltan tres semanas para que el cepo rija y desde entonces, si la OMS no acepta la Sputnik V, los inmunizados quedarán atrapados en una trama kafkiana de la que no eligieron ser protagonistas.

Lo paradójico es que la norma estadounidense, en realidad, está pensada como una apertura de derechos y no como un grillete. Apertura para los brasileños y europeos que hasta ahora no podían ingresar a ese país, y ahora podrán hacerlo con el esquema completo de alguna de las seis vacunas aprobadas por la OMS.

No hay brasileños y hay pocos europeos inoculados con la Sputnik V (sólo húngaros, croatas, eslovenos y serbios). Tampoco la usan uruguayos, chilenos, colombianos, ecuatorianos ni peruanos. Cualquier persona con dos dosis en los países que han evitado la vacuna rusa tiene asegurado su tránsito internacional.

Por eso, Argentina ha quedado en el centro de la escena. No fue ingenuo el tuit lanzado hace diez días por el ministro de Salud ruso, en el que aseguraba que faltaban pequeños detalles administrativos para que la Sputnik V fuera aprobada por la OMS, dedicado a nuestro país con la foto de un certificado de vacunación fechado en Avellaneda.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS. Foto: AP

Tampoco ha sido anecdótico el despecho epistolar de julio, cuando la asesora presidencial Cecilia Nicolini le exigió a los rusos explicaciones sobre la lentitud en el abastecimiento del segundo componente del inoculante (por entonces el cepo internacional no era un tema central).

Cartas y posteos redondearon un vínculo cuasi matrimonial entre Argentina y Rusia. Un Gobierno que sabía (más allá de los pergaminos científicos del Instituto Gamaleya) con quién se casaba. Y una descendencia inocente: los argentinos que aún hoy padecen los efectos no deseados de aquel flechazo de diciembre.

En este juego de incertidumbre e intrigas, el Gobierno parece desentenderse del problema -al menos públicamente- en vez de motorizar una acción diplomática y reclamar por los derechos de los vacunados con Sputnik V. Claro que eso significaría otorgarle al conflicto trascendencia oficial y la admisión de una debilidad, algo que hasta ahora se ha tratado de evitar.

En la OMS también hay contradicciones. Una clara, por ejemplo, es el hecho de que la OPS financie investigaciones sobre vacunas en Argentina en las que la Sputnik V es objeto de estudio como si fuera una vacuna más, cuando para las exigencias de la OMS ese inoculante supuestamente no existe.

Como sea, del contrato por 30 millones de dosis, Argentina recibió hasta el momento algo más de 19 millones, de los cuales 11,3 millones corresponden al componente 1 y 8,3 millones, al 2.

Arribo de un lote de Sputnik a Ezeiza, en agosto. Foto: Presidencia de la Nación

Esto significa que todavía quedan pendientes de entrega 3,7 millones de esquemas completos, además de los tres millones de segundas dosis adeudadas a los que ya tienen la primera.

A esta altura del operativo de vacunación ya no habría a quien inmunizar con primeras dosis de Sputnik V, dado que los mayores de 18 años que aún no recibieron ninguna dosis están siendo cubiertos con las unidosis chinas de Cansino (tampoco aprobada todavía por la OMS).

En ese contexto, Rusia ha decidido redoblar la promoción de la Sputnik Light (primer componente) como tercera dosis. En un tuit de los últimas horas, sus voceros han afirmado que esa opción inmunitaria parcial suministrada de forma independiente produce mejores resultados frente a la variante Delta que la mayoría de las vacunas de dos dosis.

¿Corresponderá el Gobierno este nuevo intento de seducción de su principal partenaire sanitario? ¿Será ése el destino que elegirá para el remanente del contrato? Si así fuera, es de esperar que los argentinos que eventualmente se vean beneficiados con un refuerzo de la Sputnik V puedan estar recibiendo, finalmente, una vacuna reconocida por la máxima autoridad sanitaria global.

PS

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