Código Colón: el misterio final del Almirante

El nacimiento y la muerte de Cristóbal Colón encierran más misterios que el de su obra cumbre: haberse topado con una tierra desconocida donde, desde entonces, se lo venera tanto como se lo odia. La mayoría de los autores coinciden en la versión más difundida de que era genovés, un poco porque el propio Colón…

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El nacimiento y la muerte de Cristóbal Colón encierran más misterios que el de su obra cumbre: haberse topado con una tierra desconocida donde, desde entonces, se lo venera tanto como se lo odia.

La mayoría de los autores coinciden en la versión más difundida de que era genovés, un poco porque el propio Colón alguna vez lo dijo, otro poco por el relato de vecinos contemporáneos de Génova y, finalmente, por lo que señalaron herederos de acreedores de su padre, a quienes, a punto de morir, el ordenó pagarles una deuda de 20 ducados a los hijos de un tal Jerónimo del Puerto. Pero no deja de haber quienes siguen sosteniendo que Colón era catalán, de origen judío sefaradí.

Hay acuerdo en que murió muy dolorido y molesto en Valladolid por ataques de gota, una especie de artritis vinculada con enfermedades renales, cardíacas y diabetes. Tenía 55 años. Una leyenda de fines del Siglo XIX atribuye el lugar de la muerte de Cristóbal Colón a la casa número 2 de la calle ancha de la Magdalena, en cuyo dintel se colocó una inscripción en 1866. Aquella muerte supuso un duro golpe para la familia, que se hallaba en un mal momento económico, no por falta de recursos sino de liquidez. Para el entierro Francisco Bardi, su concuñado, y Juan Porras acuden a los prestamistas y aceptan una letra de cambio por valor de cincuenta mil maravedís. En el testamento están nombrados sus hermanos Diego y Bartolomé, sus hijos Diego y Hernando y la madre de éste, Beatriz de Harana, con la siguiente justificación: “Porque pesa mucho para mi ánima”.

Cito al historiador español Francisco Javier Rodríguez Pérez: “Cristóbal Colón no encontró descanso ni después de muerto. Y si oscuro fue el nacimiento del Almirante, mucho más tenebroso y sujeto a discusión es el del paradero de sus restos. Tantas idas y venidas, tanto traslado y la incertidumbre de su situación exacta, parecen el símbolo de que ni tras la muerte tenía que hallar reposo el Primer Almirante. Se ha desencadenado, en cuanto a la propiedad de sus restos mortales, el mismo temporal de vanidades de campanario que en torno a su nacimiento. Eliot Morison afirma que se ignora en qué lugar de Valladolid murió el Almirante. Y se hace eco de que el entierro fue poco concurrido y pasó tan inadvertido que ningún cronista local o cortesano dio noticia de él. Y aquí comienza el periplo de los restos colombinos y las vicisitudes que hubo de sufrir el féretro”.

La polémica sobre el destino de sus restos está abierta. La historiografía dominicana sostiene que los restos del Primer Almirante no han salido de Santo Domingo y que lo entregado para volver a España en unas cajas de plomo fueron otras cenizas. Los cubanos, por otro lado, insisten en que el cuerpo del Descubridor aún reposa en su catedral. Y los españoles aseguran que lo poco que queda de sus huesos reposa en Sevilla.

Colón nunca expresó dónde quería que depositaran sus restos. Parece lógico suponer que deseara que algún día descansaran en la que él llamaba la isla de sus sueños: La Española. Fray Bartolomé de Las Casas proporciona un documento literario sobre estos traslados; aunque no exista constancia documental sobre el viaje a La Española: “Llevaron su cuerpo o sus güesos a las Cuevas de Sevilla, monasterio de los Cartujos; y de allí los pasaron y trajeron a esta ciudad de Santo Domingo y están en la Capilla Mayor de la Iglesia Catedral enterrados (…)”. Otros lo desmienten y hay quienes aseguran que sus restos están un poco en Sevilla y otro poco en la isla caribeña.

Volvemos a Rodríguez Pérez: “En todo caso y fuera de polémicas, Cristóbal Colón no sólo está considerado como el marino insigne, el descubridor del Nuevo Mundo, el valiente y tenaz, el orgulloso y el humilde, el esclavista, el violento y el devoto, el gran observador y el disimulador; el viajero incansable, el ambicioso negociante, el hombre de los proyectos, sino que continúa aún siendo el hombre amigo de los secretos”.

por Edi Zunino Galería de imágenes