Día Mundial del Linfoma: la historia del ex capitán de “Los Leones” que logró recuperarse y volvió a jugar al hockey

“Ya está pibe, no vuelvas más, estás curado”. Así le dijeron los oncólogos a Germán Orozco en 2010, después de realizarse el que fue su último control médico. “Hoy puedo decir que soy un ex paciente, pero cargué con ese rótulo durante diez años y tomé conciencia de ello mucho tiempo después, no durante la enfermedad,…

dia-mundial-del-linfoma:-la-historia-del-ex-capitan-de-“los-leones”-que-logro-recuperarse-y-volvio-a-jugar-al-hockey

“Ya está pibe, no vuelvas más, estás curado”. Así le dijeron los oncólogos a Germán Orozco en 2010, después de realizarse el que fue su último control médico. “Hoy puedo decir que soy un ex paciente, pero cargué con ese rótulo durante diez años y tomé conciencia de ello mucho tiempo después, no durante la enfermedad, que al principio la miraba con negación, con cierta inconciencia”.

Reconocido jugador de hockey, capitán de la selección nacional Los Leones, y luego director técnico del equipo mayor entre 2018 y 2020, a Germán Orozco se le enrojecen los ojos de la emoción al recordar los años 1999 y 2000, cuando debió dejar la actividad deportiva por un linfoma de Hodgkin, un cáncer que se origina en el sistema linfático. “Pasaron más de veinte años, era otra vida, incluso yo era otra persona. Fue muy duro, porque sucedió de manera repentina, en vísperas de los Juegos Panamericanos de Winnipeg y de repente todo el esfuerzo se evaporaba”.

Para Orozco, cada 15 de septiembre no es una jornada más, “al contrario, es una jornada de reflexión, de introspección y cuando está la posibilidad también de charlas, de apoyo psicológico, emocional para alguien que cursó la enfermedad y puedo ayudar a los que la transitan”, afirma este kinesiólogo de 45 años, al referirse al Día Mundial de la Concientización sobre el Linfoma, fecha dispuesta por Lymphoma Coalition (ONG que agrupa a 54 organizaciones de pacientes en 40 países) desde 2004.

Hematóloga del Hospital Italiano de La Plata, Virginia Prates señala que “lamentablemente no tenemos estadísticas oficiales, pero extrapolando los datos de otros países, en la Argentina se diagnostican entre 2.000 y 3.000 casos por año de acuerdo a la incidencia de esta patología según nuestro índice de población”, señala la médica, que indica que hay dos tipos de linfomas: el Hodgkin y el No Hodgkin, “este último es el más frecuente y que además tiene una gran variedad de subtipos histológicos”.

“Cada 15 de septiembre no es un día más”, dice Germán Orozco, ex DT de Los Leones y paciente recuperado de linfoma de Hodgkin. Foto Lucía Merle

En cuanto a los pronósticos de vida, Prates puntualiza que “depende de cada uno de los subtipos histológicos, del estadío de la enfermedad y del momento en que se detecta, por lo que es clave concientizar a la población para que esté atenta en caso de la existencia de un ganglio palpable en el cuello, la ingle o la axila, porque hay muchos que no se palpan. Un diagnóstico precoz siempre lleva a un mejor resultado”.

“Extremo cansancio”Orozco empezó a sentir “un cansancio extremo como nunca antes y alta temperatura por la noche” allá por 1999, semanas antes de los Panamericanos de Winnipeg, su objetivo principal. “Yo no le daba mucha bola al comienzo, pensé que sería por el entrenamiento, pero los síntomas se repetían durante el día y volaba de fiebre por las noches. Por insistencia de mis viejos fui al médico y luego de varios estudios me diagnosticaron el linfoma de Hodgkin, enfermedad de la que no tenía la menor idea qué era, y de la que se sabía muy poco”.

Entre enojado, molesto y desilusionado, Orozco veía cómo la posibilidad de ir a los Panamericanos se le escurría. “Yo estaba como muy en la mía, me puse las pilas de entrada con lo que me estaba pasando. Es más, preferí saber poco, no interiorizarme, para eso estaban mis viejos… Yo estaba más preocupado en no poder jugar más al hockey que morirme, mirá mi grado de negación. Pensaba que no poder jugar más era como morirse en vida”.

La vida deportiva de Orozco dio un vuelco radical. Debió dejar toda actividad y empezar un tratamiento invasivo de quimioterapia que no dio el resultado esperado, por lo que se le realizó un autotrasplante de médula ósea y empezó el camino de la recuperación. “Al principio fue duro porque tuve que estar aislado tres semanas y en esa época no tenía celular… Pero creo que mi cabeza me ayudó a superar las dificultades y en eso los médicos fueron muy importantes, porque nunca me dijeron que no volvería a jugar… Al contrario, ‘depende de vos’, me pinchaban”.

Orozco en el Mundial de Hockey 2006, en Alemania, con una bandera para concientizar sobre el linfoma.

El trasplante fue el 29 de febrero de 2000 y seis meses después estaba disputando los Juegos Olimpicos de Sidney. “La verdad es que mi condición física ya no estaba para jugar –sonríe–, pero tuve la posibilidad de hacerlo en todos los partidos. Cuando me convocó Manolo Ruiz (el técnico) pensé que era para alcanzar los bidones de agua –vuelve a reír y se seca las lágrimas–. Lo que hizo Manolo fue un gesto inmenso humano y deportivo, y él me dijo que para el grupo, tanto en el vestuario como dentro de la cancha, mi presencia era fundamental”.

Pasó el tiempo de aquel jugador mezcla de talento, rudeza y vehemencia. Dirigió a Los Leones hasta agosto de 2020 y desde principios de año encara el desafío de dirigir a las chicas del San Isidro Club (SIC). “Dirigir y estar relacionado con el hockey es un vicio que no puedo largar y no creo que la haga. Hoy combino esa actividad con la de kinesiólogo”, profesión que heredó de su padre y decidió hacer la carrera en la Universidad del Salvador en tiempos de jugador. “Hoy me siento otra persona, el cáncer alecciona, sin ninguna duda”.

Siente Orozco, casado con Alejandra, ex jugadora de hockey, y papá de Juan Martín (14) y Matilde (11), que está más reblandecido. “Me emociono, lloro, algo que no me pasaba ni con el tobillo partido. La enfermedad cambió mi forma de ser, pero no fue inmediato, sino que esas sensaciones las empecé a palpar cuando me dieron el alta, cuando dejé de ser un paciente con cáncer. Sacarme esa mochila de encima me aclaró el panorama, me permite hoy en día tomarme una pausa, pensar dos veces antes de una decisión y entender algo muy remanido: que no vale la pena hacer malasangre por boludeces”.

“Estaba más preocupado por no poder jugar al hockey que por morirme”, recuerda Orozco. Foto Lucia Merle

El ex jugador menciona la importancia de ACLA, la Asociación Civil Linfomas Argentina, el primer grupo de pacientes con linfoma creado en 2005. “Hacen un trabajo formidable acompañando y orientando a los pacientes que transitan la enfermedad y sienten temor, angustia y desconcierto. Cuando yo me enfermé no había una asociación como ACLA que te contuviera, apoyara y guiara como lo hace hoy, por eso estoy a disposición cada vez que me necesitan”.

Haydée González es la presidente de ACLA y si bien no tiene la posibilidad de decir la frase “soy una ex paciente”, sí afirma con orgullo que “hace veinte años” que no tiene recaídas “como pronosticaban los médicos”.

“Así que celebro la vida y no dejo de hacerme controles ecográficos cada seis meses”, hace saber esta odontóloga de 71 años, a quien en el año 2000 se le detectó un linfoma no Hodgkin.

Conocedora de la enfermedad, voz autorizada, Haydée remarca lo importante de “hacerse los controles ante síntomas que puedan estar vinculados con la enfermedad. Hay muchos jóvenes que, por ejemplo, se detectan pelotitas en el cuello y las ignoran, tienen fiebre y no hacen nada, y el linfoma es una enfermedad silenciosa también, que podría no tener síntomas importantes y diagnosticarlo tarde podría ser muy riesgoso”.

Germán Orozco, en 2005, junto a Haydee González, la presidente de ACLA, el primer grupo creado para contener y guiar a los pacientes con linfomas.

Desde ACLA Haydée ofrece un puñado de estadísticas a tener en cuenta: el 75% de los diagnosticados no conocía los síntomas, el 90% de los linfomas de Hodgkin detectados en forma temprana tienen chances de cura, el 58% de los pacientes tarda seis meses en concurrir al médico después del primer síntoma, el 73% de los pacientes desconocía la enfermedad y el 62% fue diagnosticado erróneamente.

Mariana Godoy trabaja en ACLA el aspecto psicológico y emocional de los pacientes, “un tema de mucha importancia, ignorado por los médicos, que lo dejan en un segundo plano porque están inmersos en combatir a la enfermedad. Pero no hay que perder de vista que cada paciente, al recibir el diagnóstico, debe transitar por varios duelos: la pérdida de la salud, del control, los proyectos que quedan postergados y cancelados, y en muchos casos la pérdida de la procreación”, describe la psicóloga, con posgrado en psicoanálisis y en psicooncología, ex paciente de linfoma de Hodgkin.

El apoyo emocional consiste en un taller que brinda Godoy que, para romper el hielo, parte desde su conocimiento como psicooncóloga hasta su vivencia como ex paciente. “Es un plus para el paciente que quien les brinda contención haya pasado por la enfermedad. Hay que entender que pese al apoyo familiar, el paciente se siente solo en esta lucha, con lo cual los testimonios vivenciales, con nombre y apellido, permiten que el paciente confíe y sea testigo de la superación de otros que han recorrido el mismo camino”.

La especialista está convencida que “estar animado, fuerte, ser positivo facilitará encarar el tratamiento oncológico de otra manera, ya que el dolor se transita distinto. Ojo, yo no soy proclive a la tiranía del pensamiento positivo como sea, porque el paciente está harto de escuchar esas palabras que pueden resultar vacías o inútiles. Sí hago énfasis en no demonizar el tratamiento, a veces visto peor que la enfermedad… por eso remarco en la propia experiencia ante cada quimioterapia, sin preconceptos psicológicos”.

Una reunión de pacientes con linfomas en ACLA, hace dos años.

“¿Por qué a mí, por qué ahora, qué soy?” cree Godoy que son preguntas que conducen al callejón sin salida, por eso intenta erradicarlas en sus taller de contención emocional que se brinda una o dos veces por mes. “Aunque estamos viendo la posibilidad de sumar más encuentros virtuales porque son espacios valiosos en los que el paciente puede desplegar sus miedos, ansiedades y seleccionar información de primera mano, que ayuda a hacer del cáncer una experiencia de vida más”, estima la profesional, que dice que el próximo taller será el 24 de septiembre.

La posible pérdida de la procreación fue uno de los elementos que mencionó la psicooncóloga. Germán Orozco, dos días antes de comenzar el tratamiento de quimioterapia, recibió un llamado de su médico advirtiéndole sobre esa alternativa y le sugirió la criopreservación de muestras de semen. “Yo ya estaba con mi novia Alejandra, que luego sería mi mujer y no lo dudamos. Al otro día fui y dejé dos muestras para su preservación que con el tiempo se transformarían en Juan Martín y Matilde”.

MG

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA