Emma Raducanu, la obsesiva del estudio que tenía pasaje de vuelta para el final de la qualy y ganó el US Open

Emma Raducanu se la pasó haciendo historia en el US Open. Tanto que terminó levantando el trofeo en una final inesperada ante Leylah Fernández al vencerla en la sorpresiva definición por 6-4 y 6-3, en una hora y 51 minutos. Un resultado que ni siquiera ella parecía creer posible: tenía pasajes de regreso a Gran Bretaña con…

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Emma Raducanu se la pasó haciendo historia en el US Open. Tanto que terminó levantando el trofeo en una final inesperada ante Leylah Fernández al vencerla en la sorpresiva definición por 6-4 y 6-3, en una hora y 51 minutos. Un resultado que ni siquiera ella parecía creer posible: tenía pasajes de regreso a Gran Bretaña con fecha al final de la ronda de clasificación.

Raducanu desembarcó en Flushing Meadows para apenas disputar su segundo torneo de Grand Slam con un ranking tan bajo que debió sortear la fase preliminar para poder acceder al cuadro principal. Apenas tiene 18 años, así que todo esto fue nuevo para ella. Y desde el comienzo de su camino en Nueva York, nadie pudo descifrar la manera de frenarla. Ni siquiera de arrebatarle un set.

Nadie, ni ella misma, se imaginaba que llegaría hasta esta instancia en el torneo. “¡Tenía un pasaje para volver a casa al final de la qualy! Aunque ese es un lindo problema que tener que resolver”, comentó la británica tras su victoria en cuartos de final contra la suiza Belinda Bencic, undécima favorita y ganadora del oro olímpico en Tokio 2020. Pero también reconoció: “Siempre pensé que si creés en vos misma, nada es imposible”.

Nacida en Toronto en noviembre de 2002, pero criada en Londres, durante su infancia probó con muchos deportes y actividades. Con su papá Ian (rumano) compartía el amor por el ciclismo de montaña. También probó el motocross. Su mamá Renee (china) la llevaba a clases de ballet. Pero ella encontró su lugar en las canchas de tenis. Sus padres la dejaron seguir su camino, pero le enseñaron siempre a apuntar bien alto.

Motivada por sus ellos, Raducanu siempre se exigió mucho, tanto en la cancha de tenis como en el aula. Por eso, a diferencia de muchas de sus colegas, Emma nunca dejó la escuela y se las ingenió para destacarse con la raqueta y mantener sus notas bien altas.

“Todos los que me conocen piensan que estoy obsesionada con mis notas. Y creo que mis padres creen que estoy loca, porque no acepto nada menos que una A (la máxima puntuación posible)”, contó entre risas en una charla con los medios de la WTA.

James Carlton, el director del Centro de Tenis de Bromley, donde Raducanu entrenó desde los 10 hasta los 16 años, le contó este año a la cadera británica Sky News que desde chica, Emma mostró una gran determinación y dedicación tanto al deporte como a sus estudios. 

Raducanu se las ingenió para destacarse en las canchas sin dejar de lado sus estudios. Foto AFP

“El centro está cerca de su escuela, así que venía a entrenar antes, después y a veces hasta durante las clases. Estaba aquí todos los días. Cuando estaba en la cancha, dejaba todo. Y entre una sesión de entrenamiento y otra, la veías haciendo tareas o estudiando”, recordó Carlton.

Raducanu aseguró que esa decisión de continuar con su formación académica mientras trabajaba en mejorar su tenis terminó dándole un plus en su carrera deportiva.

“Me ha ayudado a mantener mi mente activa en esas horas del día en los que no estás en la cancha. Y también me ayuda en cada partido, porque tengo una capacidad para absorber mucha información y siento que en la cancha soy más astuta tácticamente que otras jugadoras”, reflexionó.

El lado negativo de repartir sus días entre el tenis y al escuela: no haber alcanzado todo su potencial como junior, como ella misma reconoció. En esa primera etapa de su carrera, llegó a ocupar el 20° escalón del ranking mundial de la ITF en 2018, año en el que alcanzó sus mejores actuaciones en Grand Slams en esa categoría: llegó a cuartos en Wimbledon (perdió con la polaca Iga Swiatek) y en Nueva York (con la francesa Clara Burel).

Emma Raducanu, a punto de recibir el trofeo de parte de la leyenda Billie Jean King. Foto AFP

“A veces me frustraba cuando veía que otras jugadoras de mi edad mejoraban y empezaban a cosechar grandes resultados. Y pensaba: ‘Ojalá tuviera la oportunidad de competir así, tal vez podría hacer lo mismo’. Por eso siempre siento que cuando te dan una oportunidad, hay que aprovecharla”, contó.

Su explosión en el circuito WTAAsí lo hizo hace unos meses cuando recibió una wild card para el cuadro principal de Wimbledon, que fue su segundo torneo a nivel WTA (había entrado como invitada en Nottingham, un mes antes, donde perdió en primera ronda) y su debut absoluto en un Grand Slam.

Estaba fuera de las 300 primeras del ranking y terminó haciendo historia. Porque se transformó en la británica más joven en llegar a la cuarta ronda del torneo en la Era Abierta -abandonó en esa instancia al padecer dificultad para respirar- y en la nueva sensación del circuito femenino.

Y así lo hizo una vez más en Nueva York, adonde llegó con más confianza que nunca, tras jugar a fines de agosto su primera final WTA en Chicago. Arrancó en la qualy con triunfos ante la neerlandesa Bibiane Schoofs, la georgiana Mariam Bolkvadze y la egipcia Maiar Sherif. Y en el cuadro principal hilvanó victorias ante la suiza Stefanie Voegele, la china Shuai Zhang, la española Sara Sorribes, la estadounidense Shelby Roger, la mencionada Bencic, la griega Maria Sakkari en la semifinal y la canadiense Leylah Fernández en la finalísima.

La británica ganó los 20 sets que disputó en diez partidos durante las últimas dos semanas de su estancia en Nueva York. Así se convirtió en apenas la tercera mujer fuera del Top 100 que avanzaba a las semifinales del US Open, después de Billie Jean King (1979) y Kim Clijsters (2009) y en la primera desde la qualy que jugaba la final en la Era Abierta. Lógicamente, ahora es la primera que llega desde allí y se alza con el título.

“No tengo ni idea de ninguno de los récords, ni estoy acá para conseguir esas marcas. Sólo me ocupo de lo que puedo hacer en el momento y en el partido que tengo por delante”, definía la británica en una declaración de principios.

Y agregaba: “Hasta ahora, creo que me ha funcionado muy bien no adelantarme a los acontecimientos y centrarme en un punto a la vez. Eso me ha llevado a esta etapa, y no voy a cambiar nada. Me gusta ir día a día. Aunque podríamos decir que siempre tengo hambre de ganar cada partido que juego”. Mal, evidentemente, no le fue.

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