En su vuelta al teatro, después de 4 años, Andrea Politti cree que hay una señal de su padre

La actriz le puso el cuerpo a la conducción televisiva, en plena pandemia, cuando estuvo al frente de Corte y confección y Corte y confección famosos, por El Trece. Como sucedió en otros programas, Andrea Politti cumplió su rol con soltura y profesionalismo, más allá del rating. Pero faltaba algo. Le faltaba el escenario.Desde el…

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La actriz le puso el cuerpo a la conducción televisiva, en plena pandemia, cuando estuvo al frente de Corte y confección y Corte y confección famosos, por El Trece. Como sucedió en otros programas, Andrea Politti cumplió su rol con soltura y profesionalismo, más allá del rating. Pero faltaba algo. Le faltaba el escenario.

Desde el 1° de septiembre, todo cambió cuando se calzó el traje de su nuevo personaje en Dígalo con mímica, la obra escrita y dirigida por Nelson Valente y que protagoniza en el Multiteatro Comafi, junto a Carlos Belloso, Iliana Calabró, Diego Gentile y Gabriel Beck. “Volvió la Andrea actriz, la de teatro”, asegura.

-¿Extrañabas actuar?

-Hacía cuatro años que no trabajaba en teatro y estaba muy ansiosa. Mi idea es hacer una obra al año, pero a veces no se puede y, en este contexto, fue más complicado todo. Por eso me puse muy, pero muy feliz cuando me llamó Gustavo Yankelevich, que sabemos el nivel de productor que es, y me dio la obra que ganó un concurso de Argentores.

Y agrega: “Antes de leerla ya quería decirle que sí, porque sabía que no me iba a ofrecer algo que no estuviera bueno. Y, la verdad, me pareció muy divertida y me emocionó mucho.

-Sin embargo, las ganas de subir de nuevo al escenario tuvieron que esperar, por la pandemia.

-Empezamos a ensayar en marzo, pero tuvimos que suspender. Fue todo raro, sabíamos que la íbamos a hacer, pero no sabíamos cuándo. Así que encontrarnos de nuevo con el público, escuchar reír a la gente es una alegría tan grande, realmente… Mi personaje es muy divertido, una mujer muy verborrágica.

-¿Tiene alguna semejanza con vos? -No soy tan verborrágica, tal vez por la conducción puede parecer que sí, pero me llevás a una fiesta y soy la que se queda en un rincón observando. Soy muy introvertida y tímida. En cambio, mi personaje no para y es muy criticona y me encantó que, a partir del juego ‘Dígalo con mímica’, salgan cosas de los vínculos que estaban tapadas.

Alejada de la TV, ahora le da espacio a la actriz sobre tablas. Foto: Emmanuel Fernández.

-El humor sirve de catalizador,a veces.

-Totalmente, y en esta obra en particular yo salgo como si me desahogara de algo, como si hubiera corrido una maratón.

-¿Aprovechás para hacer catarsis de todo lo que sucede en este momento?

-Sí, pero también, al menos para mí, la actuación funciona como un depurador de la locura propia. Te saca de la rutina diaria y, de pronto, te encontrás en otra realidad, jugás a ser otra persona haciendo otras cosas.

-Como actriz, ¿te identificás más con el humor?

-En este momento en particular me interesa más, aunque de pronto me río y me emociono a la vez, tal vez por esto que estamos transitando todos. Me parece fabuloso que la gente que está llenando los teatros tenga esa actitud de ir a pasarla bien. 

-¿Cómo fue la vuelta al escenario después de tantos años y de haber visto las salas cerradas tanto tiempo?

-Yo lloraba con los teatros cerrados, así que el regreso fue hermoso, fue como volver a mi casa, encontrarme con mi esencia. Es mi medio de vida, pero también, en el escenario, soy más yo que nunca.

-¿Cómo conviven la actriz y la conductora?

-La conductora apareció en un momento genial en mi vida, en 2002, porque yo ya tenía muchos años de teatro y laburo, y se coló para decirme que podía jugar desde otro lugar con el público. Entonces había bastante prejuicio, era como bastardear tu lugar de trabajo.

Andrea Politti en escena. Foto: Emmanuel Fernández –

-Pero le supiste encontrar la vuelta para ganarte un lugar en el medio también desde ese rol.

-Ser actriz está totalmente ligado a mi esencia, a mis orígenes y a mi padre, y fue bueno abrir esa puerta, liberame de prejuicios, sumar y divertirme. Nunca me encasillé en ser conductora y quería seguir haciendo teatro o cine cada vez que surgiera una linda oportunidad.

En memoria del gran Politti

El nombre de Luis Politti, su padre, siempre está presente en las charlas con la actriz. De él heredó la profesión y la responsabilidad de un apellido que, aún hoy, cuarenta años después de su muerte (1980, en el exilio en España), sigue siendo un referente del oficio.

“Al principio de mi carrera no fue fácil, porque tenía que estar a la altura por mi apellido. Y eso, sumado a la situación social de entonces, fines de los ’70, era como una nube gris que me perseguía. Sentía algo de tensión con cada trabajo, así que cuando apareció la conducción fue encontrar un lado mío muy juguetón y de mucha empatía con la gente y que descubrí a mis 40 años”.

-Siempre se puede aprender y, seguramente, tu rol de conductora nutrió a la actriz.

-Me enriqueció mucho porque me dio más soltura, en el teatro tengo mucha comunicación con el público gracias a la conducción. Si empieza la obra y veo que los de la fila 6 se ríen menos que los de la 5, empiezo a trabajar para la fila 6. 

-Además del legado de tu padre, tenés el de tu madre, María Teresa Rubio, que era pianista.

-Mi mamá no llegó a ser concertista porque nos tuvo que mantener a nosotros y trabajaba de maestra de música en escuelas. Mis viejos estaban separados y, cuando era chica, sufrí mucha discriminación en la escuela por eso. Me crié con sus conciertos de piano, que eran impresionantes, y a casa venían los cantantes del Colón a pasar partituras.

Una infancia atravesada por el arte

Recuerda que “a veces me encontraba con ópera a las 9 de la mañana, eso no fue lo más agradable, pero, bueno, se respiraba arte en casa. Además estaba mi abuela paterna, Santina, que nos cuidaba y ella era la verdadera actriz de la familia. Era muy dramática, de cualquier situación se cebaba, se emocionaba y actuaba. Ella quería ser actriz y no la dejaron. Entonces improvisaba en lo cotidiano”.

-No tenías cómo escapar de lo artístico.

-De mi papá heredé la pasión, primero, por salir adelante en la vida, por sus orígenes muy humildes. Él fue un hombre apasionado, impulsivo y divertido. Yo lo acompañaba a todos lados, a Canal 9, al teatro San Martín. Soy una persona que siempre, de lo peor, saca lo mejor, intento aprender para poder superar lo que sea.

Se confiesa: “Mis orígenes son de lucha y trabajo, ése es mi cable a tierra y lo que me da la seguridad de saber que, con mis dos manos, siempre voy a salir adelante.

-Bien lejos de un supuesto estrellato.

-Nunca creí en los espejitos de colores, un rato me permití disfrutar de un mimo, como cuando me dieron el Martín Fierro, pero el día a día es otra cosa. Me encanta hacer teatro de miércoles a domingo, ir como a contrapelo de la corriente, cuando todo el mundo vuelve a su casa, salir para ir a hacer función.

Cuenta que tiene “pensado seguir haciendo teatro hasta que aguante porque, por suerte, no hay edad para eso. Uno de mis sueños es hacer un unipersonal, escribirlo y ver qué sale. Es un proyecto que hace rato que lo tengo en mi mente”.

Mientras llega el unipersonal, Andrea se sube al escenario a trabajar, a disfrutar y a honrar la memoria de su padre. Y, como para que no queden dudas de dónde viene todo, asegura: “Cuando Gustavo me llamó y me dijo que le había aparecido mi nombre para esta obra, pensé: ‘Ojalá haya sido mi padre que le soplaba al oído'”.

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