Eduardo Duhalde alucinó en Olivos: locuras en el confesionario del poder

Hoy se cumplen 40 años de la muerte del psiquiatra y filósofo francés Jacques Lacan, que pasó a ser el segundo padre del psicoanálisis al retomar la senda de Sigmund Freud. Lacan decía que “la verdad tiene estructura de ficción y, en tal sentido, no hay realidad sin escena fantasmática”. Y se me figuró pensar…

Hoy se cumplen 40 años de la muerte del psiquiatra y filósofo francés Jacques Lacan, que pasó a ser el segundo padre del psicoanálisis al retomar la senda de Sigmund Freud. Lacan decía que “la verdad tiene estructura de ficción y, en tal sentido, no hay realidad sin escena fantasmática”. Y se me figuró pensar que pocas actividades como la política tienen –o deberían tener- una relación tan amplia con la realidad, ya que se supone que la política es un trabajo transformador de la realidad en relación directa con la cotidianeidad de millones de realidades. Y até a Lacan y a la psicología con algo que dijo ayer el ex presidente Eduardo Duhalde, que viene a cuento del lado fantasmático de la realidad.

Duhalde dijo que, en marzo de 2003, cuando estaba por terminar su presidencia transitoria, tuvo alucinaciones recurrentes. Veía un río en el fondo de la Quinta de Olivos y Chiche, su esposa, tuvo que llevarlo de la mano a comprobar que no pasa río alguno por ahí. Llamó al médico Chiche, claro, y Duhalde además se puso en manos de unos adventistas especializados en el tratamiento del estrés y las adicciones (aunque este último no parece haber sido el caso). 

Duhalde contó esa anécdota psiquiátrica para reforzar algo que viene repitiendo seguido: que el poder hace mal. Que también Fernando De la Rúa estaba extraviado al final de su breve mandato. Que Alberto Fernández no está durmiendo bien…

No son tranquilizadoras las revelaciones duhaldistas. Sobre todo, en el contexto de esta campaña de candidatos desencajados, que a veces parecen haber sufrido la mutilación del lóbulo frontal. Miren, por ejemplo, el desempeño frenético de Javier Milei, revelación de esta campaña, con su estilo de predicador tecno-místico-puteador. O a Victoria Tolosa Paz, que le hace la carta astral a la Patria y nos explica el sentido profundamente ideológico del buen garchar.

Podríamos concluir en que nada nuevo bajo el sol, ya que, al fin y al cabo, este es el país donde Lilita Carrió habla con la Virgen o Jaime Durán Barba cuenta las sesiones que organizó para combatir el Síndrome de Hubris en Mauricio Macri, que por las dudas ya tenía su propia facilitadora budista e hizo limpiar Olivos de malas vibras. No olvidemos los abruptos altibajos anímicos de Cristina Kirchner, que presenció y comentó en su momento el actual Presidente de la Nación, que aparte de tener afectado el sueño –Duhalde dixit- compone canciones y entrena a sus collies para tirar un cable a tierra. Tampoco pasemos al olvido a las brujas de Carlos Menem, ni las atribuciones esotéricas de José López Rega junto al mismísimo Juan Perón y su heredera, Isabel. Ni el afecto por el whisky del general Leopoldo Fortunato Galtieri…

Nuestra historia está repleta de estas cosas. Quiero decir: de la escena fantasmática lacaniana cercando a nuestros líderes. Julio Argentino Roca lo tenía siempre a mano al sanador Pancho Sierra, cuya discípula, la llamada Madre María, más tarde atendería al “Peludo” Hipólito Yrigoyen. Hasta el socialista Alfredo Palacios se dejó seducir por los espiritistas. Y no sigo porque no me voy más.

Otro psicólogo europeo, el italiano Luigi Zoja, sostiene que “la paranoia es la locura que hizo la Historia”. Y dedicó un libro monumental a inventariar los rasgos y conductas paranoicos de grandes líderes del Siglo XX. La idea del “complot destituyente” de Cristina o la del “Club del helicóptero” agitada por los macristas entre 2015 y 2019 son de corte paranoide, como lo es la obsesión por controlar los servicios de inteligencia para evitar sobresaltos internos espiando al prójimo. La grieta es, en sí misma, un planteo enfermizo, intranquilizador, una especie de trastorno de ansiedad sociopolítica en espejo. La camiseta que se hizo el candidato opositor Martín Tetaz con la frase “Sí, pero Macri” estampada en el pecho, podía haber sido tranquilamente primeriada por algún kirchnerista con la frase “Sí, pero los K”…

Volviendo a Eduardo Duhalde, me pregunto en qué estado se encontraría cuando dijo que el que depositó dólares recibiría dólares o que estamos condenados al éxito y ese tipo de máximas que signaron su presidencia, que, así y todo, pasó a la historia como “salvadora”. Y qué estaría viendo en el fondo de Olivos cuando, harto de no poder ser él y de que todos le dieran la espalda, eligió a Néstor Kirchner como su sucesor constitucional. Me viene a la mente otro difunto, Carlos Reutemann, que fue uno de aquellos que le dijo que no a Duhalde, porque vio “cosas del futuro” que no le gustaron…

De un tiempo a esta parte, Duhalde se convirtió en una especie de exorcista del poder. Un Carrió con experiencia terrenal, ponele… No sé si estaremos condenados al éxito, pero las brujas…, que las hay, las hay.

por Edi Zunino Galería de imágenes