Historia en París: la primera coronación de Rafael Nadal en Roland Garros, el finalista sorpresa y la sombra del doping en el tenis argentino

El joven Nadal, copa en mano; Puerta, el inesperado finalista Crédito: Twitter Hace quince años, París iluminó el fin de un breve dominio argentino y el nacimiento de un imperio . Para el tenis, todo fue distinto a partir del 5 de junio de 2005: el día que Rafael Nadal conquistó Roland Garros por primera…


El joven Nadal, copa en mano; Puerta, el inesperado finalista Crédito: Twitter

Hace quince años, París iluminó el fin de

un breve dominio argentino y el nacimiento de un imperio

. Para el tenis, todo fue distinto a partir del 5 de junio de 2005: el día que Rafael Nadal conquistó Roland Garros por primera vez, con una victoria sobre Mariano Puerta, luego protagonista de una polémica infinita. Con 19 años recién cumplidos -dos días antes de la final-, el zurdo de Manacor logró una de esas hazañas con pocos antecedentes: ganar el abierto francés en su primera participación. Alzar la Copa de los Mosqueteros se convertiría luego en una costumbre para Nadal, hasta convertir Roland Garros en su torneo fetiche: con 12 títulos en el Bois de Boulogne, jamás en la era moderna un jugador dominó tanto un Grand Slam, con un récord cercano a la perfección: 93 triunfos y apenas 2 derrotas sobre el manto rojo parisino.

Ese episodio inicial de Nadal en el abierto francés era, por entonces, el punto más elevado de una temporada a todo vapor en canchas lentas. Rafa llegó a París para sentenciar la ilusión argentina, doce meses después de la histórica final que Gastón Gaudio le ganó a Guillermo Coria. El mallorquín, vale recordarlo, no disputó aquel Roland Garros 2004, por una lesión en el escafoides del pie izquierdo. Pero al Open 2005 llegaba con paso arrollador, tras ganar los torneos de Costa do Sauípe, Acapulco y la trilogía Montecarlo-Barcelona-Roma, incluida la épica batalla de 5h14m contra el Mago Coria en el Foro Itálico. En la ruta hacia la definición en París venció sucesivamente a Lars Burgsmüller, Xavier Malisse, Richard Gasquet, Sebastien Grosjean, David Ferrer y Roger Federer; sólo el suizo y Grosjean le habían conseguido arrebatar un set.


El esfuerzo de Puerta en un tramo decisivo de la final; el zurdo argentino dejó todo, pero no le alcanzó ante el manacorí Fuente: AP

Del otro lado, Puerta asomaba como una de esas sorpresas que cada tanto acaparan la atención en los Grand Slams. El zurdo nacido en San Francisco había empezado 2005 jugando challengers, en el puesto 133°. Pero dio un buen salto al llegar a la final de Buenos Aires, que perdió con Gastón Gaudio, y también en Acapulco -por entonces se jugaba sobre polvo-, donde cayó en la semifinal precisamente ante Nadal por 6-4 y 6-1. Conquistó el ATP de Casablanca al vencer en una final argentina a Juan Mónaco, y así entró en Roland Garros como el 37° del mundo, lejos del radar de los candidatos. Dio un buen golpe en el estreno al superar a Ivan Ljubicic, y luego se impuso a Kristof Vliegen, Stan Wawrinka, José Acasuso, Guillermo Cañas y a Nikolay Davydenko; a los dos últimos, en cinco parciales y después de estar en desventaja de dos sets a uno.

Mientras Nadal era un

chavalito

de pelo largo, bandana y pantalones pescadores, para Puerta la final era una enorme oportunidad. El cordobés tenía 26 años y venía de cumplir una suspensión de nueve meses por positivo de clembuterol, incluido en un broncodilatador para el asma que aseguró haber tomado, pero prohibido por la Agencia Mundial Antidopaje (WADA) por su capacidad para reducir el contenido graso y aumentar la masa muscular. También había sufrido un accidente al saltar de un ascensor en una torre de Belgrano, segundos antes de que el elevador se desplomara en caída libre.


Rafael Nadal y Mariano Puerta, los finalistas de aquel Roland Garros 2005, el día previo a la gran definición Fuente: AP

“Pase lo que pase, me iré feliz de acá. Todo lo que viví fue positivo. Yo sé que Nadal es el favorito. Yo soy David y él es Goliat. Entiendo que soy una sorpresa, pero para él no será lo mismo jugar conmigo que con Coria. La presión es toda suya”, contaba antes de la final Puerta, que diez años antes, en 1995, había perdido otra final en París, la del torneo junior, contra Mariano Zabaleta. En el Open francés contaba con la ayuda del entrenador Andrés Schneiter y el preparador físico Darío Lecman.

Puerta insinuó un nuevo impacto al capturar el primer set, pero también comenzaban a pesar las 15 horas de juego que había empleado para llegar a la definición; tendría su última oportunidad con tres set-points en el cuarto set que no pudo aprovechar. Más joven, con energía de sobra, Nadal dio vuelta el partido con aplomo de veterano, se impuso por 6-7 (6-8), 6-3, 6-1 y 7-5, y recibió la Copa de los Mosqueteros de manos de Zinedine Zidane, sin saber que el francés luego le daría muchas alegrías como DT de Real Madrid, su equipo preferido.


Nadal y una imagen que se haría costumbre con los años; la sonrisa de Puerta Fuente: AP

Lejos del grupo que lo acompañó en París había quedado su padre, Rubén, y Mauro, su hermano menor, que siguieron la final desde Buenos Aires. Rubén Puerta vivió aquella final con La Nacion, y antes de la definición aventuró: “Nadal va a ganar muchas veces en Roland Garros, sólo espero que esta no sea la primera. Me hubiera gustado estar con él allá, pero las cosas, un poco por cábala, se dieron así. Igual, tengo una muy linda relación con él”, destacó luego Rubén.

El título en Roland Garros le permitió a Nadal subir al número 3 del mundo y empezar una cacería: durante tres años acechó a Federer, hasta subirse recién en agosto de 2008 a lo más alto del ranking. Puerta saltó 26 posiciones, del 37° al 11°, y hasta terminaría metiéndose en el Masters de fin de año -el que ganó David Nalbandian en Shanghai- por las sucesivas bajas de los Top 10. Para entonces, el diario francés L’Equipe ya había lanzado una primicia bomba: Puerta, el finalista, había dado positivo en el control antidoping. Otro dolor de cabeza para el tenis argentino que venía de ocupar varias portadas por situaciones similares.

Semanas después, llegó la confirmación y la sanción de la Federación Internacional (ITF): como reincidente, Puerta sufrió una sanción de ocho años que equivalía al final de su carrera. En su alegato, el argentino sostuvo que, antes de la final, había bebido agua del vaso de su mujer, que contenía una medicación para los dolores menstruales y que contenía etilefrina, la sustancia prohibida. Asesorado por Eduardo Moliné O’Connor, ex integrante de la Corte Suprema de Justicia y miembro de la ITF durante varios años, Puerta consiguió a través del Tribunal Arbitral del Deporte una reducción a dos años.

Reapareció a mediados de 2007 en el circuito de Challengers, pero esta vez no hubo regreso soñado, y su etapa como jugador se apagó paulatinamente, hasta el final en un torneo en Lima, en noviembre de 2009. Pocas semanas después solicitó ante la Justicia su propia quiebra, en la secretaría 27 del Juzgado 14 de la Ciudad de Buenos Aires. Además de la sanción deportiva, había sido condenado a devolver unos 887.000 dólares, cifra ganada en premios durante el lapso entre el caso positivo y la fecha de la sanción.


El primer beso: Nadal y la preciada Copa de los Mosqueteros Fuente: AP

Tiempo después, Nadal recordó: “A mí no me generó nada enterarme del doping, porque tenía el trofeo en casa. Pero a todos los que les quitó la posibilidad de competir por el título, entiendo que les habrá generado rabia. Creo que ese es el sentimiento que provocó en todos los adversarios que fue dejando por el camino. En mi caso, si no tuviera el trofeo por haber perdido con alguien que hizo trampa, la sensación hubiera sido totalmente distinta. Pero bueno, el partido en sí fue especial, fue el triunfo en mi primer Grand Slam. Todo lo otro fue posterior, no tuvo ningún impacto en el partido para mis sensaciones”. Tras el retiro, Puerta jugó algunas exhibiciones y se alejó del ambiente de las raquetas. Rafa convirtió el estadio Philippe Chatrier en el patio de su casa; desde aquel debut, sólo perdió en Roland Garros con Robin Soderling (2009) y Novak Djokovic (2015). Quince años después de aquel bautismo en el Bois de Boulogne, el zurdo de Manacor se mantiene vigente, considerado como uno de los mejores jugadores de la historia del tenis, y el más brillante de todos los tiempos, sin discusión, sobre la terre battue (tierra batida) de Roland Garros.

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