Coronavirus en la Argentina: convencido de la cuarentena, Axel Kicillof cambia a una estrategia de apertura “quirúrgica”

En el interior provincial podrían habilitarse hasta bares y restaurantes, pero el foco en el conurbano estará puesto en fomentar las actividades industriales y estudiar el resto Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Hafford Axel Kicillof les preguntó a sus colaboradores más estrechos si había hablado de más en el último anuncio de la cuarentena,…


En el interior provincial podrían habilitarse hasta bares y restaurantes, pero el foco en el conurbano estará puesto en fomentar las actividades industriales y estudiar el resto Fuente: LA NACION – Crédito: Santiago Hafford

Axel Kicillof

les preguntó a sus colaboradores más estrechos si había hablado de más en el último anuncio de la

cuarentena,

hace 15 días, cuando su discurso se distinguió por lo extenso y volcánico. Después, elevó la misma consulta a algunos referentes de peso en el kirchnerismo. Todos lo avalaron, según afirman en el entorno del gobernador.

“Sacó 51 puntos, ¿cómo no les va a hablar a los propios?”, reflexionó un asesor de la provincia. Respaldado por su tropa en su estilo, Kicillof, sin embargo, pasó a un modo más componedor con

Horacio Rodríguez Larreta

y cambió la estrategia en la gestión de la

pandemia:

si hace dos semanas era de la idea de sostener el cierre de actividades, ahora irá por una intervención “quirúrgica” en el territorio, según dicen en su equipo. Hará un

esquema de etapas,

donde cada municipio será autorizado según el

nivel de contagios.

En La Plata justifican esa mutación sobre la base de la curva de casos. “A mediados de mayo nos ocurrió que en una semana saltamos de 70 a 300 casos. Ahora hay crecimiento, pero está más estabilizado y nos podemos permitir quirúrgicamente algunas aperturas”, argumentan.

Además de los números, cerca de Kicillof también están convencidos de que el humor social todavía los acompaña en la gesta “procuarentena”. Un estrecho colaborador del gobernador afirmó: “La gente está cansada del confinamiento, pero también entiende que la realidad de la pandemia le pasa cerca. Los bonaerenses siguen más preocupados por la salud que por la economía”.

“También vamos aprendiendo. Focalizar dónde está el problema es lo que nos permite jugar un poco más”, reconoció.

Con bisturí en mano, lo que analizan en la gobernación es que, con una fuerte vigilancia epidemiológica, las ciudades del interior puedan habilitar algunas actividades recreativas y deportivas, comercios y hasta bares y restaurantes, siempre que sea con protocolos estrictos. En el conurbano, en cambio, buscarán reforzar el control en el transporte interjurisdiccional y poner el énfasis en las actividades industriales, sobre todo aquellas que puedan implicar ingreso de divisas al país. Los comercios de cercanía se evaluarán caso por caso.

“Kicillof tiene pedidos de intendentes de hace 25 días que mantuvo pisados. Hasta que no vea la habilitación no lo creo”, dijo a

LA NACION

un intendente opositor. Otro intendente de la tercera sección, en cambio, notó un atisbo de cambio cuando recibió ayer un permiso provincial para habilitar el

take away.

Habilitando a cuentagotas, en la gobernación esperan aplacar los ánimos de los intendentes del conurbano. Los jefes comunales incrementaron la presión sobre el gobernador para habilitar comercios y, sobre todo, para tener más autonomía de decisión.

“Esperemos que se respete el rol del intendente, porque nosotros fuimos elegidos y conocemos nuestro pueblo”, expresó el intendente de Vicente López, Jorge Macri.

En La Plata hay especial enojo con el intendente de Olavarría, Ezequiel Galli, que anteayer lanzó una encuesta en Twitter con la pregunta “¿Tiene sentido seguir estirando el aislamiento? ¿Cuál es el plan para atacar el pico de la curva?”. Pese al sentido de las preguntas, en la encuesta ganó la opción “sigamos aislados”, por el 57%. Luego se detectaron cuatro casos en el distrito, que quedó obligado a reforzar controles.

A Kicillof se le abrió un frente con los intendentes justo cuando daba por superada la tensión con Larreta. Su visita del martes a la sede del gobierno porteño surgió sin mucha premeditación, como continuidad de una conversación que venían intercambiando por celular. Pero la postal fue ideal para dar una señal de descompresión.

Quedó en claro que hay diferencias de criterio para gestionar la pandemia, pero se refrendó trabajo coordinado. Anoche, Kicillof no pudo evitar su impronta. Pero moderó su embestida contra a la oposición.

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