El boom de la comedia musical

Primero, la confesión de parte: no soy muy fan de los musicales. Por algún motivo que no alcanzo a desentrañar, a mi cabeza le cuesta entender el modo en que se relacionan cantando los personajes de una comedia musical, cómo se cuentan los problemas o cómo se transmiten las alegrías con canciones y bailes para…

El boom de la comedia musical

Primero, la confesión de parte: no soy muy fan de los musicales. Por algún motivo que no alcanzo a desentrañar, a mi cabeza le cuesta entender el modo en que se relacionan cantando los personajes de una comedia musical, cómo se cuentan los problemas o cómo se transmiten las alegrías con canciones y bailes para después parar y seguir con sus parlamentos en forma normal. En algunos casos, la estructura me resulta forzada y prefiero las cosas más en sus formas más “puras”: un concierto, una obra de texto, un ballet. Pero eso habla más de mi rigidez que del género en sí.

Sin embargo, también sé reconocerlo como una forma más del arte y algunos musicales de los tantísimos que vi me emocionaron mucho (Chicago, El Fantasma de la Ópera), otros me dejaron sensaciones agridulces y me hicieron reflexionar sobre las relaciones familiares (Casi normales) y muchísimos me divirtieron y me hicieron pasar un rato muy agradable (Sugar, Grease, The Rocky Horror Show, etc.).

También sé un par de cosas que creo fundamentales sobre el teatro musical. Sus artistas (los buenos) son muy completos: deben saber actuar, cantar y bailar y en muchos casos hacer todo eso al mismo tiempo. Y la industria del musical -además y no menos importante- le da trabajo a un montón de gente. Son por lo general elencos numerosos, que suelen tener músicos en vivo, a los que se le suman lo habitual del teatro: directores, iluminadores, maquilladores, equipo de producción, de montaje, autores, adaptadores y siguen las firmas.

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Por estos motivos, es destacable la gran cantidad de musicales (algunos en forma de comedia, otros como drama) que ya se estrenaron y se estrenarán en 2019 en la ciudad de Buenos Aires. Estamos hablando de trece a lo largo de todo el año (el 26 de febrero, Sandra Commisso, periodista de esta sección, publicó una completísima nota al respecto), con todo lo que eso implica en términos de producción y de riesgo. Algunos son clásicos (como A Chorus Line, que puede verse en el Maipo, o Hair, que se estrenará en mayo en el Konex), otros son reposiciones de “culto”, como Forever Young, otros son estrenos como Camarera -que pone el foco en la violencia de género y debutará el 16 en el Metropolitan con un equipo creativo totalmente femenino- o La dama de las rosas, de Pepe Cibrián (estandarte del musical en la Argentina, desde su iniciático Drácula), que ya se ve en el Cultural San Martín.

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Pepe Cibrián, caracterizado como Agatha para su obra “La dama de las rosas”. Foto: Fernando de la Orden

Me permito nombrar otro estreno, por expectativas y elección temática. Es Una vez en la vida, basado en Once, un filme independiente que tuvo una canción, Falling Slowly, que se convirtió en hit y ganó un Oscar. Una historia entre un músico callejero siempre a punto de abandonar la música y una inmigrante checa y pianista sin piano, que tendrá además de sus protagonistas (Eliseo Barrionuevo y Paula Reca) otros 13 músicos sobre el escenario, como parte de la trama.

Florencia Peña y Mike Amigorena, los protagonistas de la nueva puesta de “Cabaret” en el Liceo. Foto: Prensa

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Algunas comedias musicales apuestan a figuras populares como una manera de “asegurarse” la taquilla (las comillas son porque en tiempos de crisis, el teatro se considera un gasto superfluo y nadie está seguro de nada), como el mencionado Sugar, que pasó de Susana Giménez a Laurita Fernández en el rol principal; o el recientemente estrenado Cabaret, con dos figuras como Florencia Peña y Mike Amigorena.

Sólo para dar una idea de la apuesta al género en la Argentina, la sala donde se da Cabaret -el Liceo- sólo albergará musicales. Y en este caso específico, se levantaron las butacas para poner mesas y armar la escenografía precisa, que recrea un cabaret de la Alemania de los años ’30.

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Es evidente también que hay un público ávido de este tipo de propuesta.

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Y este auge tiene un correlato que no está aún del todo visible: la cantidad de escuelas e institutos donde se cursa Comedia musical. Los estudiantes se cuentan de a cientos, suelen armar sus propios elencos y sus propias puestas (es habitual que alquilen un teatro para dar sus versiones un lunes, por ejemplo). Y muchos de esos chicos se las ingenian para viajar a perfeccionarse en academias de los Estados Unidos.

Por lo que se puede concluir que este boom argentino de las comedias musicales es probable que se convierta en moneda corriente en los próximos años.

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