“Canción sobre canción”, de Liliana Herrero: Pequeños dramas entonados

El flamante álbum de Liliana Herrero, Canción sobre canción, es en cierto modo una vuelta a los orígenes, pero en forma invertida. En los primeros discos de Herrero, Fito Páez proporcionaba una base instrumental más bien pop y, con eso, una muy lograda interpretación “fuera de estilo” del folclore; ahora Páez sólo está presente como…

“Canción sobre canción”, de Liliana Herrero: Pequeños dramas entonados

El flamante álbum de Liliana Herrero, Canción sobre canción, es en cierto modo una vuelta a los orígenes, pero en forma invertida. En los primeros discos de Herrero, Fito Páez proporcionaba una base instrumental más bien pop y, con eso, una muy lograda interpretación “fuera de estilo” del folclore; ahora Páez sólo está presente como autor, y es la interpretación de sus canciones lo que parece estar “fuera de estilo”, tanto desde el punto de vista instrumental como vocal.

El grupo instrumental está formado por Ariel Naón en bajo y contrabajo, Mariano Agustoni en piano y teclado, Mariano Cantero en batería y percusión; Martín Pantyrer en clarinete bajo y saxo soprano, Pedro Rossi en guitarra y Federico Siksnys en bandoneón. La voz del uruguayo Fernando Cabrera aparece con un irresistible tono de predicador en las dos últimas estrofas de Mariposa tecknicolor.

En “Canción sobre canción”, Liliana herrero transforma 11 canciones de Fito Páez en breves dramas cantados.

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El disco comprende once composiciones de Fito Páez. La lista abre con Giros y cierra con DGL, pasando por algunas pequeñas obras maestras como Ámbar violeta, una de las creaciones más perfectas de todo el rock o pop local, con su forma de marcha, su perfecta orquestación, su engañosa simplicidad, su extraordinario efecto armónico.

Poco de esto sobrevive en la versión de Herrero “sobre una idea de Ariel Naón” (casi todas las canciones están realizadas sobre una idea del contrabajista Naón o del guitarrista Pedro Rossi, lo que comúnmente se conoce como “arreglos”), con acompañamiento de contrabajo y bandoneón. La marcha se ha descaracterizado y la engañosa simplicidad ha desaparecido; en su lugar aparece una interpretación vocal saturada de pathos, dramatismo y una variada gama de inflexiones, humores y vibratos. Parece el punto culminante de un camino que esta personal intérprete parece haber tomado últimamente, no sin coherencia y convicción por otro lado.

Herrero transforma las canciones en pequeños dramas entonados, al punto de que no repite estrofas e incluso en algunos casos suprime algunas, además de ejercer un principio crítico perfectamente razonable, como cuando en Tres agujas cambia el disruptivo verso “Tu mamá se fue a Marruecos sin alhajas” por “Mi canción es un antídoto liviano”, línea que originalmente aparece en otra estrofa de la pieza. Los dramas intensos no admiten repeticiones. Por lo general empiezan y terminan, como un relato.

No todo transcurre en un extremo. Por momentos el pathos se modera y las canciones adquieren una respiración más natural, como ocurre en Déjalas partir, Instan-táneas y Abre. El bonus track tiene un fuerte condimento político: la voz grabada de Milagro Sala al final de DLG, la apocalíptica canción que Fito Páez escribió en forma de baguala.

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