A 50 años de la vuelta olímpica de Boca en el Monumental: el Muñeco Madurga y dos goles que pasaron a la historia

En estos días, el apodo Muñeco remite inexorablemente a la figura de Marcelo Gallardo. Sin embargo, allá lejos y hace tiempo, en la década del 60, cuando aún no había nacido el actual director técnico de River, Norberto Madurga ya era dueño de ese mote. Oriundo de Liniers, en donde aprendió “la cultura del potrero…

A 50 años de la vuelta olímpica de Boca en el Monumental: el Muñeco Madurga y dos goles que pasaron a la historia

En estos días, el apodo Muñeco remite inexorablemente a la figura de Marcelo Gallardo. Sin embargo, allá lejos y hace tiempo, en la década del 60, cuando aún no había nacido el actual director técnico de River, Norberto Madurga ya era dueño de ese mote.

Oriundo de Liniers, en donde aprendió “la cultura del potrero jugando en la calle”, este otro Muñeco también dejó una huella imborrable en el fútbol argentino, aunque con la camiseta azul y oro. No obstante, el club de Núñez estuvo presente en algunos de los momentos más significativos de su vida.

De chico, se probó en el Millonario y se llevó una gran decepción. Años más tarde, debutó con la casaca de Boca ​en un Superclásico y convirtió un gol a los cuatro minutos. Y el 14 de diciembre de 1969, hace 50 años, fue el protagonista estelar de la primera y única vuelta olímpica que el Xeneize dio en el Monumental.

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Con 74 años, Madurga acumula un sinfín de memorias y experiencias. En una charla con Clarín, abre su “baúl de los recuerdos” y comienza a relatar su historia. Con paciencia, pero sin pausa. Cuenta que estuvo a punto de dejar el fútbol cuando era pibe; rememora que los hinchas de River lo aplaudieron mientras daba la vuelta olímpica; asegura que palpitó sus dos goles más importantes en un sueño; y afirma que no le interesa que lo reconozcan por ser un buen futbolista, sino por ser una gran persona, “porque eso es lo que queda”. Y mucho más.

—¿Cómo fue que te probaste en River?

—Tenía 13 años en ese momento. Uno de mis hermanos trabajaba en el ex Banco Nacional de Desarrollo (Banade) con el hermano del vicepresidente de River, entonces me consiguió una prueba. Cuando llegué al vestuario, el director técnico me miró y me dijo: “¿Con ese físico te venís a probar?”. Toda mi vida fui chiquito. Después jugué diez minutos y anduve bien, pero ni me miraron. Me dolió mucho ese comentario. 

—¿Quién fue ese entrenador?

—No lo quiero decir. Lo que sí puedo contar es que cinco años más tarde me lo volví a cruzar. Estaba en la Selección Argentina juvenil y da la casualidad de que este señor fue en reemplazo de Ernesto Duchini, que no había podido viajar. En el micro se sentó al lado mío y me dijo: “La guita que vas a afanar vos con el fútbol”. Antes había otra educación, por eso nunca le respondí. Pero me hubiera gustado decirle: “Si fuera por usted, yo estaría cargando bolsas”. Me quedé con eso guardado toda la vida.

— ¿Cómo fue tu camino hasta Primera División?

— A los 16 años fiché para Racing. Antes de que comenzara el campeonato cambió el técnico y durante más de un mes no me tuvieron en cuenta, entonces decidí no ir más. Había perdido las esperanzas de llegar a Primera. Un año después, (Bernardo) Nano Gandulla me vio jugar en la Iglesia de San Cayetano, cerca de mi casa, y en el entretiempo del partido me prometió un montón de cosas. Ya no confiaba en nadie del mundo del fútbol, pero al final accedí. Fue lo mejor que pude haber hecho. Se lo debo todo a Nano (ex futbolista y captador de talentos). Me llevó a Atlanta y a la semana debuté en Primera, en un octagonal. 

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Norberto Madurga, a solas con Clarín. (Foto: Andres D’Elia)

—¿Y tu llegada a Boca? 

—Dos años después de estar en Atlanta me compró Boca. Cuando llegué me encontré con muchísimos futbolistas que juntaba en las figuritas. Referentes como Ernesto Grillo, Antonio Rattín, Silvio Marzolini, Ángel Rojas, Federico Sacchi y César Menotti. Les tenía tanto respeto que los trataba de usted, hasta que me dieron el permiso para tutearlos. Lo primero que pensé fue: “¿Qué hago acá? Si con todos estos monstruos no voy a jugar nunca”.

—¿Recordás tu debut?

—No me lo olvido más. Fue contra River, por la fase de grupos de la Copa Libertadores 1966 (14 de abril). A los cuatro minutos se la piqué a Amadeo Carrizo y salí corriendo a gritar el gol antes de que la pelota entrara. No sabía ni para donde ir. Sigue siendo el gol más rápido en un Superclásico por Copa Libertadores.

—¿Qué te acordás del Nacional 1969 y del partido con River en especial?

—Argentina se había quedado afuera del Mundial de México 1970 y la gente estaba desilusionada, casi no iba a la cancha. Pero empezó a volver a los estadios para ver a ese Boca, que jugaba un fútbol muy lindo. Tanto fue así que, después del empate por 2-2, los hinchas de River nos aplaudían mientras dábamos la vuelta olímpica en su propia cancha. Era otra época. Si hasta un compañero nuestro, Ignacio Peña, llevaba puesta la camiseta de River porque la había intercambiado apenas terminó el partido. De todas maneras, yo no pude dar ni media vuelta, porque abrieron los grifos y encima la gente entró a la cancha. Pero otros como Marzolini dieron como dos vueltas completas. 

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—En ese partido jugaste de volante central, ¿cómo fue que convertiste dos goles?

—Empecé a jugar de cinco cuando Rattín se lesiona, pero antes jugaba de ‘8’ o de ’10’. Yo era todo lo contrario al típico cinco aguerrido, caudillo y grandote. Con ese físico no podía ser caudillo de nada. A mi me gustaba tocar la pelota rápido e ir al ataque. Eso me favoreció porque Alfredo Di Stéfano (DT del equipo) quería que el mediocampo fuera de tránsito veloz. Ese campeonato fui el máximo goleador de Boca, con nueve tantos.

—¿Hay alguna anécdota especial de ese partido?

—El día anterior al enfrentamiento con River, estaba durmiendo con Ramón Mané Ponce, un gran jugador y amigo que falleció hace poco (7 de julio de 2019). Él me contó que mientras dormía, a eso de las cuatro de la mañana, me levanté gritando como si hubiera convertido un gol. Después se reía y me decía que le había anticipado mis goles.

—Dijiste que ese plantel estaba repleto de referentes, ¿creés que eso le faltó a Boca durante estos últimos años en que perdió con River?

—Sin duda ese es uno de los factores principales. Conocer bien el Mundo Boca es fundamental. El problema es que ahora los jugadores duran muy poco, no se forman líderes. También hay muchos extranjeros, que quizá no tienen conciencia de lo que es jugar en Boca. Además, muy pocos chicos suben desde las inferiores, porque las compras millonarias de futbolistas de jerarquía les quitan posibilidades.

Norberto Madurga festeja uno de sus dos goles ante River, el día que Boca se coronó campeón del Nacional 69 en el Monumental.

A finales de 1971, Madurga fue transferido a Palmeiras por una cifra récord para Boca. Durante sus dos años en Brasil, enfrentó varias veces a Pelé. “Fue el mejor de todos, el más completo”, aseguró. Aunque “pagaban bien”, no se pudo acostumbrar y retornó a la Argentina. Estuvo un año y medio sin jugar, hasta que fue a Banfield​.

Después de ponerle un punto final a su carrera, comenzó a trabajar como vendedor en una conocida marca deportiva. “Antes no era como ahora, que te retirás y estás hecho. Estuve más de dos décadas en la empresa de las tres tiras”. Hace casi diez años, comenzó una nueva etapa en su vida: es “caza-talentos” en Boca.

—Ahora trabajás en el área de captación, ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

— Estar con los chicos, porque ellos me hacen acordar a las ilusiones que yo tenía a su edad. Aunque es un poco diferente, porque hoy no hay tanto amor por la pelota. En vez de soñar con jugar en Primera, quieren irse a Europa. Creen que el fútbol es el dinero que van a ganar el día de mañana. El mundo materialista en el que vivimos causa eso.

—¿Influyó en tu forma de trabajar que de chico te hayan menospreciado por tu físico?

—Completamente. De eso aprendí que a un pibe no hay que desilusionarlo cuando se va a probar. Nunca hay que decirle que es gordo, flaco o que tiene algún defecto. Se le tiene que dar la posibilidad de que siga con la ilusión latente para que se pruebe en otro club. Por eso, cuando alguien no queda le damos una excusa humana, sencilla, como que no hay lugar en el equipo o que la posición en la que juega ya está cubierta.

—Más allá de la cuestión futbolística, ¿qué mensaje buscás dejar en los chicos?

—Antes y después de cada práctica hablo con todos los que se presentaron en las pruebas. Lo primero que les remarco es que lo principal es estudiar y ser buena persona. Tener el secundario completo es fundamental para afrontar la vida, se llegue o no a Primera. Nunca hay que dejar el estudio por el fútbol, porque de 300 chicos que empiezan quizá no llega ninguno.

—¿Tuviste algún caso como el tuyo, de un jugador que no quedó en Boca y después llegó a Primera?

—Un montón. A Franco Soldano lo llevé hace seis años a Boca, no quedó y ahora el club lo compró. También llevé a Cristian Pavón, pero Boca no quiso pagar un dinero y lo dejó ir; dos años después lo compró. Lautaro Martínez tampoco quedó, al igual que Javier Pastore.

—Cerrá la entrevista como quieras

—-La etapa de jugador de fútbol ya pasó en mi vida. Aunque es lindo recibir el cariño de la gente, no me interesa demasiado que me digan si jugué bien o mal a la pelota. Lo que sí me importa es que me reconozcan por ser una buena persona, porque eso es lo que queda.

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